Estudio en EEUU: Vivir en barrios pobres no ayuda a la salud

ATLANTA (AP). En la década de 1990, el gobierno federal efectuó un experimento insólito: ofreció la oportunidad de residir en vecindarios de mayor nivel económico a miles de mujeres pobres que habitaban viviendas de interés social en grandes ciudades.

Una década después, las mujeres reubicadas tenían tasas menores de diabetes y de obesidad extrema, diferencias que están siendo consideradas como una prueba convicente de que la calidad económica de un sector urbano puede ser determinante para la salud de las personas que vivan en el mismo.

El experimento tenía inicialmente el propósito de investigar si el cambio de las familias pobres a sectores más prósperos serviría para que mejoraran de empleo y escolaridad. Sin embargo, de acuerdo a un estudio difundido el miércoles, el efecto más interesante podría haber sido el de la salud de las mujeres.

Casi 16% de las mujeres que se habían mudado de vecindario tenían diabetes, en comparación con 20% de las que permanecieron en apartamentos de interés social. Y aproximadamente el 14% de las que se marcharon de las viviendas públicas tenían obesidad extrema, en comparación con 18% de las que no lo hicieron.

Las diferencias en las estadísticas son pequeñas pero importantes y constituyen a la fecha el argumento más firme para sustentar la idea de que el lugar donde se vive puede tener repercusiones considerables en la salud general de las personas, especialmente si se vive en un sector de bajos ingresos en el que hay pocos lugares seguros para hacer ejercicio, opciones limitadas de alimentación y pocos servicios médicos.

"El estudio muestra que la pobreza concentrada no es sólo una mala política, sino que también es mala para la salud de las personas", dijo Shaun Donovan, secretario del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano.

Sin embargo, nadie cree que en estos momentos de dificultades presupuestarias el gobierno federal vaya a ampliar el programa y comience a mudar en masa a mujeres de bajos ingresos hacia sectores urbanos mejores.

"No basta simplemente con trasladar a familias hacia distintos sectores urbanos", dijo Donovan. En lugar de ello, es necesario encontrar nuevas alternativas a fin de ayudar a las familias a que "rompan el ciclo de pobreza que literalmente puede enfermar a sus integrantes". Donovan no mencionó propuestas específicas.

Expertos de salud pública han considerado desde hace mucho tiempo que vivir en los vecindarios pobres puede arruinar la salud de algunas personas, pero el estudio constituye una prueba rigurosa de esa idea.

Ha aquí cómo funcionó la investigación: las mujeres a las que se consideraba que compartían una mayoría de aspectos fueron asignadas al azar en un grupo u otro y estuvieron bajo observación durante el tiempo del estudio, en un modelo utilizado de manera habitual en investigaciones farmacéuticas.

El buen diseño del estudio "proporciona una base para inferir una causa y un efecto" entre la pobreza y la mala salud, dijo el doctor Robert Califf, prominente cardiólogo de la Universidad de Duke y que dirige un estudio de gran escala sobre sectores urbanos y las consecuencias en la salud.

La investigación estuvo a cargo de Jens Ludwig, profesor de políticas públicas de la Universidad de Chicago y fue difundida por la revista New England Journal of Medicine.

El experimento comenzó como un proyecto de 70 millones de dólares del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano en Baltimore, Boston, Chicago, Los Angeles y Nueva York. Se transformó en un estudio de salud después de que otras agencias gubernamentales y fundaciones privadas aportaran 17 millones de dólares adicionales.

"En términos de escala, (un estudio similar) no se repetirá pronto u otra vez", dijo el doctor Robert Whitaker, pediatra de la Universidad Temple y coautor del estudio.

La investigación implicó a mujeres que habitaban en viviendas públicas en sectores urbanos donde 40% o más de los residentes eran pobres, zonas como muchas del flanco sur de Chicago o el distrito del Bronx en la ciudad de Nueva York.

Todas las mujeres tenían hijos y eran consideradas jefas de familia.

De 1994 a 1998, casi 1.800 de ellas recibieron vales para subsidiarles la vivienda privada, pero los vales sólo servían en sectores urbanos de altos ingresos en los que menos de 10% de los habitantes eran considerados pobres. Se les requirió que vivieran ahí al menos un año.

Las mujeres restantes fueron divididas en dos grupos. Uno recibió vales que podían utilizar en cualquier vecindario. Las otras mujeres no recibieron vales, con la expectativa de que no se mudarían de lugar.

Diez años después, las mujeres en el estudio fueron pesadas y se les tomó una prueba de sangre para verificar si tenían diabetes. Las que se mudaron a sectores más ricos tenían las tasas más bajas de obesidad extrema y diabetes.

La diferencia sugiere que el cambio hacia un vecindario mejor puede ser útil a cuando menos una de cada 25 mujeres. En otras palabras, el riesgo de una persona de desarrollar diabetes u obesidad extrema se redujo casi 20% con mudarse a un sector urbano de ingresos más altos.

Sin embargo, incluso las mujeres que se mudaron no eran exactamente modelos de salud. Alrededor de 14% de ellas tenían obesidad extrema, el doble del promedio nacional para las mujeres.

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