El futuro de la Amazonia entró en un cono de sombra

RIO DE JANEIRO (AFP) - El futuro de la Amazonia brasileña entró en un cono de sombras luego de que su porfiada defensora, la ministra de Medio Ambiente Marina Silva, renunciara desgastada por batallas contra lobbies empresariales y miembros del propio gobierno.

"Mi presencia en el gobierno no estaba aportando nada", afirmó Silva, dos días después de anunciar su dimisión al presidente Luiz Inacio Lula da Silva, quien la escogió al iniciar su mandato el 1 de enero de 2003.

Marina Silva, de 50 años, se fue del cargo con el título de "ángel de la guarda" de los ambientalistas pero también con el de "enemiga del desarrollo" que le atribuyeron los lobbies empresariales.

El propio Lula le reprochó su reticencia a permitir la construcción de represas que considera cruciales para la seguridad energética de Brasil.

Oriunda del estado amazónico de Acre y ex recolectora de caucho, Silva trató de frenar el avance de la agropecuaria que, empujada por el incresante aumento de los precios internacionales, arrasó vastas extensiones de la selva.

La Amazonia brasileña concentra la atención internacional por ser la mayor selva tropical del mundo y hábitat del 25% de las especies vegetales y animales del planeta. Con 7,9 millones de kilómetros cuadrados, abarca cerca del 60% del territorio de Brasil.

La deforestación y los incendios amazónicos son las principales fuentes de emisiones contaminantes de dióxido de carbono (CO2) en Brasil, contribuyendo de este modo al cambio climático, que, en un círculo vicioso, incrementa el riesgo de más incendios.

Durante la gestión de Silva, Brasil redujo en 60% la deforestación de la Amazonia entre 2005 y 2007. Sin embargo, la tala ilegal volvió a dispararse entre agosto y diciembre del año pasado.

Silva, que enfureció a empresarios al demorar permisos para proyectos que estimaba riesgosos para el medio ambiente, acusó de ese incremento de tala ilegal a la agroindustria cada vez más seducida por el incesante aumento del precio de los alimentos.

En contradicción con la ministra, Lula consideró prematuro culpar al sector agroindustrial. No obstante, el gobierno puso en marcha castigos más severos contra quienes no respeten la preservación de la Amazonia.

Para el vicepresidente del grupo ecologista Conservación Internacional, José María Cardoso, la renuncia de Silva "es un desastre para el gobierno".

"Si Brasil tenía credibilidad mundial en materia ambiental era por ella", añadió.

El presidente de la Federación de Agricultura y Pecuaria de Mato Grosso, Rui Prado, dijo en cambio que la ministra "era un desastre para el desarrollo de Brasil". "Se olvidó que lo principal del medio ambiente es el ser humano. Espero que el próximo ministro no sea tan radical", añadió.

Lula escogió como nuevo ministro al ambientalista Carlos Minc, secretario de Medio Ambiente de Rio de Janeiro.

Minc, de 56 años, tiene buena reputación entre los ambientalistas pero le cuestionan que como secretario de Medio Ambiente de Rio no haya sido escrupuloso a la hora de firmar permisos para obras.

"Minc tiene condiciones como para rescatar la legitimidad (del ministerio) y de lidiar con la comunidad internacional ¿pero como reaccionará a las presiones del gobierno?", observó Marcelo Furtado, coordinador de Greenpeace.

El nuevo ministro se convirtió en el candidato de Lula luego de que en tiempo récord otorgara los permisos para construir un polo petroquímico en Itaboraí, al norte de Rio de Janeiro.

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