Estrellas del tenis penan como cualquier hijo de vecino

NUEVA YORK (AFP) - Ricas y famosas, las estrellas del tenis mundial penan como cualquier hijo de vecino, y casi todos han pasado por experiencias como dormir en hoteles pésimos, viajar en clase económica o ser confundidos con otra celebridad.

Se piensa que por ser millonarios, los tenistas de élite viajan con una corte de ayudantes, pero la mayoría prefiere un discreto anonimato, y eso en ocasiones tiene sus inconvenientes, como comprobaron este año el estadounidense James Blake y el alemán Tomy Haas.

"Para el torneo de Montreal, James y yo llegamos al hotel a las 2h30 de la mañana, debido a un retraso en el vuelo. A esa hora no había nadie en el lobby para llevar las maletas y tuvimos que cargarlas hasta el elevador, para descubrir que no funcionaba, y subir por las escaleras con todo el equipaje. Al día siguiente nos cambiamos de hotel", dijo el alemám Tommy Haas, veterano de doce Abiertos de Estados Unidos.

Otros, como el checo Radek Stepanek, 28 del ránking mundial, han tenido peores experiencias. "Hace siete u ocho años jugué un (torneo) Challenger en la India. En la puerta de mi habitación había un hueco enorme y cuando me desperté por la mañana encontré dos o tres animales bajo mi cama. No fue una experiencia agradable", rememoró Stepanek.

Si algo aprecian las estrellas es la privacidad, pero en algunos casos también les toca el orgullo el no ser reconocidas, como le pasó a Haas en un restaurante de la Florida. Queriendo impresionar a una bella camarera para que le atendiera de inmediato, el novio de la actriz Sarah Foster le dijo quien era, y la joven no le creyó hasta que tuvo que mostrarle el permiso de conducir.

El propio Roger Federer cuenta con diversión una anécdota de cuando jugó su sexto Abierto estadounidense, en el 2004, al año siguiente de haber ganado su primer título en Flushing Meadows. Con el apuro de no llegar tarde al partido, Federer olvidó su credencial en el hotel, y cuando fue a ingresar por la puerta de los atletas no le dejaron pasar. "Alguien de mi entorno dijo quien yo era, pero la señora que estaba a cargo me enseñó el escáner y respondió: 'lo siento, esto es para plástico, no para rostros', y tuve que regresar a buscar la acreditación", explicó el suizo.

Al ruso Nikolay Davydenko, número 5 mundial, le han confundido muchas veces los fanáticos con el croata Ivan Ljubicic. "Tal vez porque ambos somos calvos", bromeó Davydenko, quien dice que en ocasiones ser popular tiene sus inconvenientes. "En una ocasión me puse una gorra y gafas y viaje de Moscú a Alemania en clase turista, para ir de incógnito y poder dormir. Una azafata me reconoció y se lo dijo al capitán de la nave. Me pasé todo el vuelo firmando autográfos", recordó el ruso.

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