Tiger Woods: 2 semanas que destruyeron a una leyenda

EU (AP). Tiger Woods tenía que ser un hombre feliz al acomodarse en un asiento de su avión privado para el largo viaje de regreso a casa desde Australia. Casi había completado un exitoso año de regreso al golf, y la gran recepción que tuvo en Australia fue un agradable recordatorio de que condición como el atleta más famoso del mundo.

Los australianos no le habían dado una bienvenida tan calurosa a nadie desde que los Beatles visitaron el país hace más de 40 años. Woods recibió un cheque de tres millones de dólares sólo por presentarse, el aterrizaje de su avión fue transmitido por televisión y los aficionados abarrotaron cada rincón del campo de golf para verlo.

Cuando se iba, alguien mencionó que nunca había visto tanto alboroto en un torneo.

"Yo tampoco", ripostó Woods.

Siempre bajo control, Woods coqueteó con sus anfitriones con una imprecisa promesa de que regresaría. Si lo hacía, podrían estar seguros de que sería bajo sus propias condiciones, y podrían estar seguros de que el precio aumentaría.

Tras el final del vuelo, había algo de tiempo para recargar baterías antes de culminar la temporada con su propio torneo al norte de Los Angeles. Mientras tanto, Woods realizaría una breve escala en Stanford para ser exaltado al Salón de la Fama deportivo de la universidad.

Woods estuvo en la cancha esa noche como capitán honorario del partido contra California. Era una postal de una familia aparentemente perfecta: el hijo de un militar estadounidense negro y una mujer tailandesa, vestido con su sudadera roja de Stanford, y sosteniendo una gorra roja en un brazo y a su hija de dos años en el otro. Su esposa sueca, Elin, estaba parada a su lado, utilizando lentes oscuros y una bufanda alrededor del cuello.

El día anterior, Woods había contestado preguntas para los 1,3 millones de seguidores que tiene en su página de Facebook. La última era de un fanático de Houston llamado Rupert, quien quería saber cuán difícil era dejar a su familia para viajar a torneos.

"Es muy difícil dejar a Elin y los niños, y estoy seguro de que se va a poner más difícil", contestó Woods.

El mejor golfista del mundo no tenía idea de lo difícil que las cosas se iban a poner.

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