Ley que define la muerte revoluciona las donaciones

JERUSALÉN (AFP) - Una ley adoptada esta semana por el Parlamento israelí, que pasa a definir la muerte como un cese de la actividad cerebral, revolucionará el campo de los trasplantes en Israel, país afectado por una falta crónica de donantes de órganos.

Dicha ley, presentada a propuesta de Otniel Schneller, diputado del partido centrista Kadima, fue adoptada la noche del lunes por 38 votos a 17.

Según el texto, la muerte se certificará de ahora en adelante cuando cesen las actividades cerebrales y no cuando deje de latir el corazón, tal como estipulaba hasta ahora la "Halajá", la tradición religiosa judía.

Esta definición de la muerte, nueva en el judaísmo, permitirá extraer órganos (pulmones, corazón, riñones, córnea, etc), imposibles de utilizar para trasplantes una vez cesan las actividades cardíacas y respiratorias.

Esta ley revolucionaria es fruto de unas negociaciones muy largas de Schneller, en particular, con el Gran Rabinato de Israel, las comisiones parlamentarias de Asuntos Sociales, Trabajo, Sanidad, y con representantes del cuerpo médico israelí.

Al final, el texto ha obtenido el respaldo simultáneo de los rabinos de la esfera de influencia del partido ortodoxo sefardí Shass y del Partido Nacional Religioso.

De ahora en adelante, el deceso se constatará con el cese total de actividades cerebrales, concretamente, tres encefalogramas planos realizados en diversos momentos, y corroborado por dos médicos, con el consentimiento de la familia.

Los dos médicos deben ser juramentados por un comité conjunto de tres médicos, tres rabinos, una autoridad moral y un jurista.

Supersticiones, prejuicios, creencias, cuestiones éticas y sobre todo las reticencias de los medios judíos ortodoxos han provocado hasta ahora una grave penuria de donantes.

La "Halajá" prevé la inhumación del cuerpo íntegro. Pero las diversas tendencias del judaísmo también afirman que la donación de órganos es un acto de fe porque permite salvar vidas, algo considerado un deber sagrado.

La organización Adi para las donaciones de órganos ha registrado 400.000 donantes potenciales para una población de 7,3 millones de habitantes, pero actualmente hay unos 800 pacientes en espera de trasplante. Sólo 280 pudieron realizarse en 2006 en Israel, según datos citados por el diario Haaretz.

El Estado hebreo pasa por un paria en el mundo de los trasplantes. En 1997, el banco internacional de órganos que funciona en Europa suspendió brevemente la participación de Israel porque recibía órganos, pero no daba ninguno.

Presionada por los solicitantes, se ha desarrollado una siniestra industria del "turismo del injerto", acompañada de un verdadero mercado negro en el bazar internacional de órganos y tejidos.

Los medios israelíes han hablado con frecuencia de "transacciones escandalosas" que se han realizado pasando por redes internacionales de órganos que operan sobre todo en India, Colombia, Brasil, China y Suráfrica.

Ante la falta de órganos en situaciones de urgencia, la seguridad social israelí a veces ha consentido tácitamente ese comercio mientras el Ministerio de Sanidad intentaba en vano poner un poco de orden.

La ley Schneller, que entrará en vigor el 1 de mayo, alienta además la donación de órganos de personas vivas a base de indemnizaciones y penaliza severamente el tráfico, que equipara a un crimen, tanto en Israel como en el extranjero.

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