Safari en C. Rica permite ver a cocodrilos en su hábitat

TARCOLES, Costa Rica (AFP). A uno lo llaman Mike Tyson, porque es enorme y mal genio como el ex campeón mundial de boxeo, a otro lo apodan Saddam Hussein, porque ataca a sus rivales con fiereza: son dos temibles cocodrilos de un río de Costa Rica que atraen a turistas de todo el mundo.

Media docena de empresas ofrecen travesías en lancha en el río Tárcoles para visitar a estos reptiles en su propio hábitat, en un paseo de dos horas en el que los guías demuestran su sangre fría y destreza al darles comida en la boca a estos grandes animales.

Es un safari en el que los turistas no cazan, sino que observan como viven estos temibles ejemplares de casi cinco metros, que pueden atacar y devorar a todo animal o persona que los moleste o simplemente invada su espacio.

Este floreciente negocio turístico, que atrae principalmente a visitantes de Norteamérica y Europa, fue iniciado por el veterinario costarricense Mario Fernando Orjuela, pero tras su muerte hace algunos años quedó en manos de su viuda, la colombiana Claudia Murúa Calderón, ayudada por sus hijos Launna y Mariano, y una decena de empleados.

"Antes la gente de las fincas pensaba que los cocodrilos iban a comerse a sus animales y los mataban. Pero ahora los cocodrilos viven muy tranquilos en este río", dijo la empresaria a la AFP.

El Tárcoles es uno de los dos ríos de Costa Rica donde viven libremente los cocodrilos, especie protegida en el país.

Durante la temporada alta, de diciembre a abril, la empresa 'Jungle Crocodile Safari' de Murúa lleva hasta 200 turistas cada día a recorrer el río, cerca de la desembocadura en el Pacífico, para visitar a los cocodrilos.

Otras cinco empresas que ofrecen servicios similares han aparecido en los últimos años, lo que ha convertido a la pequeña aldea de Tárcoles, que tiene menos de mil habitantes, en un activo centro turístico de la zona central de Costa Rica.

Pagando unos 25 dólares, el visitante aborda una lancha que navega río arriba por las turbias aguas de este cauce de casi 100 metros de ancho, donde se observan cormoranes, garzas, pelícanos, guacamayos, chocuacos y golondrinas de manglar, entre medio centenar de especies de aves que habitan habitualmente en el Tárcoles.

Entre la exuberante vegetación de las riberas también se ven iguanas y 'lagartijas Jesucristo', apodadas así porque tienen la capacidad de caminar sobre el agua, explicó el guía Wilky Izaba.

El guía lleva en su mano un espejo circular con el que refleja la luz del sol en los árboles para mostrar a los turistas a algún animal o ave que se esconde en el follaje.

Un cuarto de hora después de haber zarpado la lancha llega a una especie de playa de oscuras arenas. Su capitán, Juan Carlos Buitrago, apaga el motor y salta descalzo de la embarcación llevando un trozo de pollo crudo en su mano.

Con los pies dentro del río comienza a golpear la superficie del agua con la pieza de pollo y no pasa un minuto cuando los turistas ven aparecer a unos 200 metros a un cocodrilo que se aproxima.

Cuando el enorme reptil llega donde Buitrago éste sale lentamente hacia la arena seguido por el temible animal. El clímax llega un par de segundos después, cuando el cocodrilo abre su enorme hocico y devora el trozo de pollo. Los turistas fotografían y filman la escena.

La exhibición no está libre de riesgos para los osados que se ganan la vida en el río Tárcoles: el 8 de agosto de 2005, el cocodrilo apodado Mike Tyson atacó a Buitrago mientras le daba de comer.

Logró zafarse del animal "punzándole los ojos, que es la parte más sensible", pero el ataque le dejó un recuerdo indeleble: cicatrices en la mano derecha y el pecho de Buitrago, de 34 años, casado y padre de dos hijas.

Pero a diferencia del cocodrilo del cuento de Peter Pan, que insistía en perseguir al Capitán Garfio para devorarlo, Tyson no ha vuelto a molestar a Buitrago, quien dice que está muy cómodo ganándose la vida en este peligroso oficio.

"No me gustaría trabajar en una oficina", explica.

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