Vida dura para los vegetarianos en Cuba

LA HABANA (AP). Jugosas hamburguesas y sándwiches con salchichas no son platos típicos de la comida vegetariana, pero eso ofrece el menu de El Carmelo, un restaurante estatal que quería promover una alimentación saludable, sin carne.

La cocina vegetariana, sin embargo, es tan impopular en Cuba --un país en el que largos períodos de privación generaron una gran devoción por la comida en general y la carne en particular-- y al poco tiempo en El Carmelo el picadillo de soya fue reemplazado por hamburguesas y sándwiches con gruesas rodajas de mortadela.

La misma suerte corrieron aproximadamente media docena de restaurantes similares abiertos en la década del 2,000 siguiendo una iniciativa vegetariana del gobierno comunista de la isla: O cerraron sus puertas, o poco a poco comenzaron a llenar su menú de platos con carne.

Es un dilema cubano: ¿Cómo promover hábitos de comida saludable en un país de carnívoros, en el que los platos vegetarianos le recuerdan a la gente períodos de privaciones a principios de los 90, en los que la carne era un lujo inaccesible?

En la mayor parte del mundo, crece la cantidad de vegetarianos a medida que aumentan las evidencias de que comer menos carne es bueno para el corazón y reduce el riesgo de ciertos tipos de cáncer.

Pero en Cuba, el puñado de vegetarianos que hay enfrentan una ardua batalla. La carne es un componente básico de la dieta cubana --por más que no sea siempre accesible-- y le decisión de pasarse a las filas de los vegetarianos a menudo hace pensar que la persona tiene algún trastorno.

"Cuando le digo a la gente que soy vegetariana, me dicen 'muchacha, tú estás loca. No puede sobrevivir comiendo pasto'", comentó Yusmini Rodríguez, traductora de 34 años que dejó de comer carne hace 13 años por consideraciones éticas.

"Es una batalla constante", expresó, explicando que enfrentó la incomprensión de su familia, la escasez, los precios a veces prohibitivos de los vegetales y el hecho de que en los restaurantes y cafeterías no se ofrecen prácticamente platos sin carne.

"Mi familia todavía no lo entiende, pero después de todos estos años, por lo menos respetan mi decisión, por lo que ahora puedo comer platos vegetarianos en casa, por más que sea un dolor de cabeza", señaló Rodríguez, una mujer de aspecto frágil pero que tiene una voluntad de hierro. "Apenas salgo, es casi imposible. Aquí, si algo no tiene carne, no es considerado comida".Rodríguez y otros vegetarianos dicen que el "período especial" de gran escasez a principios de los 90, tras la caída de la Unión Soviética, el benefactor de la isla, marcó para siempre la relación de los cubanos con la carne.

El sistema de racionamiento garantizó que nadie se muriese de hambre repartiendo a cada ciudadano una pequeña cantidad de alimentos básicos por mes. Pero los cubanos sufrieron realmente de hambre en esa época, salteándose comidas y sobreviviendo con platos escasos y desabridos. A veces pasaron meses sin ver carne.

El consumo promedio de calorías bajó de 2,865 antes del período especial a 1,863 en 1993, según el libro de Olivier Languepin sobre las penurias económicas de esa época "Cuba, el fracaso de la utopía".

"Fue un período de vegetarianismo forzado que dejó un sabor muy feo en la boca de la gente", expresó Nora García Pérez, militante vegetariana que encabeza un grupo de protección de los animales basado en La Habana. "El período especial perjudicó mucho la causa de los vegetarianos en este país. La carne pasó a ser una obsesión para la gente que vivió ese período".

La situación alimenticia se ha recuperado desde entonces y la mayor parte de la gente puede comer algún tipo de carne varias veces al mes. Muchos lo hacen a diario, incorporando pequeños pedazos de cerdo, pollo o grasa a platos de todos los días como arroz con frijoles, o comen sándwiches de jamón y queso.

Irónicamente, en un país tropical y fértil, los vegetales son difíciles de conseguir. Incluso durante el invierno, la temporada de cosechas, las ferias de vegetales del estado ofrecen solo lechuga, repollo, tomates, zanahorias, pimientos y una variedad de tubérculos.

Tito Núñez, propietario de un restaurante, se propone popularizar nuevamente los vegetales.

Luego de que se hizo vegetariano a principios de los 90 y se aliviaron unos problemas intestinales crónicos que sufría, Núñez fundó en el 2003 El Romero, descripto como un eco-restaurante y uno de dos sitios de comida vegetariana que subsisten.

Se encuentra en la reserva natural de Las Terrazas --unas colinas repletas de palmas unos 80 kilómetros (50 millas) al este de La Habana-- y ofrece mucho más que vegetales básicos, preparando platos deliciosos con plantas poco conocidas.

Su menú incluye un ceviche hecho con tallos de nenúfares que crecen solos en una laguna vecina, yuca y albóndigas de batata; crepes con pasta de flor de calabaza, peras de cactus salteadas con hierbas aromáticas y, de postre, un mousse de chocolate, limón y calabaza, envuelto en hojas de palma.

"Los cubanos piensan 'si no es arroz con habichuelas o cerdo, no lo como'. Por eso cuando la gente ve en el menú todas estas plantas que no conocen se muestra reacia al principio", manifestó Núñez, quien tiene 58 años, anteojos tipo Ghandi y sonríe permanentemente. "Pero al probar los platos, ven que no se trata simplemente de 'pasto' y que, además de ser muy saludable y no emplear animales, son realmente deliciosos".

Núñez trata de poner El Romero al alcance de la gente y le permite a algunos jóvenes trabajar con sus cocineros y en la granja orgánica del restaurante, que surte la mayor parte de los ingredientes. Para que los platos no le resulten tan caros a los isleños, que ganan un promedio de 20 dólares al mes, se les cobra un porcentaje minúsculo del precio que aparece en el menú.

El Romero es un éxito, pero el 90% de sus clientes son extranjeros, sobre todo turistas de Gran Bretaña, Alemania y Holanda.

"Cuando se trata de algo tan arraigado como los hábitos de comida, cuesta mucho cambiarlos", declaró Núñez. "Sé que no voy a convertir a la gente y hacerla vegetariana hablando. La única forma de hacerlo es sentándola en la mesa y mostrándole que hay muchas otras cosas además de cerdo".

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