Estudiantes inventores obligan a centros a modificar normas

COLUMBIA, Misurí (AP). Tony Brown no pensaba alterar la política sobre propiedad intelectual de su universidad. Sólo quería encontrar una forma más fácil de consultar el alquiler de apartamentos mediante su iPhone.

Al estudiante de la Universidad de Misurí se le ocurrió un día durante una de sus clases un recurso que ha permitido descargar, mediante una modificación del soporte lógico del aparato, más de 250,000 ofertas desde su aparición en marzo del 2009. El software creado por Brown y otros tres estudiantes les valió un viaje a la sede central de Apple y ofertas de empleo de Google y otras empresas de alta tecnología.

Empero, el invento atrajo igualmente la atención de los abogados de la universidad, que súbitamente les exigieron una participación del 25% en la nueva creación y dos tercios de los posibles beneficios. Todo ello planteó la interrogante de ¿quién es dueño de las patentes y derechos intelectuales cuando un estudiante crea en el recinto universitario algo que tiene valor monetario, aunque sin la ayuda de los profesores?.

"Nos quedamos enormemente sorprendidos, y al mismo tiempo intimidados", dijo Brown. "Hay que enfrentarse a una institución mucho más centenaria y experimentada que uno, y con miles de personas. Parecía que la única alternativa era ceder".

El tema ha aparecido en numerosos recintos universitarios, en gran parte por el auge del software modificado por adolescentes en sus dormitorios estudiantiles, que compite con los productos inventados y diseñados por los ingenieros profesionales de la industria cibernética.

Desde hace tiempo las universidades cuentan con normas que rigen los inventos de sus profesores, y que en general les permiten reclamar parte de los derechos a la tecnología creada con los recursos universitarios que tienen un potencial comercial. Empero, en el caso de los estudiantes esa política es con frecuencia vaga porque no eran frecuentes esas ocurrencias.

Debido al potencial pecuniario de las nuevas invenciones, el aspecto legal es debatido ahora en todos los predios universitarios. Muchas universidades "intentan generalmente retener esa propiedad intelectual, o contar por lo menos con un mecanismo oficial para reclamar la propiedad de los inventos de los estudiantes de la misma forma que lo harían con las creaciones del profesorado", declaró el profesor Joshua Powers, de la Universidad Estatal de Indiana especializado en la transferencia de tecnología en los recintos docentes.

Los estudiantes que creen algo quizá se vean obligados a probar que sus creaciones en forma alguna se debieron al hecho de que fueron concebidas en la universidad.

Al final, la Universidad de Misurí cedió en el caso de Brown. Empero, redactó unas normas que otorgan el derecho legal a los estudiantes inventores a sus ideas únicas desarrolladas en circunstancias específicas.

Si la invención proviene de un concurso universitario, un club extracurricular o una iniciativa individual, la universidad renuncia al disfrute monetario e intelectual. Empero, si la invención ocurre bajo la tutela de un profesor, utilizando recursos del centro o dinero procedente de becas, la universidad puede hacer valer su derecho de propiedad, al igual que lo hace en el caso de las investigaciones por parte de sus profesores.

Los beneficios financieros de los inventos concebidos en la universidad son tan sustanciales que tanto los profesores como los centros universitarios acuden a los tribunales de justicia para dirimir sus desacuerdos.

La Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh patrocina un proyecto que ofrece oportunidades de crear en sus predios, asistencia del profesorado y respaldo institucional a los estudiantes emprendedores que han creado decenas de nuevos negocios en los últimos años.

Ese programa le valió recientemente a ese centro académico de Pittsburgh un premio de 100,000 dólares de la Fundación Ewing Marion Kauffman, de Kansas City.

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