Vistazo a un mariposario español

Granada, España ( EFE). Con una humedad del 80 por ciento y una temperatura media de 25 grados centígrados, el ambiente que recrea una selva tropical en el Parque de las Ciencias de Granada (sur de España) ayuda a los visitantes a adentrarse en el mundo de las mariposas, donde pueden conocer de cerca cómo vive este insecto.

Se trata del Mariposario, que desde hace unos días organiza recorridos guiados para que los interesados puedan sumergirse en la forma de vida de las mariposas, de qué se alimentan sus orugas, dónde colocan las crisálidas, qué adaptaciones tienen para camuflarse o cómo evitan la depredación.

Según ha explicado a Efe Andrés López, uno de los coordinadores de la instalación, en general se conoce qué es una mariposa, pero no su ciclo completo de vida, uno de los objetivos de las visitas guiadas.

Los visitantes pueden contemplar hasta un centenar de mariposas de veinte especies diferentes, integradas en un ambiente tropical en el que el color de sus alas es lo que más llama la atención, sin caer en que éste detalle refleja y advierte del poder tóxico del que disponen.

Es el caso de la mariposa Monarca, una de las que se encuentra en el Mariposario, que contiene cianuro, un compuesto tóxico que procede de las plantas de las que se alimenta su oruga, y que en verano y primavera vive en el Norte de Estados Unidos pero en otoño llega a lugares más cálidos como California o México, haciendo por tanto la migración más larga.

Otras especies imitan a hojas secas o al mismo color que los troncos de las plantas, por lo que de no ser por su movimiento impredecible el visitante a veces no podría percibir dónde se encuentran.

Entre las mariposas que más interesan a los visitantes se encuentra la denominada Búho, cuyas alas son de las más llamativas al representar la cara del depredador nocturno o incluso los ojos de una serpiente con la intención de intimidar a sus atacantes.

Para tratar de mantener el número de mariposas en la instalación, el Parque de las Ciencias ha habilitado también un laboratorio en su interior al que semanalmente llega al menos un envío con unas 150 crisálidas, que posteriormente pasarán a ser adultas y formarán parte del ecosistema del Mariposario.

El periodo que pasa entre que una crisálida llega al laboratorio y puede volar es de unos diez días, aunque López ha explicado que existen especies en el mundo que su ciclo de vida puede durar hasta ocho años para pasar a ser adultas.

Y después de poder volar la vida de estos insectos termina como media a los 15 días, un periodo que dependiendo del tipo de especie puede acortarse a una noche o prolongarse hasta a un mes.

Procedentes del sudeste asiático, del centro y Sur de América o de África Tropical, los insectos sobrevuelan las cabezas de quienes se interesan por su forma de vida, un mundo tan infinito como los 140 millones años de historia que cargan sobre sus alas.

Vive la adrenalina de la 7ma temporada


Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes