Saladino-Phillips, una repetición del duelo Owens-Long

BERLIN (AFP). El panameño Irving Saladino y el estadounidense Dwight Philipps disputan el sábado en la final de longitud uno de los duelos más esperados del Mundial de atletismo de Berlín, 73 años después del que midió al norteamericano Jesse Owens y alemán Lutz Long en los Juegos de 1936.

En la ronda clasificatoria, el centroamericano se limitó a hacer lo justo para acceder a la final, pero avisó de que está al 100% y con hambre de un nuevo éxito para su brillante palmarés.

"Estoy al 100% y el sábado en la final espero que me salga lo que tengo previsto", comentó el jueves Saladino.

Con 8,16 m en el segundo de sus intentos, un centímetro más que la marca mínima exigida, el centroamericano fue cuarto en las clasificaciones, detrás de Phillips (8,44), el británico Greg Rutherford (8,30) y el sudafricano Godfrey Khotso Mokoena (8,29).

En la final, todo parece que será diferente y la batalla se presenta apasionante. El estadounidense llega a la cita alemana con el aval de la mejor marca de la temporada (8,74), mientras que la segunda está firmada por Saladino (8,63), por lo que se espero un pulso equilibrado, en un escenario histórico

"No estoy preocupado por ningún competidor", señaló Saladino tras la ronda de clasificación en referencia a Dwight Phillips.

El panameño, que ganó el título en Osaka-2007, busca el segundo oro en la historia de su país, y la segunda medalla en Berlín, después de la sorpresiva plata de su compatriota Alonso Edward en 200 metros planos, escoltando al jamaicano Usain Bolt.

El 4 de agosto de 1936, al día siguiente de su oro en 100 metros, Jesse Owens, descendiente de esclavos negros, infligió una dura derrota a la Alemania nazi y la supuesta superioridad de la raza aria.

Pero por la mañana, Owens estuvo a punto de ser eliminado en la serie de clasificación ya que por poco no llega a la distancia requerida de 7,15 metros. Tras dos intentos fallidos, Owens logró clasificarse al posarse exactamente en los 7,15 metros, aún sin prever el momento mágico que le esperaba.

En la final, con Adolf Hitler como espectador, la situación dio un cambio radical: en ella Owens impresionó al ir superándose, hasta conseguir 8,06 metros, un récord olímpico que se mantuvo hasta los Juegos de Roma-1960.

El Olympiastadion berlinés, cubierto de enseñas nazis, fue testigo de una hazaña histórica que no fue del agrado de Hitler, que abandonó su palco.

Pero la historia del deporte tenía reservada una página más, esta vez personal, sobre Owens y Long, entre los que nació una sincera y profunda amistad, que perduró entre sus dos familias hasta la muerte de los dos deportistas: en 1943 la de Long, en el conflicto bélico que asolaba Europa y el mundo, y en 1980 la del estadounidense.

En recuerdo a esa ejemplar relación, Kai Long, hijo del subcampeón olímpico de 1936, y una de las nietas de Owens entregarán el sábado las medallas del salto de longitud del Mundial-2009.

Décadas después, el relevo simbólico está preparado, y tanto Saladino como Phillips parecen en una buena situación para no faltar a su cita con la historia.

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