El jardín botánico de Belgrado se rinde a los bonsáis

Belgrado ( EFE). El arte del cultivo del bonsái que desde hace unas décadas despiertas interés en Serbia, es para unos ciudadanos de este país balcánico un refugio para entregarse a la creación y relajación, y para otros un objeto de admiración.

" El interés es evidente. Mucha gente acude a las exposiciones y muestra literalmente entusiasmo por esas plantas tan bonitas. Entonces empiezan a dedicarse a ello, pero la mayoría por poco tiempo. Pero queda el amor hacia esas plantas", declaró a Efe Dragoslav Radovanovic, presidente de la Asociación Bonsái de Belgrado.

En una exposición de bonsái en el Jardín Botánico en Belgrado, Radovanovic explica que la belleza del bonsái se puede comparar con una obra de arte y señala que el mercado de los bonsáis es como el del arte y que " curiosamente, incluso hay robos" de esos árboles, aunque es difícil calcular su valor.

Radovanovic explica que para empezar a dedicarse a bonsái bastan conocimientos básicos de cultivo de plantas en casa, jardín o terraza, pero que más tarde, a la hora de podar o trasplantar las pequeñas plantas son necesarios conocimientos y técnica específicos.

"Una planta ya en unos cuatro o cinco años se puede convertir en un bonito ejemplar de bonsái. Sin embargo, los japoneses dicen que una bonsái llega a su madurez a los 30 años y alcanza su plena belleza a los 50", dice Radovanovic, y señala que en Japón hay plantas de varios centenares de años de edad.

Un árbol cultivado como bonsái vivirá una vida mucho más larga que si crece en la naturaleza porque de esta forma se encuentra protegido. " Algunos dicen que estas plantas están condenadas a pasiones, pero eso no es verdad", asegura Radovanovic.

" Durante un año, la tierra en que crece una planta se abona con diferentes tipos de sustancias. En verano, hay que regarla una o dos veces al día, o tres si las temperaturas son altas. Una planta en la naturaleza no tiene ese cuidado, en absoluto", añade, tras precisar que el arte de bonsái requiere mucha paciencia.

Para cultivar un bonsái es mejor que sea una planta autóctona, y en Serbia se cultivan ante todo el arce campestre, la tila, el fresno, el olmo, el manzano, y de coníferas, la pícea, la tuya y el pino, entre otros árboles.

Los aficionados serbios seleccionan árboles en los viveros, pero mucho más en la naturaleza, entre los brotes que rodean un árbol grande o se encuentran al lado de las carreteras y sendas y están en peligro de ser destruidos.

La Asociación Bonsái de Belgrado nació en 1989 y su objetivo es popularizar el arte de cultivo de esas plantas y árboles en miniatura y acercar ese estilo exótico a la población en Serbia.

" El bonsái llegó a Europa en 1902. En ese año se celebró la Exposición Universal de Londres y por primera vez esas plantas fueron traídas a Europa", según Radovanovic.

" Una mayor popularización se produjo después de la II Guerra Mundial, cuando los soldados estadounidenses regresaron de Japón y llevaron esas plantas a EU. Desde entonces se ven con mayor frecuencia también en otras partes del mundo. Y en Serbia, la gente empezó a dedicarse hace una treintena de años", dijo.

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