Enfurecidos hinchas egipcios se sumergen en política

EL CAIRO (AP). Los generales que gobiernan Egipto tienen un nuevo enemigo: las legiones de enfurecidos fanáticos de fútbol que han infundido fervor en las recientes protestas que exigen la renuncia de los militares y enfrentaron a la policía durante varios días en las calles de El Cairo.

Conocidos como Ultras y percibidos durante mucho tiempo como unos vándalos, se han politizado cada vez más desde el levantamiento del año pasado, y fueron empujados al límite por los disturbios mortales en un partido de fútbol, este mes.

Es una señal de cómo el turbulento manejo de la transición por parte de los militares está llevando cada vez a más egipcios al activismo en un momento en que muchos se sienten frustrados con los generales que tomaron el relevo de Hosni Mubarak hace un año, y por el crecimiento económico y los problemas de seguridad.

A los miembros de los Ultra se les atribuye haber jugado un papel importante en el levantamiento popular de 18 días que derrocó al dictador Hosni Mubarak, así como en los recientes enfrentamientos callejeros con la policía. Fueron los principales defensores de la plaza Tahrir, epicentro de la insurrección, cuando los partidarios de Mubarak cargaron contra los manifestantes sobre camellos y caballos el 2 de febrero de 2011, uno de los peores días de la sublevación.

La muerte de 74 personas en los disturbios del fútbol la semana pasada, en su mayoría Ultras que apoyaban al club cairota Al-Ahly, ha desatado tal furia en las bases del movimiento que muchos esperan que los Ultras salgan aún en mayor número en futuras protestas callejeras, ya sea contra los gobernantes militares o para presionar por reformas más amplias.

"Su participación en las protestas aumentará significativamente", predijo Mohamed Gamal Bashir, autor de un libro en árabe sobre los Ultras, publicado en diciembre.

"Las autoridades los convirtieron en un enemigo y eso es un gran error. Tienen pasión, no tienen expectativas y no quieren ser etiquetados políticamente. En pocas palabras, ingresaron a la lucha, pero no les preocupan los frutos probables de su papel".

La historia de enemistad de los Ultras con el régimen los condujo a las filas de los manifestantes prodemocráticos que derrocaron a Mubarak.

Durante cuatro años antes de la caída del dictador, los Ultras se enfrentaron casi todas las semanas con las fuerzas de seguridad en los estadios egipcios y fueron sometidos a arrestos aleatorios, detenciones e intimidaciones. Su base se alimentó de miles de jóvenes descontentos, desempleados y sin educación que despreciaban a la policía y a un régimen que les ofrecía pocas esperanzas para el futuro.

Desde los disturbios mortales, los Ultras han sido ensalzados por la prensa independiente y los activistas de derechos como patriotas valientes que comparten los ideales de los revolucionarios detrás del derrocamiento de Mubarak.

"Defendemos lo que está bien, no alardeamos y no buscamos reconocimiento por lo que hacemos", declaró uno de los líderes de los Ultras, que sólo quiso ser identificado por su primer nombre, Salá.

Pero los elogios han ocultado el origen del movimiento: hinchas más bien agresivos que solían estar dispuestos a liarse a golpes con los seguidores de los clubes rivales y con las fuerzas de seguridad.

Los hechos de violencia del 1 de febrero, los peores relacionados con el fútbol en la historia de Egipto, ocurrieron en la ciudad mediterránea de Port Said, donde el Al-Ahly, el equipo más popular del país, visitaba al Al-Masry, en un cotejo de liga. Al-Masry se impuso por 3-1.

Las muertes de tantos hinchas de Al-Ahly, en su mayoría jóvenes, ha dominado la agenda política de Egipto durante los últimos días, ocupando los titulares de la prensa y alimentando numerosas teorías de conspiración.

Algunos afirman que las fuerzas de seguridad intervinieron para vengarse de la barra de Al-Ahly, por su participación notoria en las protestas del año pasado en la Plaza Tahrir y en las manifestaciones posteriores contra el gobierno.

Muchos activistas y comentaristas han atribuido los hechos trágicos a la negligencia de policías y militares, pese a varias señales de alerta antes del partido, en el que se enfrentaban dos equipos con una larga historia de animosidad y violencia entre sus seguidores.

Tras las muertes, ocurrieron varios días de choques entre la policía y manifestantes en El Cairo y en otras ciudades del país. En esos enfrentamientos perecieron 15 personas, en su mayoría en El Cairo.

En un hecho que intensificó la furia de los hinchas, el líder militar del país, mariscal de campo Hussein Tantaui, desestimó la tragedia en declaraciones a la prensa, al considerarla un "incidente que puede ocurrir en cualquier lugar del mundo".

Un segmento más numeroso de la población se indignó cuando Tantaui dijo que se sentía irritado por el hecho de que la gente en el estadio no hubiera sido capaz de impedir los hechos de violencia, un comentario interpretado como exhorto a que los egipcios se hicieran justicia por su propia mano.

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