Dos mujeres batallan para salvar el mayor lago del mundo

BOLSHIYE KOTY, Rusia (AP). El lago de agua dulce más grande y profundo del mundo se está volviendo más cálido, más sucio y más atestado.

Lyubova Izmestieva está registrando esos cambios insidiosos. Marina Rijvanova los está combatiendo. Y la suerte de uno de los ecosistemas más raros del mundo, una joya turquí en la vasta taigá siberiana, está en juego.

Durante siglos, el lago Baikal ha inspirado asombro y, más recientemente, apasionados defensores. Con más agua dulce que todos los Grandes Lagos de Norteamérica combinados, y hogar de 1,500 especies de plantas y animales no hallados en ninguna otra parte del planeta, el Baikal ha sido llamado la Perla Sagrada, la Perla de Siberia e incluso los Galápagos de Rusia.

Pero esas prístinas aguas, que en algunas partes alcanzan 1,600 metros de profundidad, están amenazadas por fábricas contaminantes, una instalación de enriquecimiento de uranio, la tala de árboles y el calentamiento global. La lucha se ha vuelto feroz, y Rijvanova, una activista ambiental, dice que las autoridades incluso acosaron a su hijo para obligarle a participar en un ataque violento contra su grupo.

Turistas, la mayoría de ellos rusos beneficiados por la nueva prosperidad, están acudiendo al lago, llenando las playas, construyendo casas de vacaciones y cambiando la ecología. Nuevos balnearios están apareciendo. Hay más pescadores, cazadores y lanchas.

La importancia del lago va más allá de las fronteras rusas: su tamaño y su fragilidad, dicen ambientalistas, le hacen una especie de caso de prueba para otras reservas de agua dulce en el mundo.

"El Baikal es el mayor lago del mundo. Es una reserva ilimitada y fuente de agua que toda la humanidad puede beber sin necesidad de purificación", dice Izmestieva, bióloga, al igual que su madre y su abuelo. "Este es un regalo invalorable para todo el mundo, en Bolshiye Koty o Florida ... o Kansas."

Hace entre 20 millones y 30 millones de años, una brecha en la corteza terrestre creó la cuenca del Baikal, que tiene unos 640 kilómetros de longitud y forma de hoz.

Hoy, el lago cercano a la frontera con Mongolia contiene la quinta parte de las reservas de agua potable del mundo, suficiente para proveer seis vasos de agua diarios a los 7.000 millones de habitantes de la Tierra durante los próximos 6.000 años.

Es un vasto laboratorio al aire libre de diversidad biológica comparable con la rica fauna de las Islas Galápagos. Geólogos visitan el lugar para estudiar la formación del continente asiático. Biólogos investigan misterios tales como el hecho de que un lago que está unos 1.600 tierra adentro es hogar de la única especie de focas de agua dulce en el mundo.

El mes pasado, dos pequeños submarinos alcanzaron el fondo del lago con científicos a bordo para tomar muestras del suelo y el agua. La inmersión de 1.592 metros estuvo a punto de romper el récord mundial.

El Baikal inspiró el movimiento ambientalista en la Unión Soviética en los sesenta, luego que el abuelo de Izmestieva y otros científicos hablasen contra los planes de Nikita Jrushchev de construir una papelera en sus márgenes.

Hoy, Marina Rijvanova, que ayudó a formar el grupo Ola Ecológica del Baikal, sigue batallando para cerrar le instalación, que ha creado una zona muerta de varios kilómetros en el lago y pudiera estar contaminando las focas.

Hace unos años, su grupo encabezó protestas contra un oleoducto de 4.300 kilómetros, parte del cual una a pasar junto a las costas del norte del lago. Las finanzas del grupo fueron inspeccionadas por las autoridades, sus computadoras fueron confiscadas y sus teléfonos intervenidos, algo que ella dice es represalia por la protesta.

En el 2006, el presidente Vladimir Putin ordenó que se modificase la ruta del oleoducto, una rara victoria para el ambientalismo ruso que le mereció a Rijvanova elogios internacionales. Este año, la activista ganó un prestigioso premio de la Fundación Goldman, basada en Estados Unidos, que incluyó un fondo de 150.000 dólares.

La ex científica de 47 años, cuya apariencia no revela su determinación, dice que la victoria demuestra la potencia del Baikal como símbolo.

El lago "es un indicador de si el hombre moderno puede o no controlar su apetito y preservar lo que ha creado la naturaleza", dice.

Ahora, Rijvanova dirige sus esfuerzos a la oposición a planes del Kremlin de construir una instalación de enriquecimiento de uranio al oeste del lago. Las autoridades dicen que el proyecto traería miles de empleos a la empobrecida región. Ambientalistas dicen que es un grave error que amenazaría el área con radiaciones.

Hace un año, Rijvanova ayudó a organizar un campamento de protesta cerca del planeado lugar de la instalación de uranio. Nacionalistas cabezas rapadas atacaron el campamento y golpearon a los manifestantes, uno de los cuales murió.

El hijo de Rijvanova, Pável, estuvo entre los intrusos, aunque él niega haber golpeado a nadie. Ella dice que las autoridades coaccionaron a su hijo en un esfuerzo por avergonzar a su organización. La fiscalía se negó a comentar. Pável sigue bajo arresto.

Pese a su dolor personal, Rijvanova dice que no va a rendirse. El Baikal es demasiado importante. "Cuando ve los resultados de su trabajo, uno quiere continuar. Tiene que perseverar".

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