Beijing cambia aceleradamente para abrirse al mundo

BEIJING (AP). Frente a mi gesto de desconcierto, el taxista suspiró hondo y volvió a intentarlo.

"Ha-pi-tu-mi-te-yu", me dijo recalcando cada sílaba.

Bueno, pensé, seis años fuera de Beijing han afectado mi otrora sólido conocimiento del chino.

Pero de pronto caí en la cuenta. El trataba de hablarme en inglés. Le pregunté si había querido decir "Happy to meet you", que equivale a "Encantado de conocerle".

Algo hay que hay que reconocerles a los pequineses: realmente quieren que los visitantes a los Juegos Olímpicos se sientan como en su casa.

En los siete años desde que el movimiento olímpico consagró a la capital china como sede de las olimpíadas del 2008, la ciudad se ha venido transformando en más de un sentido.

A las masas se les han inculcado frases en inglés y se les ha insistido en que no escupan en las calles. Vecindarios enteros son derribados y reconstruidos. Arquitectos occidentales de avanzada son estimulados a crear nuevas construcciones. La antigua capital ha adquirido un rostro moderno.

Hay que internarse en las callejuelas secundarias que las topadoras aún no han alcanzado para apreciar el ambiente tranquilo y pueblerino que durante mucho tiempo distinguió Beijing de las más cosmopolitas Shangai y Hong Kong. Pero el proceso de modernización le ha quitado algo de su encanto.

A los visitantes primerizos y a quienes, como yo, han estado ausentes de aquí durante algún tiempo, puede que Beijing nos produzca un poco de sobresalto. ¿Quién imaginaba que había en el mundo tantas grúas de construcción o que se producía tanto granito, vidrio y acero?

El asombro de presenciar un cambio tan abrupto lo deja a uno cavilando si el resto del mundo puede competir con una potencia que despierta con tanta avidez como China. Desde la llegada al aeropuerto internacional de Beijing, con su nueva Terminal Tres, la más grande del mundo, todo parece diseñado para impresionar.

La modernización facilita la vida al visitante: cajeros automáticos en muchas calles, galerías de arte en antiguas fábricas soviéticas, lugares de reunión para mochileros, hoteles elegantes para los pudientes, centros de compras abiertos por la noche y más clubes nocturnos que los que puede pretender el más parrandero.

Los taxis son limpios, los autobuses nuevos y hay más líneas de subterráneos.

Hay numerosos restaurantes, generalmente limpios, que ofrecen toda variedad de cocina china y muchas extranjeras, un cambio respecto de hace una generación cuando los alimentos eran escasos y los locales, pocos y deprimentes.

Un toque conveniente: muchos exhiben ahora fotos en color de sus platos. No más incertidumbre al ordenar de menús que solían ser exclusivamente en chino, y menos errores en los menús escritos en inglés.

Para recorrer la ciudad, nuevos sitios compiten con las maravillas de la antigüedad como la Ciudad Prohibida y su portón con un enorme retrato de Mao Tse-tung, uno de los escasos recordatorios visibles de que éste es todavía, al menos nominalmente, un estado comunista.

La joya arquitectura olímpica es el Estadio Nacional de 91.000 asientos y 450 millones de dólares que los pequineses llaman Nido de Aves debido al entramado de vigas de acero que lo envuelven. Será escenario de las ceremonias de apertura y clausura y del atletismo.

El masivo despliegue de seguridad impone un interrogante olímpico: ¿acaso la presencia de tantos uniformados les quitará vida a los juegos, los hará sentir dentro de una enorme prisión? Quizás. Pero lo positivo es que si un agente de policía pide a un visitante que se retire de algún sitio, es muy probable que sea atento y comprensivo.

Una "Campaña de Buenos Modales" promueve cortesía y filas ordenadas, y pide a la gente que no profiera insultos ni escupa ni ensucie en la vía pública. Uno de los lemas del gobierno municipal, según la prensa estatal, ha sido "Escupir mata aun más que una bomba atómica". Se han distribuido bolsas para escupir en su interior.

Las autoridades de Beijing también han impartido lecciones de inglés a 400,000 personas, dice la prensa estatal. La mayoría de los taxistas, empleados de hotel y todos los voluntarios olímpicos han recibido instrucción básica de inglés e incluso algunas frases en japonés, ruso y árabe.

Una de las frases que se enseñaron fue "Bienvenido a Beijing, la ciudad sede de los Juegos Olímpicos del 2008. Le recomiendo visitar la Gran Muralla: es una de las siete maravillas del mundo".

Vuelve a paralizar a todo PANAMÁ, en esta 8va temporada


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