Mundial: Fantasma del "Maracanazo" cada vez más presente

JOHANNESBURGO (AP). Oscar W. Tabárez no cree en el destino. Pero a Uruguay le están pasando cosas raras que hacen pensar que podría ser un equipo predestinado.

Y muchos empiezan a sentir el fantasma del "Maracanazo", la gesta más grande en la historia del fútbol uruguayo, ahora que la Celeste llegó a las semifinales de la Copa Mundial por primera vez en 40 años.

¿Cómo explicar, si no, la forma en que eliminó a Ghana?

Segundos antes de la conclusión del alargue, con el partido empatado 1-1 y los africanos presionando, Ghana estuvo dos veces a punto de anotar. En las dos ocasiones, con el arquero Fernando Muslera vencido, apareció un salvador sobre la raya, que rechazó el balón.

¿Quién fue ese enviado del cielo? Alguien que supuestamente no debería estar allí, su goleador Luis Suárez, el jugador más adelantado en el esquema uruguayo.

Cuando Suárez vio que Muslera no pudo despejar un balón aéreo y el arco quedó desguarnecido, instintivamente se plantó en la raya, junto a Jorge Fucile. El primer remate ghanés lo rechazó con una pierna. El segundo, con las manos.

Fue el máximo sacrificio que se le puede pedir a un artillero como él, acostumbrado a anotar goles, no a evitarlos: tocar el balón con la mano dentro del área, consciente de que será expulsado y suspendido.

Suárez le dio una última bocanada de aire a Uruguay, y lo resucitó. Asamoah Gyan se encargó del penal y su tiro dio en el travesaño. Uruguay seguía con vida y definiría su suerte desde los 12 pasos.

Ese milagro fue tan solo uno de numerosos elementos que seguramente alimentarán la leyenda de esta nueva gesta uruguaya. Igual que la forma en que Sebastián Abreu ejecutó el penal que clasificó a los "celestes" a las semifinales, con un tiro picado, que se demoró una eternidad en entrar al arco.

Algunos dijeron que ejecutar un penal así era irresponsable. Tabárez, quien ha forjado un grupo muy unido --capaz de "poner lo que hay que poner" cuando las papas queman, según su propia definición--, opina distinto.

"Yo le llamo clase, categoría. Y lo felicito", declaró.

Y qué decir de la reacción de Maximiliano Pereira cuando falló su penal, tirando a las nubes, justo después de que Muslera atajase un disparo ghanés.

Todo jugador que atravesó por esa circunstancia a lo largo del torneo estalló en lágrimas y pasó a ser la imagen de la derrota. Pereira miró al cielo e hizo una sonrisa picarona, que reveló un espíritu ganador, que no se había entregado.

Tal vez le contagió ese espíritu a Muslera, que acto seguido detuvo otro penal, y a Abreu, que convirtió el suyo con su osado remate, sellando la victoria uruguaya.

Tabárez no sabía cómo explicar el triunfo: "No tengo palabras. Sólo sé que no hicimos un buen partido, pero ganamos".

"Están los que creen en el destino y en cosas predeterminadas. Yo no creo en esas cosas".

Pero, si no es el destino, ¿entonces qué? Aquí hay algo más que suerte.

El milagro del estadio Soccer City es apenas un nuevo capítulo en la saga mundialista de un Uruguay que desafía los pronósticos.

El equipo, que representa a un país de apenas 3 millones de habitantes, llegó al mundial por la puerta trasera. Terminó quinto entre los diez participantes en la eliminatoria sudamericana y se clasificó derrotando a Costa Rica en un repechaje.

Luego se vio favorecido por el sorteo, que lo dejó en un grupo parejo.

Se suponía que Francia, finalista en el último Mundial, se llevaría una de las dos plazas que avanzaban a la segunda ronda y que Uruguay, México y el país anfitrión, Sudáfrica, pelearían la segunda.

Francia, sin embargo, llegó con un equipo plagado de conflictos y terminó último. Uruguay ocupó el primer lugar de la zona tras ganarle a México, en un partido en el que no especuló con un empate que también lo clasificaba.

Ese inesperado primer puesto implicó que no jugaría con equipos grandes en las dos ruedas siguientes. Despachó a Corea del Sur en los octavos de final y luego enfrentó a Ghana.

El próximo obstáculo es Holanda, que eliminó a Brasil con dos goles fortuitos. Si vuelve a ganar, Uruguay llegará a su primera final desde la del "Maracanazo", como se recuerda el triunfo ante Brasil en 1950 en el Estadio Maracaná.

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