Cabrera y los Tigres deben ver el ejemplo de Hamilton

NUEVA YORK (AP). Miguel Cabrera fue enfático cuando hace un año llegó a los entrenamientos de primavera y afirmó que le enfadaba que se le describiese en la prensa como un "alcohólico".

El vergonzoso episodio ocurrido esta semana, en el que quiso tomarse un trago de una botella de escocés frente a un policía, confirma que el venezolano tiene un problema grave y que es uno del cual parece no ser consciente.

A favor de Cabrera, sin embargo, está la fortuna de ser un súper estrella de las Grandes Ligas que viene de su mejor temporada y que siempre está en la discusión para el premio al Jugador Más Valioso.

También le quedan cinco años de contrato con los Tigres de Detroit, con un monto que alcanza los 106 millones de dólares.

Ese contrato es intocable, sin un mecanismo que pueda ser anulado con argumentos sobre la conducta personal del primera base. El sindicato de peloteros tampoco tolerará una rescisión.

¿Qué deben hacer los Tigres y Cabrera?

Los Tigres no pueden desprenderse de Cabrera, pero tampoco se pueden quedar de brazos cruzados.

El seguir así los expone a riesgos reiterados como el ocurrido en 2009, cuando el toletero se vio involucrado en una pelea con su esposa tras pasar una noche bebiendo y el gerente Dave Dombrowski tuvo que irlo a recoger en la comisaría.

Era el último fin de semana de la temporada, en la que los Tigres dilapidaron una cómoda ventaja al frente de la división Central de la Liga Americana. Cabrera se fue de 4-0 y dejó seis corredores en base en el juego que perdieron tras al incidente.

Un primer paso es que Cabrera no se presentó el sábado a su primer día de entrenamientos en Lakeland, Florida, y posiblemente se ausentará varios más.

Aunque no se atrevió a referirse a la posibilidad que Cabrera se someta a un programa de terapia sobre abuso de alcohol, el gerente Dave Dombrowski señaló que el jugador consultará con doctores y que éstos serán quienes determinarán un tratamiento.

"Sabe que en el pasado tuvo un problema de alcohol que encaró, que recibió asesoramiento, y que se apartó de ese programa", dijo Dombrowski. "Lo admite y hará lo que sea necesario para rectificar".

Esto es lo correcto.

Pero los Tigres pueden y deben exigir más de Cabrera, quien en abril cumplirá 28 años.

Aquí es donde el ejemplo de Josh Hamilton ofrece el antecedente más inmediato sobre cómo lidiar con alguien metido en una situación similar.

Los Rangers de Texas decidieron que Hamilton tuviese a un coach _Johnny Narron_ dedicado exclusivamente a acompañarle todo el tiempo.

La historia de Hamilton es bastante conocida, un talento fuera de serie que el año pasado ganó el premio al Jugador Más Valioso de la Americana, por encima de Cabrera en la votación, casi una década después que cayó adicto a la cocaína y el alcohol.

¿Qué hacía Narron? Era el hombre que llevaba consigo el dinero de gastos diarios (unos 90 dólares) que reciben los jugadores cuando salen en giras fuera de casa. Se alojaba en una habitación contigua, comían juntos y leían la Biblia. Guía, mentor y chaperón, de todo eso ha hecho Narron.

Cuando se reincorpore al equipo, Cabrera seguramente se mostrará arrepentido por lo ocurrido esta semana y _cobijado por la solidaridad de sus compañeros_ encontrará en el béisbol una vía de escape.

Sus números seguirán monstruosos (.328 de promedio con 38 jonrones y 126 impulsadas en 2010) pero la cuestión no es tan fácil como la describió el manager Jim Leyland.

Obviamente más preocupado por la temporada regular de 162 juegos, Leyland habló que todo estaba bien, que el equipo no se vería afectado en lo más mínimo y proclamó que Cabrera va a tener la mejor campaña de su vida.

"Sus compañeros lo van a recibir con los brazos abiertos. Y van a querer verlo batear jonrones por el muro del derecho y central con dos hombres en base", dijo Leyland. "Lo va a hacer. No se pongan ansioso sobre si esto afectará al camerino y la armonía, toda esa basura".

Ninguna mención de ayuda, ni nada por el estilo. Si quiere ganar una segunda corona de Serie Mundial, pues Leyland debe dejar a un lado los buenos deseos y usar su influencia para que Cabrera supere sus problemas.

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