Basura ensucia islas que Bush prometió proteger

WASHINGTON (AP). Las tareas de limpieza han disminuido y la basura continúa acumulándose en una remota cadena de islas del Pacífico que el presidente George W. Bush convirtió hace dos años en el área oceánica más grande del mundo cuyo medio ambiente está protegido.

Ganando raros elogios de conservacionistas, Bush denominó en junio del 2006 como Monumento Nacional Marino Papahanaumokuakea a la cadena de islas de 362,600 kilómetros cuadrados (140,000 millas cuadradas) en el noroeste de Hawai.

Su proclamación incluye algunas de las medidas más estrictas jamás adoptadas para proteger el lecho marino, entre ellas una prohibición del uso de cualquier material que pudiera causar daño a sus sensibles arrecifes de coral y a 7,000 especies raras _una cuarta parte de ellas no se encuentra en ninguna otra parte del mundo_ incluso si los desechos llegan desde miles de kilómetros de distancia.

Ello no ha ocurrido.

Las corrientes oceánicas aún traen cada año aproximadamente 57 toneladas de basura y equipo de pesca desechado a las 10 islas y aguas que las rodean, donde ponen en peligro a focas sin orejas, asfixian a arrecifes de coral y llenan los intestinos de albatros y sus crías de plástico no digerible.

El retiro de desechos, mientras tanto, ha promediado 35 toneladas por año desde que las islas se convirtieron en monumento, aproximadamente una tercera parte de las 102 toneladas de equipo de pesca a la deriva recolectada en promedio antes de ello.

El gobierno de Bush recortó el presupuesto para limpieza de desechos en 80% de 2,1 millones de dólares gastados en el 2005 y solicitó únicamente 400,000 dólares anuales hasta el 2008.

Bush quiere ahora 100,000 dólares adicionales para retirar encendedores, botellas de plástico, refrigeradores y redes de pesca que ensucian sus playas y se enredan en sus primitivos arrecifes.

Pero la cantidad total que gastaría en el 2009 es sólo 25% de lo que se estaba gastando hace cuatro años.

"Es maravilloso que nuestra nación haya asumido un compromiso, y este gobierno merece mucho reconocimiento por designar la mayor reserva marina del mundo, pero ello conlleva una responsabilidad", dijo Elliott Norse, presidente del Instituto de Conservación Biológica Marina en el estado de Washington.

"Desafortunadamente en años recientes Estados Unidos no considerado una prioridad retirar la basura de nuestros lugares más especiales en el océano", agregó.

El resultado ha sido que desde que Bush declaró el área como monumento nacional protegido, botes y buzos han estado recogiendo mucho menos desechos de los que recogían antes de que la zona fuera protegida.

"Estamos recolectando menos", admitió Steve Thur, director interino del programa de coral de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la cual maneja el monumento junto con el estado de Hawai y el Servicio de Fauna y Pesca.

Thur señaló que la solicitud de presupuesto de Bush estaba basada en un cálculo erróneo de una acumulación anual de 28 toneladas de desechos. Una nueva investigación indicó que el doble de esa cantidad flota hacia el monumento cada año.

El senador demócrata Daniel Inouye, de Hawai, dijo que mientras que Bush estaba convirtiendo el área en un monumento nacional, su gobierno "había decidido reducir su compromiso en el retiro de desechos marinos y sólo se encargaba de acumulaciones nuevas".

"El gobierno no está manteniendo el paso, y esto es decepcionante", agregó.

A Inouye le preocupaba que el área se convirtiera en monumento nacional debido a restricciones sobre la pesca y a queu el público no participó en el proceso. En el 2006 promovió en el Congreso una iniciativa de ley autorizando hasta 15 millones de dólares anuales para el retiro de desechos marinos en todo el país.

A pesar de esa ley y de una iniciativa anunciada en noviembre del 2007 por la primera dama Laura Bush, el Congreso agregó el año pasado sólo 352,000 dólares a los 400,000 solicitados por el presidente para limpiar Papahanaumokuakea.

La conjugación de corrientes, su ubicación remota y una abundancia de especies en peligro de extinción hacen que los desechos marinos en el noroeste de las islas hawaianas sean quizá el peor problema de basura oceánica en el mundo. Corrientes circulares llevan plástico, encendedores y redes de pesca de todo el Océano Pacífico a las islas como si fueran un drenaje en un fregadero gigante.

La recolección de basura comenzó de manera fortuita en 1996. Fue hasta el 2002 que el gobierno federal se involucró y comenzó a dedicar recursos significativos al retiro de desechos marinos en el santuario.

A la fecha se han gastado más de 12 millones de dólares y se han retirado más de 646 toneladas de desperdicios marinos, los cuales son reciclados o quemados para producir energía.

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