El Clásico Mundial ya raya en la farsa

NUEVA YORK (AP). Pobrecito Jake Peavey. Lo suyo fue como una práctica de bateo. El Cy Young por unanimidad en 2007, fue masacrado por la artillería de Puerto Rico con seis carreras en dos innings.

Si ese partido hubiese sido por la temporada regular con sus Padres de San Diego, Peavey no habría tenido que aguantar en el montículo hasta terminar las dos entradas.

Pero la coyuntura fue un juego por el Clásico Mundial de Béisbol, un torneo en lo que todos los días ocurre algo estrafalario.

Tal fue la explicación del manager de Estados Unidos sobre por qué Peavey tuvo que permanecer en el montículo.

"Fue para que tuviese un poco más de trabajo", dijo Davey Johnson. "Lo malo que (el trabajo) no fue del bueno, pero necesitaba trabajar. No fue una simple cuestión de que había sacarlo en el segundo inning. Había que dejarlo hacer su trabajo".

¿Perdón? ¿Este es un torneo en serio o son partidos de exhibición de pretemporada? El criterio enunciado de Johnson hace pensar que, al menos para Estados Unidos, el fogueo con la mira puesta en la campaña regular de Grandes Ligas va por encima de la necesidad de ganar el campeonato.

Johnson también causó asombro cuando prácticamente dio a entender que dio el partido por perdido y luego deslizó la posibilidad de retirar al equipo si sufren más lesiones.

Si así es la cosa, pues ya no cabe duda alguna: el Clásico es realmente una farsa. El antes, durante y problemente lo que se vendrá después cabe como esperpéntico.

Un Clásico cuyo brillo se vio comprometido cuando grandes figuras, como Johan Santana y Albert Pujols, se ausentaron debido a los obstáculos puestos por sus equipos de Grandes Ligas que evitaron la participación de jugadores que recién salían de lesiones.

Aparte que en la República Dominicana nunca olvidarán la eliminación en primera ronda a manos de Holanda, uno de los legados de este torneo ha sido el uso frenético de los "clickers", esos aparatos en manos de los coaches de pitcheo para evitar que los lanzadores se pasasen del límite de 75 pitcheos.

El 11-1 que Puerto Rico le propinó a Estados Unidos fue el sexto juego en lo que va del torneo que debió ser interrumpido por abultamiento de carreras, lo que deja mucho que desear sobre la calidad.

A futuro, si el propósito es que el Clásico tenga un prestigio bien ganado, las actuales reglas sobre pitcheo requieren ser modificadas.

Y de paso habrá que hacer algo con respecto a la forma como el propio equipo de Estados Unidos se toma el torneo, si el país gestor del mismo lo considera como una mera exhibición.

La epidemia de lesiones que en un lapso de un fin de semana dejó fuera a Chipper Jones, Dustin Pedroia, Ryan Braun y Matt Lindstrom ha puesto en relieve las diferencias en cuanto a preparación física que separa a los estadounidenses con respecto a los demás.

Aumentar los rosters será de poco ayuda. Treinta jugadores, en vez de 23, sólo atizará los reclamos de jugadores sentados en la banca en plena época en la que se tratan de ponerse a tono para la temporada regular en las Grandes Ligas. Una posibilidad podría reducir el número de días de descanso en la programación, los cuales subieron en esta segunda edición al introducirse el formato de doble eliminación.

"Estamos muy temprano en la primavera y los muchachos no están al mismo nivel de preparación que los jugadores latinoamericanos y asiáticos", declaró Johnson al esgrimir como argumento que la competencia tiene como ventaja sus ligas de invierno.

Bueno Davey, faltan cuatro años para el próximo Clásico. Pónganse a entrenar.

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