¿Por qué el estadio de los Rays está siempre semivacío?

NUEVA YORK (AP). Evan Longoria y David Price no supieron contener el enojo.

Sus Rays de Tampa Bay están con un pie adentro en la postemporada, pero algo más de 12,000 aficionados acudieron el lunes por la noche a su estadio para un juego en el que tenían la posibilidad de asegurar su pase a la postemporada.

"Vergonzoso", escribió Price, el as de la rotación de los Rays, en su cuenta de Twitter.

Longoria, la gran figura ofensiva del club y que no jugó por una dolencia en el cuádriceps izquierdo, tildó de "descorazonador" semejante floja asistencia.

"Hemos hecho una gran temporada. Desde que llegué en '06, los fanáticos pedían un buen equipo. Querían un equipo que peleara por el campeonato", dijo Longoria. "Ya llevamos tres años buenos y encontrarnos en una situación en la que estamos a punto de clasificarnos otra vez e ir a los playoffs, pues estamos todos confundidos sobre por qué apenas 15,000 ó 20,000 están en el estadio".

La cifra exacta que fue al Tropicana Field de 12.446, muy por debajo del promedio este año de 23,047. El aforo del parque techado es de 36,973. Pese a ser el equipo con el mejor récord de la Liga Americana y al umbral de su segundo avance a los playoffs en tres años, los Rays son novenos en asistencia en el circuito.

No pudieron ganar el partido del lunes ante los Orioles de Baltimore y tendrá que esperar un poco más para sellar su boleto, pero el debate giraba en los dichos de Price y Longoria.

Ambos se apuraron después en aclarar lo que habían dicho, Price disculpándose por si "ofendí a alguien" y Longoria matizando que lo suyo no debe interpretarse como una crítica a los aficionados.

Tales reproches, en realidad, no tienen mucho sentido, de la misma manera que el dueño de una zapatería salga a quejarse que no tiene clientela. La gente que vive en Tampa Bay y St. Petersburg _la ciudad vecina donde se encuentra el estadio_ no han firmado un pacto para ir a cada juego con fervor religioso.

El problema no es realmente de apatía, sino de cuestiones geográficas para una franquicia que debutó en 1998: ni siquiera juegan cerca de la parte más populosa de la región en el oeste de la Florida. Para ir los partidos, el interesado debe armarse de paciencia para cruzar el largo puente que conecta Tampa con St. Petersburg, aparte de lidiar con los embotellamientos de tráfico.

Lo otro es que la población en esa zona del país está conformada por gente que huyéndole al frío de los inviernos se ha mudado de otros estados, principalmente en la coste del Noreste, de ciudades como Nueva York y Boston.

Es por eso que cuando los Yanquis y los Medias Rojas van de gira, la sensación que se crea es que ellos son los equipos de casa y los Rays los visitantes.

En resumidas cuentas, los Rays tienen sus fieles fanáticos, pero ni se acercan a la magnitud de los que siguen a otros equipos centenarios.

Así que no se sorprenda con ver a un equipo radicalmente diferente la próxima temporada ante la amenaza de sus dueños de reducir salarios.

Tampoco sorprende que se mencione a los Rays como un franquicia que eventualmente sea trasladada a otra ciudad si la situación es completamente insostenible.

La semana pasada, en Nueva York, el dueño del equipo Stuart Sternberg fue explícito al advertir que ni siquiera una consagración en la Serie Mundial evitará que desistan de sus planes de recortar la nómina.

"Desafortunadamente, no hay nada que pueda evitar eso entre hoy y abril, a menos que (el manager) Joe Maddon se gane la lotería y quiera hacer una donación, o que yo gane la lotería", declaró Sternberg.

Después de varios años en la que su nómina oscilaba en los 30 millones, los Rays alcanzaron esta campaña una cifra récord de 71,9 millones, inversión que palidece con lo que se gastan los Yanquis y Medias Rojas, sus principales rivales en su división.

Según Sternberg, los Rays no pueden mantener su actual gasto con lo que perciben en taquillas, y afirmó que este año ni cerca están de obtener ganancias.

La idea es bajar a 50 millones y esto sólo significa que podríamos estar viendo a varios jugadores claves en sus últimos juegos con el equipo.

¿Quiénes pueden irse?

Para comenzar, el jardinero izquierdo Carl Crawford y el primera base dominicano Carlos Peña. Crawford se perfila entre los jugadores más cotizados en el próximo mercado de agentes libres y Peña aún puede exigir 10 millones anuales.

También pueden dejar ir a los relevistas dominicanos Rafael Soriano (cerrador) y Joaquín Benoit (preparador) si los previstos pedidos de aumentos de éstos en la agencia libre superaran los límites de los Rays.

"Es nuestra realidad y no tenemos otra opción", afirmó Sternberg.

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