Animales irritantes, dura prueba para sus dueños

EU ( AP). Angie Best-Boss cambió varias veces la bandeja donde Tiger hace sus cosas. Ensayó otros estilos, otras marcas. Pero nada funcionó. Algo pasa con Tiger.

" Detesto a mi gato", declaró Best-Boss, una escritora freelance de New Palestine, Indiana. " Me quedo corta. ¡Lo odio! Gato estúpido que orina en cualquier lado. En la ropa. ¡Sólo en la ropa limpia! En la cama. Probé todo tipo de aerosoles y de medicinas. Para nada. Le encanta orinarse".

Perros que destrozan las patas de las mesas. Gatos que aterrizan en la mesa durante la cena. Cacatúas perversas, que lo muerden a uno. A veces la gente le da a su animal doméstico lo que no tiene, y resulta que el animal es un incordio.

Sin embargo, es muy duro desprenderse del animal. La gente prefiere pagar fortunas a veterinarios por tratamientos que no funcionan. Soportan alaridos de los perros en medio de la noche o los vómitos de gatos que se tragaron el pelo que sueltan.

Algunos cruzan los dedos para que los animales se vayan por su propia cuenta.

Cherie Miller sufre cuando debe darle de comer a su gata Kitty, de 16 años. El animal no come a menos que alguien le revuelva la botella donde está la comida.

" Cuando araña la puerta a las tres de la mañana para que le revolvamos la comida, uno empieza a imaginar formas de sacárselo de encima. Me encantan los animales, pero... seamos serios", expresó Miller, quien vive en un suburbio de Atlanta y creó un blog sobre mascotas insoportables.

¿Cómo hace un ser humano para lidiar con un animal que lo saca de las casillas? Desahogarse ayuda, según expertos. Pero el tema puede ser complejo.

"Sabemos que hay parejas que se pelean mucho. Lo hacen porque de algún modo eso les ayuda. Algunas personas tienen ese tipo de relación con sus animales", expresó la psicóloga Stephanie LaFarge, especialista en la relación entre animales y humanos de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales (American Society for the Prevention of Cruelty to Animals, o SPCA).

" Alguna gente disfruta con la idea de que quiere tanto a su mascota que está dispuesta a soportar cualquier cosa", manifestó. " Eso demuestra lo mucho que quiere al animal e indica que es una buena persona. Es parte de su identidad".

Con frecuencia la gente recibe animales de refugios, que han tenido experiencias traumáticas y desarrollado ciertos hábitos. Otros aparecen de la nada. Y se quedan para siempre, como la cacatúa Jellybean.

Jellybean se apareció un día en la casa de la familia de Jennifer Guild cuando ella era niña. Guild creció y, cuando se fue de su casa, se llevó al animal, a pesar de que era alérgica a los pájaros.

" Jellybean siempre fue bastante perverso. Si tratas de sacarla de la jaula, te picotea. Mi esposo nunca la quiso", dijo Guild.

La cacatúa pasa el tiempo encerrada en un cuarto trasero. " Trata de dormir un sábado por la mañana con el pájaro pegando alaridos en el cuarto de al lado", comentó Guild.

Algunas estadísticas dicen que un porcentaje mínimo de animales adoptados es devuelto, más que nada por alergias y problemas para acomodarlo. Mucha gente se queda con animales problemáticos por temor a ser mal vistos si los devuelven.

"Es imposible predecir el comportamiento de un animal en una casa", expresó Gail Buchwald, vicepresidenta a SPCA. " Son como niños. Quienes los adoptan tienen que aprender a manejarlos, educarlos... Y a veces adquieren personalidades que no son las que uno hubiese querido".

Elizabeth Castro, de Chicago, dice que su vida con el gato Phil no es fácil. Se le mete entre las sábanas y no quiere saber nada de su hija.

" Finjo que es Morty, un hermano mellizo que no tiene problemas con su pelo", manifestó. " Mi hija, de tres años, quiere jugar con él y él la detesta. Se irrita y sale corriendo".

LaFarge recomienda respirar hondo y tomar en cuenta que " a veces el animal hace algo que a nosotros no nos gusta y nos molesta, cuando en realidad está comportándose como un animal, satisfaciendo sus necesidades".

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