La angustiosa espera de un enfermo que necesita un corazón

SANTIAGO (AFP) - "Lo que mata es la incertidumbre", comenta en voz baja Jorge Miranda, un enfermo cardíaco agudo que desde hace poco más de un mes está entre los cinco chilenos con mayor prioridad para ser sometido a un trasplante de corazón.

"La espera, la incertidumbre de no saber cuándo será mi turno, de pensar a cada momento en cuándo será, qué día, a qué hora, qué voy a sentir. Todo eso mata", señala a la AFP en una fría tarde del invierno en Santiago.

De 53 años, acaba de salir de una semana internado en el Hospital de la Universidad de Chile. Su enfermedad, miocardiopatía hipertrófica, provoca un engrosamiento de las paredes del corazón, que late con dificultad y esfuerzo al tener un mayor tamaño.

El diagnóstico lo acompaña desde hace años pero se agudizó en los últimos meses, y eso provoca otras dolencias y fallas en sus riñones y el hígado, efectos de una deficiente irrigación sanguínea, que periódicamente lo obligan a pasar una o dos semanas bajo mayor vigilancia.

"Es un desgaste sicológico, moral, pero también económico", asegura.

Un trasplante en Chile cuesta, como mínimo, unos 12.000 dólares según la privada Corporación del Trasplante.

Miranda, casado y padre de tres hijos, dice que él estaba acostumbrado a las certezas. Operador de telescopios en un observatorio en el norte del país, se manejaba entre las cifras exactas del trabajo astronómico.

Por eso la espera por ese llamado que le avisará que llegó su turno lo mantiene en una situación de alerta desgastante. Cuenta que ha perdido unos 15 kilos, que caminar cien metros es un esfuerzo superior y que cualquier actividad como comer, conversar o dormir ya no puede disfrutarlas como antes.

"Me canso, me ahogo. Lo más terrible es irse apagando de a poco", relata este enfermo, uno de los 1.600 chilenos que actualmente espera ser trasplantado para seguir con vida.

"Yo estaba bien, enfermo pero bien. Con mi médico calculábamos que recién en unos tres años más necesitaría trasplantarme. Pero de pronto fue como si se corriera el telón, porque vine a Santiago y los médicos acá me dijeron que si no lo hacía ahora, me quedaban seis meses de vida", relata.

"Ahora es como estar viviendo contra el tiempo. En la cabeza se siente el tic tac de un reloj que avanza".

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