Científicos mejoran producción de medicina para la malaria

Los científicos alemanes que crearon una nueva manera de producir un medicamento crucial para la malaria hace varios años dijeron el miércoles que han encontrado un método para volver el proceso más eficiente, lo que incrementaría el acceso global y reduciría el costo.

El nuevo procedimiento mejora un método desarrollado en 2012 en el Instituto Max Planck que utiliza los desechos de la producción de artemisinina, extraída de una planta conocida como ajenjo dulce, para producir el fármaco. Una nueva máquina podría convertir alrededor del 40% de los desechos en artemisinina, produciendo una mayor cantidad de la medicina a partir de lo que antes se descartaba.

El nuevo procedimiento utiliza la clorofila de la planta en lugar de sustancias adicionales como catalizadores para provocar la reacción, recurriendo directamente a la materia prima para una producción más eficiente, dijo el químico Kerry Gilmore.

“Podemos aprovechar la planta mucho más que antes”, dijo Gilmore. “El proceso que tenemos ahora es más eficiente y significativamente más barato que el de 2012”.

La Organización Mundial de la Salud informó en noviembre que se registraron 216 millones de casos de malaria en el mundo en 2016, 5 millones más que el año anterior, y que 445.000 personas murieron de la enfermedad, principalmente niños. Se considera que las terapias basadas en la artemisinina son el mejor tratamiento, pero su costo suele ser inaccesible para las comunidades pobres que son las más afectadas por la malaria.

“Este producto tiene la posibilidad de salvar millones de vidas al reducir la accesibilidad global y reducir el costo del medicamento contra la malaria, dijo Peter Seeberger, director de la unidad del Instituto Max Planck que se ocupa del asunto.

Los investigadores en sociedad con el estado norteamericano de Kentucky están desarrollando un plan piloto para cultivar miles de hectáreas de ajenjo dulce y procesar la medicina en el lugar. La meta es que todo esté funcionando en tres años, dijo Gilmore.

“Tendremos toda la cadena, de la planta a la píldora, bajo un solo techo”, aseguró.

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