Boca Juniors despierta una pasión rabiosa en sus hinchas

BUENOS AIRES (AP). Los hinchas de Boca Juniors gustan decir que son la mitad más uno de la población de Argentina.

Aunque esta cifra es exagerada, no cabe duda que los fanáticos "xeneizes" siguen a su equipo con una pasión desbordada que pocos clubes de fútbol pueden presumir.

Esta pasión quedará en especial evidencia este fin de semana cuando Boca enfrente en su cancha La Bombonera a su eterno rival, River Plate, en el superclásico del fútbol argentino y latinoamericano.

Cada vez que Boca juega de local, la ensordecedora hinchada ruge por jugadores como el delantero Martín Palermo y el enlace Juan Román Riquelme y grita insultos contra los rivales.

Y eso es sólo para empezar: a medida que el juego avanza, las bengalas estallan sobre las gradas, las banderas azul y oro flamean en una ola y las trompetas y bombos gimen al unísono.

"Esta cancha, porque es tan cerrada, tiene mucha acústica, entonces las hinchadas contrarias y los jugadores contrarios sienten la presión muchísimo", dijo Antonio Obrador, un empleado de Boca de 77 años que lleva cuatro décadas dando masajes a los pies de los jugadores del equipo.

"La hinchada de Boca alienta los 90 minutos... no termina de cantar, tocar los clarinetes y bombos. Otras hinchadas, hay momentos que se callan, aún más si van perdiendo. En cambio si Boca va perdiendo, siguen gritando", agregó Obrador, quien por años atendió los pies del héroe del fútbol argentino, Diego Armando Maradona.

El ganador del superclásico puede cambiar cada año, pero el fanatismo de los hinchas de Boca nunca disminuye. Si no pregúntenle a Fernando Bonda, quien trabaja en una parrilla frente a La Bombonera.

"La gente de Boca tiene una locura por el fútbol. Nunca falta ningún partido", dijo Bonda, de 20 años.

"Si pierde Boca, se van todos a casa con la cabeza gacha. Si gana, se quedan acá 40 horas charlando y festejando. Primero son de Boca y segundo de Argentina", agregó el empleado de la parrilla decorada con afiches de los jugadores "xeneizes" desde la década de 1930.

Otras decenas de pósters son exhibidos cruzando la calle en el "Museo de la pasión boquense", que glorifica el fervor de los fanáticos que se mantienen cantando a viva voz aún cuando los jugadores ya se han ido de la cancha y el alma de la vida comercial y cultural del barrio de La Boca, una comunidad con un pasado de inmigrantes italianos.

"La pasión boquense, es sentirla o no sentirla. Te tiene que surgir, muchas veces es de herencia", dijo la empleada del museo Daniela García, de 19 años, enfundada en cuatro brazaletes con los colores de Boca y un rosario azul y dorado.

"Un partido no es sólo venir e ir a casa después. Es todo: la euforia, la tensión, los nervios y cómo se vive antes y después con los amigos y la familia", añadió.

Inundados por el rugido de la hinchada de Boca, los visitantes extranjeros que presencian un partido en La Bombonera --que en los últimos años ha sido incluida como punto de interés en los circuitos turísticos de Buenos Aires-- podrían creer que la mayoría de los argentinos le rezan al altar "azul y oro".

Aunque uno de los apodos del equipo "la mitad más uno" exagera la cantidad real de fieles "xeneizes", Boca es el equipo argentino con mayor número de simpatizantes, de acuerdo con varios sondeos.

Una encuesta nacional reciente reveló que 4 de cada 10 argentinos son de Boca, comparados con 3 de cada 10 que siguen a River, según la consultora privada Equipos de Investigación Social (EQUIS).

"La pasión boquense es mucha alegría, mucha felicidad", dijo a AP el entrenador Carlos Ischia. "Esto es lo que siempre demuestran los boquenses", agregó en medio de un centenar de niños que pedían un autógrafo al director técnico y Palermo en un evento de caridad realizado días atrás en el museo boquense.

Marcos Cazón, de 10 años, que vive a cinco cuadras de La Bombonera, recibió una camiseta autografiada y un fuerte abrazo de Palermo. Sus tres hermanas sacaban fotos frenéticamente mientras su madre, Gloria Acosta, se enjugaba las lágrimas.

"Maradona también vino de un barrio pobre", dijo Acosta. "Estos chicos quieren ser como Maradona".

Maradona es un confeso hincha de Boca, aunque inició su carrera profesional con Argentino Juniors y apenas jugó con la camiseta "xeneize" dos años antes de emigrar a Europa. A su regreso a Argentina volvió a jugar con Boca de 1995 a 1997.

La amiga de Acosta, Mirta Franco, sonrió de lado.

"En otros países puede ser que los sueños de los chicos sean conocer un cantante o un actor famoso", dijo Franco, que vive a tres cuadras del estadio y se dedica a la venta de recuerdos de Boca. "Acá no. Los sueños de los niños son conocer a un jugador de Boca".

Como una broma, Franco se acercó a murmurarle a Cazón al oído que, en realidad, era hincha de River.

"Te compro una bici (bicicleta) nueva si sos de River", trató de convencerlo.

"Lo haría por hacerlo nada más", respondió el niño. "Pero mi corazón todavía sería de Boca".

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