Analizan dificultad para evitar alimentos chatarra

WASHINGTON (AP). Los alimentos secuestraron el cerebro del doctor David Kessler.

No fueron las manzanas ni las zanahorias. El científico que alguna vez encabezó el ataque del gobierno a la adicción a los cigarros no puede pasear por parte de San Francisco sin el deseo ardiente de comer bizcochos cubiertos de chocolate de un establecimiento local. ¿Detenerse tras ingerir una sola galleta? Rara vez.

No es una adicción, pero es similar a una, y está lejos de ser el único al que le pasa. La investigación de Kessler sugiere que millones de personas comparten lo que él llama "hiperalimentación condicionada", una obsesión que socava la fuerza de voluntad y lleva a comer alimentos con alto contenido de grasa y de azúcar incluso cuando no se tiene hambre.

En un libro que se publicará la próxima semana, el ex jefe de la Administración de Medicinas y Alimentos trae a los consumidores la perturbadora conclusión de numerosos estudios sobre el cerebro: algunas personas realmente tienen más dificultades para resistirse a la comida no saludable.

Se trata de una manera nueva de mirar la epidemia de obesidad, estrategia que podría ayudar a estimular movimientos nuevos para revelar las calorías en menús de restaurantes o controlar los tamaños de las porciones.

"El sector de los alimentos ha descifrado lo que funciona. Ellos saben lo que impulsa a la gente a seguir comiendo", dijo Kessler a la AP. "Es la siguiente gran campaña de salud pública: cambiar la forma en que vemos la comida, y la industria alimentaria tiene que ser parte de ella", afirmó.

Dijo que los culpables son los alimentos cargados con combinaciones de grasa, azúcar y sal, los cuales frecuentemente están tan procesados que uno ni siquiera tiene que masticar mucho.

Quienes comen en exceso también deben asumir su responsabilidad y básicamente reentrenar a su cerebro para que resista al señuelo, advirtió.

"Tengo trajes de todas las tallas", escribió Kessler en "The End of Overeating" (El fin de comer en exceso). Pero, "una vez que uno sabe qué es lo que está impulsando su comportamiento, uno puede dar los pasos necesarios" para cambiarlo, agrega.

El punto en cuestión es de qué manera el cerebro es cebado por diferentes estímulos. Algunos neurocientíficos reportan cada vez con mayor frecuencia que las combinaciones de grasa y azúcar en particular encienden la vía de transmisión de dopamina del cerebro _el punto de sensación de placer_, la misma senda que condiciona a la gente a ingerir alcohol y drogas.

Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes