Ancianos de EEUU siguen en su casa gracias a red de voluntarios

WASHINGTON (AP). Weaver Shepperson ha estado ciego casi 50 años. Ha vivido solo desde que su esposa murió en 1999 y requiere transportación varias veces al mes para acudir con sus médicos.

No obstante, no tiene planes de mudarse de la casa adosada en el histórico vecindario del Capitolio en Washington donde vive desde 1955.

El hombre de 80 años forma parte de un movimiento floreciente entre los adultos mayores decididos a permanecer en sus viviendas el mayor tiempo posible. Con ayuda de grupos sin fines de lucro conocidos como "aldeas", están disfrutando muchos de los beneficios adicionales que reciben los residentes de comunidades de jubilados o instituciones de ayuda parcial, a una fracción del costo.

Shepperson paga 530 dólares anuales por pertenecer a la Aldea del Capitolio. Ello le permite que la red de voluntarios de la aldea lo lleve al consultorio del médico y ésta también se encarga de comprarle sus víveres. Sin esa ayuda, dice, probablemente tendría que haberse mudado a una institución de ayuda parcial.

"Después de que la aldea estuvo disponible, dejé de pensar en cuáles serían mis otras alternativas", dijo.

La Aldea del Capitolio es una de las más antiguas y robustas de las aproximadamente 65 que están activas a nivel nacional. Lleva unos cuatro años operando y tiene más de 350 integrantes.

Aunque el movimiento de aldeas está ganando impulso, es una opción no disponible para la gran mayoría de estadounidenses ancianos. También hay interrogantes en torno a la viabilidad de estas organizaciones a largo plazo.

El deseo de los estadounidenses de vivir en su casa en lugar de irse a comunidades de jubilados o de ayuda parcial _conocidas como "lugares para envejecer"_ siempre ha sido fuerte. Los sondeos de la AARP, conocida anteriormente como American Association of Retired Persons (Asociación de Jubilados de Estados Unidos) muestran en forma congruente que casi el 90% de la gente de 65 años o más desea permanecer en sus casas el mayor tiempo posible.

Pero, ¿qué pasa si uno ya no puede manejar? ¿O no puede cambiar bombillos, mantener el jardín o subir al ático? La mayor parte de la gente tiene pocas alternativas fuera de apoyarse en parientes o vecinos.

Este fue el dilema que llevó a un grupo de amigos en el vecindario Beacon Hill de Boston a crear el concepto de aldea. La de Beacon Hill comenzó a aceptar miembros en 2002; la del Capitolio fue una de las primeras en duplicar el modelo en forma exitosa.

Además de los recorridos en automóvil y otros favores que los voluntarios pueden proporcionar, la mayor parte de las aldeas ofrecen lo que llaman un "servicio de conserjería": un vínculo con una serie de especialistas evaluados previamente que pueden proporcionar servicios con descuento como plomería o reparaciones del hogar.

Aproximadamente la mitad de las aldeas del país se ubican en la región noreste y a la mitad de la costa del Atlántico. Tienen entre 10.000 y 13,000 miembros, de acuerdo con la Red Aldea a Aldea, que da seguimiento y coordina a las aldeas en todo el país.

El área de Washington es un semillero de estas aldeas, con cinco de ellas en el Distrito de Columbia y otras tres en suburbios de Maryland y Virginia.

Sin embargo, esas estadísticas reflejan las limitaciones del concepto de las aldeas: la mayor parte están ubicadas en comunidades urbanas y suburbanas densamente pobladas y relativamente afluentes. Además, sus miembros son blancos en su mayoría, más del 90%, de acuerdo con un sondeo elaborado el año pasado por la Universidad de California, plantel de Berkeley.

A pesar de la buena posición económica de sus integrantes, ninguna aldea ha logrado financiarse sólo con lo que cobra a sus miembros. Todas se apoyan en donativos, subvenciones o, en algunos casos, la disposición de sus directores a operarlas sin cobrar.

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