2009: Del Potro rompe el monopolio Federer-Nadal

NUEVA YORK (AP). En un circuito largamente bajo el monopolio de Roger Federer y Rafael Nadal, un argentino que mide más de dos metros, delgado como un alfiler y personalidad tímida se tuteó entre los grandes este 2009.

Y Juan Martín Del Potro apenas tiene 21 años por lo que su futuro inmediato promete ser más fantástico.

Cuando Del Potro se alzó con el título del Abierto de Estados Unidos en septiembre, el mundo del tenis presenció el punto cumbre de la evolución del nacido en Tandil y nada menos ante un Federer que apenas unos meses antes había roto el récord de Pete Sampras de 14 títulos de Grand Slam y había hilado 40 victorias seguidas en Nueva York.

Hasta el triunfo en el cemento azulado de Flushing Meadows, Del Potro no había podido con Federer, inclusive sufriendo en enero, durante el Abierto de Australia, una apabullante derrota en tres sets que incluyó un par de 6-0 en los dos últimos parciales.

Pero con cada torneo, cada partido, Del Potro mejoraba sustantivamente tanto en su juego (más movilidad atrás y un saque punzante) como en su físico (ahora sí capaz de tener las fuerzas para jugar partidos largos).

"Todavía es difícil pensar en lo que puedo seguir logrando, es difícil vivir este momento de ganar mi primer Gran Slam", comentaba Del Potro tras su consagración en el Open estadounidense. "Este es el sueño que tenía de chico".

Si había gente que daba como obra casual su título en Nueva York, Del Potro les tapó la boca en Londres al derrotar por segunda vez a Federer para sortear la primera ronda de la Copa Masters y luego alcanzar la final del torneo de fin de año de la ATP.

El triunfo del argentino significó el quiebre de lo habitual en el circuito masculino, donde Federer y Nadal impusieron una dictadura de cuatro años en la que ambos se combinaron para alzarse con 17 de los 18 grandes en disputa.

La temporada comenzó precisamente con otro épico y dramático encuentro entre ambos, en el que Nadal salió victorioso en la final de Australia y dejó a Federer llorando de la frustración.

Cuando se hablaba de la posibilidad de que Nadal tenía al alcance completar el Grand Slam en un mismo año, los papeles se le voltearon repentinamente al español.

Perder en la arcilla de Roland Garros había sido algo por lo que el mallorquín nunca había tenido que pasar hasta que se encontró con el sueco Robin Soderling en los octavos de final del Abierto de Francia. Ahí terminó la racha récord de 31 triunfos de Nadal, quien aquejado por tendinitis en ambas rodillas no pudo hacer la defensa de su título en Wimbledon.

Sin Nadal a la vista, Federer no despreció la oportunidad de leventar en París el único de los Slams que le faltaba por conquistar y unas cuantas semanas después remató en Wimbledon al adueñarse del récord de más majors ganados y de paso desplazar a Nadal del primer lugar del ranking.

Un año redondo en cuanto a felicidad para Federer, quien se casó con Mirka Vavrinec, su compañera de siempre, y tuvo mellizas.

Nadal reapareció en agosto, pero no volvió a ganar un título y fue incapaz de ganarle a jugadores entre los ocho primeros del ranking. Se despidió de la Copa Masters sin ganar un solo partido, aunque tuvo el consuelo de conquistar la Copa Davis con el equipo de España.

Las conjeturas sobre su juego cobraron fuerza, particularmente el que el mismo se vio afectado por una pérdida de peso con el fin de aminorar las exigencias sobre sus rodillas. Otros apuntaron a cuestiones anímicas vinculadas a la separación de sus padres.

Federer tampoco tuvo un cierre maravilloso, pero es comprensible que el suizo se hubiese relajado con su carga de responsabilidades familiares y el haber superado el récord de Sampras. De todas formas cerró 2009 como número uno por quinta vez en seis años.

Mientras los varones ofrecían un año inolvidable y de alto nivel, el circuito femenino daba más la impresión de estar sumido en una crisis de identidad, una en la que es posible que alguien como Kim Clijsters gane un Slam a poco de volver tras un retiro de dos años para dar a luz una bebé.

Figuras hay, obviamente las hermanas Williams, pero la irregularidad y falta de jerarquía es la característica singular estos días. Lo peor que le pudo pasar fue que Dinara Safina alcanzara la cima del ranking sin que la rusa hubiese ganado un Slam.

El patrón es de frecuentes resultados sorpresivos. Ahí esta el caso de Ana Ivanovic, el imán publicitario por su belleza que en el año previo ganó el Abierto de Francia pero que se fue a las primeras de cambio en el US Open.

La fórmula de Safina es de jugar muchos más torneos para sumar puntos, pero se achicó en los momentos decisivos al perder ante Serena Williams la final de Australia y luego ante su compatriota Svetlena Kuznetsova en Francia.

Impresionante lo de Serena al imponerse en Australia y Wimbledon, en este turno sobre su hermana Venus en la final para llegar a los 11 en su carrera.

Pero Serena perdió los estribos en el US Open al ser descalificada por un exabrupto ante una juez de línea al sucumbir en semifinales ante la belga Clijsters, la eventual campeona.

El año culminó con España confirmándose como el mejor equipo de la década al conquistar la Copa Davis por cuarta vez al vencer a la República Checa en la final y convertirse en los primeros en revalidar el título desde Suecia en 1998.

También varios nombres colgaron definitivamente sus raquetas, como Marat Safin, Guillermo Coria y Amelie Mauresmo. Y otros regresan: la belga Justine Henin vuelve en enero y dispuesta a recuperar el número uno del ranking.

El gran escándalo fue la admisión de Andre Agassi, en una autobiografía, de que en 1997 consumió "crystal meth" y que al dar positivo en un control le mintió a la ATP al explicar que el uso fue accidental.

Vive la adrenalina de la 7ma temporada


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