Proliferación de medusas signo de problemas en ecosistemas

PARIS (AFP). La dramática proliferación de medusas en los océanos de todo el planeta -acarreada por una excesiva explotación pesquera y el cambio climático- es un signo seguro de problemas en los ecosistemas, según los expertos.

"Las medusas son excelentes líderes del medio ambiente", explica Jacqueline Goy, miembro del Instituto Oceanográfico de París, al advertir que "cuantas más medusas hay, más fuerte es la señal de que algo cambió".

Esas criaturas marinas sin cerebro compuestas en su mayor parte de agua han ido ocupando, sigilosamente, el vacío creado por el voraz apetito humano de pescado.

Ahora, deshacerse de ellas será difícil, previenen los biólogos marinos.

"Las medusas ocuparon el lugar dejado por muchas otras especies", reitera Ricardo Aguilar, director de investigación de Oceana, una organización internacional para la conservación de los océanos del planeta.

La picadura de esos invertebrados causa muchas molestias, pero lo más peligroso es que su reciente aumento ha devastado también especies marinas nativas de esas aguas, amenazando además el turismo.

Y pese a que no se sabe mucho de esas criaturas, los científicos están de acuerdo en un dato: que la "pelagia noctiluca -el tipo de medusa que con su veneno causa la parálisis de sus presas y que a los humanos provoca escozor y rojeces- volverá a ser la pesadilla de las playas mediterráneas en los próximos meses.

Esa presencia no preocupa a los científicos, sino su frecuencia y persistencia.

Los datos recogidos en los últimos 200 años señalan que la población de medusas aumenta naturalmente cada doce años, permanece estable de cuatro a seis años y luego disminuye.

Sin embargo, 2008 será el octavo año consecutivo en el que la presencia de medusas habrá aumentado, aunque sus decenas de millones de unidades no se puedan contabilizar exactamente.

La excesiva explotación de los recursos oceánicos por el hombre ayudó a crear un medio ambiente casi perfecto para la multiplicación incontrolada de esas criaturas marinas primitivas, explican los expertos.

"Cuando los vertebrados, como los peces, desaparecen, entonces los invertebrados, especialmente las medusas, aparecen", dice Aguilar.

Así, cuando predadores como atunes, tiburones o tortugas desaparecen, no sólo se comen menos medusas sino que además disminuye la lucha por el alimento.

Las medusas, por su parte, se alimentan de pequeños peces y de zooplancton que quedan atrapados entre sus tentáculos pegajosos.

"Es difícil que los peces vuelvan a lugares colonizados por medusas, incluso si se reducen las actividades pesqueras comerciales", señala Andrew Brierley, de la universidad de San Andrés, en Escocia.

Por este motivo, a Brierley y a otros expertos no les sorprende el aumento de medusas en las costas de Namibia en el Atlántico, un océanos con una de las más intensas explotaciones pesqueras del planeta.

El cambio climático también ha contribuido a la proliferación de las gelatinosas criaturas, pues las aguas más cálidas prolongan sus ciclos reproductivos.

Además, esos animales transparentes y sin huesos, incluso los que forman grandes manchas, son difíciles hasta de ver en las imágenes de los satélites.

También se resisten a los estudios en cautividad, por lo que hay una relativa pobreza en investigaciones sobre ellas.

"Sólo conocemos el ciclo vital de un 20% de las especies de medusas", reconoce Goy.

Y el hecho de que no tengan explotación comercial -excepto unas pocas especies usadas en la gastronomía del este de Asia- todavía favorece más que nadie se ocupe de ellas.

Sin embargo, el impacto negativo que están teniendo en el turismo de ciertas zonas del Mediterráneo ha hecho, al menos, aumentar el interés por esas peculiares criaturas cuya creciente presencia apunta a peligrosos cambios no sólo en los océanos sino también en la tierra y en el aire del planeta.

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