Brasil redujo en un 16 % la deforestación de la Amazonía en el último año

La Amazonía brasileña perdió 6.624 kilómetros cuadrados de cobertura vegetal entre agosto de 2016 y julio de 2017, un área aproximada a la de la región metropolitana de Río de Janeiro y en un 16 % inferior a la desforestada en el año inmediatamente anterior (2015-2016), informó hoy el Gobierno.

El aumento de la fiscalización, según el Ministerio de Medio Ambiente, le permitió a Brasil reducir este año el área desforestada en la mayor selva tropical del mundo con respecto a la destruida entre agosto de 2015 y julio de 2016, que ascendió a 7.989 kilómetros cuadrados, fue en un 19 % superior a la del año inmediatamente anterior (6.207 kilómetros cuadrados) y la mayor en un período de ocho años.

La cobertura vegetal de la Amazonía perdida en el último año, sin embargo, aún supera los 4.571 kilómetros cuadrados desforestados entre agosto de 2011 y julio de 2012, cuando el país alcanzó su menor nivel en varias décadas.

Los datos, medidos por el gubernamental Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) con la ayuda de imágenes de satélite, fueron divulgados este martes en una rueda de prensa en la Presidencia por el ministro de Medioambiente, José Sarney Filho.

El funcionario conmemoró la reducción de la deforestación de la Amazonía en medio de las críticas al Gobierno por supuestamente haber permitido retrocesos en la preservación del medio ambiente desde que el conservador Michel Temer asumió la Presidencia en sustitución de la destituida Dilma Rousseff.

"Hoy podemos decir con toda seguridad de que no hubo retroceso en cuando al respeto al área ambiental de la Amazonía", afirmó el ministro.

Sarney Filho admitió que el Gobierno se equivocó en agosto pasado cuando publicó un decreto para extinguir la Reserva Nacional de Cobre y Asociados (Renca), un área preservada de unos 46.000 kilómetros cuadrados (el área de un país como Dinamarca) en medio de la Amazonía, pero que acertó al revocar la medida.

"La extinción de la Renca fue una iniciativa del Ministerio de Minas y Energía que, por colocarse en contra de la política de reducción de la deforestación, tuvo que ser corregida y revocada", dijo.

El Gobierno decidió mantener la reserva tras recibir duras críticas de las organizaciones ambientalistas internacionales, para las cuales la autorización para que las empresas mineras operen en el área ponía en riesgo la cobertura vegetal de al menos seis áreas de preservación ambiental y de dos reservas indígenas ubicadas dentro de la Renca.

De acuerdo con Sarney, la reducción de la deforestación tras dos años seguidos de crecimiento fue posible gracias al aumento de la fiscalización y de las operaciones contra las madereras ilegales.

"La fiscalización y el control ayudan, pero no resuelven del todo el problema. Sólo pondremos fin a la deforestación cuando le demos valor al bosque que se mantiene en pie", aseguró el ministro.

En ese sentido valoró los acuerdos internacionales que prevén una remuneración para las poblaciones que viven en el bosque y ayuden a mantener preservada la Amazonía.

"Pero estamos llegando al límite. Si no se cumplen los acuerdos internacionales, especialmente el pago por los servicios ambientales de preservación, va a ser difícil mantener el ritmo de reducción de la deforestación", afirmó.

El actual ritmo de deforestación amenaza el cumplimiento de la meta que se impuso el Gobierno brasileño de reducir la deforestación de la Amazonía a un área inferior a 4.000 kilómetros cuadrados al año a partir de 2020.

La meta figura entre los compromisos que Brasil asumió en el Acuerdo de París para reducir las emisiones de gases contaminantes, ya que la tala y el incendio de bosques son los principales responsables por los gases emitidos por el país.

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