Restaurado opulento palacio de la Ciudad Prohibida

BEIJING (AP). Cuando no estaba despachando ejércitos a la guerra o convirtiendo a China en el país más rico del mundo, el emperador Qianlong supervisaba la construcción de una casa para su vejez en uno de los jardines de la Ciudad Prohibida.

No era una casa cualquiera. El palacio construido en la década de 1770 por el quinto emperador de la Dinastía Qing tenía una opulencia digna de un monarca conocido por su poder y su refinamiento: mamparas con mamposterías de maderas poco comunes, complicados bordados de seda y delicadas figuras talladas de jade y bambú.

Para los chinos de hace 200 años, todo esto era sinónimo de extrema riqueza. "Era como si todo estuviese bañado en oro", comentó Nancy Berliner, conservadora de la sección de arte chino del Museo Peabody Essex de Massachusetts.

El jardín ha estado cerrado la mayor parte del siglo pasado, pero comenzó a ser reconstruido hace tres años, en un proyecto que durará 12 años. El lunes se completó oficialmente una parte, un fastuoso departamento y un teatro privado del emperador, a ser abiertos al público por primera vez el año que viene.

El estudio había sido abandonado y sufrido las consecuencias del paso del tiempo, pero no había sido víctima de los actos de vandalismo que afectaron otros sitios antiguos chinos y tiene uno de los interiores de la China imperial mejor preservados.

Y el jardín marca una época en la que la riqueza y el poderío de China alcanzaron su apogeo. Cuando el emperador Qianlong comenzó la construcción del jardín a los 61 años de edad, sus ejércitos habían extendido el imperio de Qing bien adentro del Asia central y al Himalaya. La economía china era la más próspera del mundo y representaba más de una cuarta parte de la producción mundial. Pocas décadas después de la muerte de Qianlong, China sucumbió a la guerra, el hambre y los conflictos civiles.

"La importancia del jardín radica en que tenía un diseño extremadamente sofisticado. Este fue el momento de mayor esplendor de este período", señaló Liu Chang, historiador de la Universidad de Tsinghua especializado en arquitectura y quien colaboró en la restauración, cuyo costo es de 3 millones de dólares y la cual es una iniciativa del Museo del Palacio de Beijing y del Fondo de Monumentos Mundiales de Nueva York.

Qianlong fue un emperador manchú que condujo personalmente campañas militares y tuvo una gran visión, ordenando a los campesinos que plantasen cultivos del Nuevo Mundo como maíz y batatas para aumentar la producción de alimentos. Fue además un amante del arte y disfrutó de esa pasión durante su vejez, apelando a los más grandes talentos de China para construir el sitio de su retiro, según Berliner, quien editó un catálogo alusivo a la renovación del estudio.

Trajo artesanos del sur de China para los elegantes trabajos de carpintería. Las paredes de su teatro privado estaban cubiertas de murales estilo trompe-l'oeil, obra de estudiantes de Giuseppe Castiglione, un misionero jesuita que llegó a ser pintor de la corte y quien introdujo técnicas europeas.

Los murales representaron un desafío especial para los restauradores, de acuerdo con ejecutivos del Fondo de Monumentos Mundiales.

Tras la partida del último emperador, Puyi, en 1924, el jardín de 0,8 hectáreas fue abandonado, mientras que el resto del complejo de 72 hectáreas fue convertido en un museo.

El asentamiento de los edificios con el paso del tiempo, combinado con los inviernos fríos y la humedad de los veranos hicieron que algunos murales se descolorasen y sufriesen fisuras.

Expertos de Estados Unidos y chinos separaron las pinturas en seda de las paredes y techos, y las restauraron en estudios separados, para volver a colocarlas luego en los sitios originales.

Lo más difícil fue encontrar artesanos que pudiesen replicar decoraciones refinadas que ya pasaron de moda, indicó Berliner. Los expertos se sorprendieron cuando hallaron un anciano de 80 años en la ciudad oriental de Yangzhou que sabía cómo hacer faroles con cuernos de cabra.

Artesanos de la provincia de Zhejiang conservan las técnicas del uso de piel de bambú e hilos de bambú, necesarias para la restauración de mamparas de dos pisos en el ingreso al edificio.

El esmero que puso Qianlong en el proyecto refleja un poco el fervor que evidenció en su reinado de 60 años. Si bien dejó el trono en 1796, nunca llegó a vivir en el estudio, pues prefirió quedarse en el ala occidental del palacio para estar cerca de su hijo, el nuevo emperador.

"Sus mayores satisfacciones fueron derivadas probablemente del proceso creativo", dice Berliner en el catálogo.

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