Ola de asaltos a farmacias en EEUU por adictos

NUEVA YORK (AP). Estados Unidos enfrenta una ola de asaltos a farmacias, en un momento en que adictos desesperados y narcotraficantes menudistas recurren a la violencia para satisfacer la demanda creciente de analgésicos.

Desde Redmond, en el estado noroccidental de Washington, hasta Saint Augustine, en la Florida, los delincuentes amenazan a los farmacéuticos a punta de pistola, antes de escapar con miles de píldoras potencialmente adictivas que pueden venderse incluso a 80 dólares cada una en el mercado negro.

En uno de los crímenes más estremecedores a la fecha, un ladrón ingresó a una farmacia de un barrio en Long Island, Nueva York, el 19 de junio y mató a tiros al dependiente, a una cajera adolescente y a dos clientes, antes de marcharse con una mochila repleta de píldoras de hidrocodona o dihidrocodeinona, una droga opiácea.

"Es una epidemia", dijo Michael Fox, farmacéutico en Staten Island en Nueva York, quien ha sido asaltado dos veces en el último año. "Estas personas son depravadas. Están dispuestas a matar", agregó.

Los robos a mano armada en farmacias aumentaron 81% entre 2006 y 2010, de 380 a 686, informó el Departamento Antidrogas Estadounidense (DEA). El número de píldoras robadas ascendió de 706.000 a 1,3 millones. Muchos de los ladrones se llevan analgésicos de oxicodona, como Vicodin y Norco. Ambos narcóticos son altamente adictivos.

En el estado de Nueva York, el número de asaltos aumentó de dos en 2006 a 28 en 2010. En la Florida, se incrementaron casi seis veces, de 11 a 65. En California hubo 61 robos en 2010, mientras que Indiana registró 45 y Tenesí 38.

La mayoría de los asaltos no deja heridos, pero las autoridades están preocupadas porque creen que el riesgo de que se derrame sangre crece a medida que se multiplican estos casos. En septiembre, un cajero fue asesinado a tiros y una mujer embarazada resultó herida en un pie cuando sobrevino un tiroteo entre un asaltante y un empleado armado en una farmacia de un suburbio de Sacramento, California.

En abril, un sujeto armado mató a un boticario en Trenton, Nueva Jersey, antes de robar 10.000 dólares en píldoras.

Los robos reflejan un aumento en el consumo indebido de analgésicos narcotizantes a nivel nacional, dijo Bárbara Carreño, vocera de la DEA.

"Los drogadictos siempre buscan formas de obtener sus fármacos", dijo Carreño. "Siempre que hay un aumento en este problema, uno lo ve manifestado de estas formas".

Actualmente, los analgésicos que requieren de receta médica para su venta son el segundo fármaco del que se abusa más, después de la marihuana. Unos siete millones de estadounidenses los consumieron ilegalmente a mediados de este año, informó el Departamento de Salud y Servicios Humanos. El número de pacientes atendidos en las salas de urgencias por sobredosis de este tipo de medicamentos se elevó a más del doble entre 2004 y 2008, de 144.644 a 305.885.

Los minoristas de narcóticos podrían estar recurriendo a la violencia en un momento en que las autoridades combaten otras formas de obtener estos analgésicos, dijo Carreño. Muchos estados han instalado sistemas informáticos para combatir una práctica común entre los adictos, que consultan a varios médicos en forma simultánea, a fin de que cada uno de ellos le recete los analgésicos a los que tienen dependencia.

Además, las investigaciones federales han cerrado varias farmacias en internet que seguían prácticas cuestionables.

Ello habría orillado a algunos adictos desesperados a asaltar farmacias pequeñas, como Haven Drugs en Long Island, unos 100 kilómetros (60 millas) al oriente de la ciudad de Nueva York.

Los fiscales dicen que David Laffer, de 33 años, entró a la farmacia en aquel domingo de junio y abrió fuego sin mediar advertencia.

"No anunció que eso era un asalto", dijo John Collins, vicefiscal de distrito. "Simplemente disparó primero luego de conversar un poco con el boticario".

Laffer le dio un tiro en el abdomen al farmacéutico Raymond Ferguson, de 45 años. Luego, mató a la cajera Jennifer Mejía, de 17, antes de hacer dos disparos más a Ferguson, señaló Collins. Acto seguido, el asaltante comenzó a llevarse de los estantes medicamentos de la marca Norco y otros que contienen hidroconona.

Cuando entraron a la tienda los consumidores Bryon Sheffield, de 71 años y Jamie Tacetta, de 33, Laffer se colocó detrás de ellos y les disparó en la nuca, señaló Collins.

Laffer fue un soldado del Ejército estadounidense y trabajó como analista de espionaje. Recientemente había perdido su empleo en una bodega. Tanto él como su esposa Melinda Brady estaban intoxicados tres días después del asalto cuando se les detuvo en su casa, ubicada a 2,4 kilómetros (milla y media) de la farmacia, informó la Policía.

Brady fue acusada de conducir el auto en el que ambos huyeron. Los dos se han declarado inocentes de los cargos que se les imputan.

En contenido publicado en un sitio sobre bodas, Brady dijo que había tomado distintos analgésicos en el año previo a enero de 2009, cuando se casó. Dijo que comenzó tratando de mitigar el dolor tras someterse a varias cirugías bucales. Añadió que el consumo de los fármacos había afectado sus relaciones.

Se trata de un patrón común, dijo Andrew Kolodny, presidente de la organización Médicos por una Prescripción Responsable de los Opiáceos, que defiende un uso más cauteloso de los narcotizantes. Muchos pacientes se vuelven adictos al tomar un medicamento que les fue recetado en forma legítima y recurren a los actos delictivos después de que pierden el empleo y la cobertura de salud, explicó Kolodny.

"La gente con adicciones, que podría ser gente perfectamente buena, hará cualquier cosa horrible para seguir teniendo este suministro", señaló.

Al igual que Laffer, la mayoría de los asaltantes a farmacias son hombres blancos, dijo Richard Conklin, quien opera RxPatrol.com, un sitio de internet que rastrea estos casos. Sin embargo, hay asaltantes de todas las razas y edades.

La Asociación Nacional de Farmacéuticos comunitarios, que representa a 23.000 establecimientos independientes, distribuye letreros que se colocan en los muros, para ayudar a que los empleados calculen la estatura de los asaltantes antes de que huyan.

La cadena de farmacias Walgreens experimenta con cajas de seguridad para guardar medicamentos. La apertura de esas cajas demora varios minutos. El objetivo sería que a los asaltantes se les agote la paciencia y se marchen, en vez de esperar a que abra la caja.

Algunas farmacias contemplan incluso la posibilidad de instalar cristales blindados, como los que se encuentran frente a las cajas de muchas sucursales bancarias.

Sin embargo, Hodges, un boticario de Gloucester, Virginia, se mostró preocupado ante la posibilidad de que las medidas de precaución afecten a los consumidores legítimos, al prolongar la espera para obtener los medicamentos recetados por el médico. Cree que ello podría afectar también la relación entre los farmacéuticos y los pacientes.

Si quienes despachan en las farmacias se ven obligados a trabajar detrás de cristales blindados, ello desalentará a los consumidores de hacer preguntas sobre sus tratamientos, dijo.

"Mientras más sabe un paciente, más saludable estará en el largo plazo", dijo Hodges. "Ellos necesitan tener acceso a su farmacéutico".

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El periodista de The Associated Press Frank Eltman contribuyó a este despacho desde Medford, Nueva York.

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