En Sao Paulo, se vive la fiebre del Mundial... y las figuritas


En Brasil la Copa del Mundo es omnipresente, incluido en un centro comercial de Sao Paulo, donde cada fin de semana cientos de niños y adultos canjean febrilmente figuritas Panini del Mundial para completar su álbum antes de la final del 13 de julio.

"Con mi marido Paolo, tenemos tres álbumes de la Copa. Uno para nuestro hijo Gabriel, de 11 años, otro para Pedro, de 7, y un tercero para él", y Andrea dirige su dedo hacia su vientre redondeado, ya que espera para octubre al pequeño Miguel, que recibirá su álbum "cuando nazca".

Andrea y Paolo están sentados en el suelo del Shopping Eldorado, en el medio de un centenar de personas, que como ellos han venido a buscar algunos cromos que todavía les faltan.

"Venimos todos los sábados y domingos desde abril sin los niños. En realidad, somos nosotros los más apasionados", explica Paolo, que asegura llevar gastados "puede que 300 reales" (unos 135 dólares).



El álbum Panini de la Copa del Mundo, lanzado al mundo entero poco antes del inicio del torneo, tiene 74 páginas y 640 pegatinas. En Brasil, el paquete de cinco cromos cuesta un real (0,45 dólares). Cada pegatina lleva la imagen de un jugador del Mundial, pero también de los estadios, los escudos de cada selección y de la mascota del torneo, un tatú.

Para rastrear las imágenes que les faltan, los coleccionistas de todo el mundo se dan cita en sitios de internet como www.laststicker.com, donde encuentran los lugares de intercambio y entran en contacto entre ellos.

Estos cromos, que muchas generaciones de escolares han pasado horas canjeando, celebraron en 2011 sus 50 años de existencia con una exposición en Roma, en la que se reconstruía la historia del grupo fundado en 1961 por cuatro hermanos en Módena.

Conocidos especialmente por sus álbumes de futbolistas, el primero de ellos nació para el Mundial-1970 de México. Visto el éxito de la fórmula, Panini extendió el mismo concepto para las series de televisión o las grandes sagas de Hollywood.

En Sao Paulo, otros centros comerciales como el Morumbi Center acogen con agrado a los aficionados.

"Casi he acabado mi álbum, sólo me falta el cromo de la mascota del Mundial, el tatú bola llamado Fuleco", explica Charly, un niño estadounidense de 10 años que vive en la metrópolis brasileña. El joven ha venido acompañado de su madre, Anne, y de una amiga de la familia, Chanel, de 27 años.

"Estoy aquí para ayudar a Charly y a su hermano Johnny, que tiene 15 años. Están completamente enloquecidos por estos cromos", confiesa la joven con una hoja en la mano donde están escritos los números de los cromos que les faltan y que va tachando a medida que van encontrando.



"La regla es que nunca hay intercambio de dinero", explica Carlos, de 51 años, que acompaña a su hijastro Henrique, de 8.

"La otra es [que se canjea] un cromo por otro, aunque algunos sean más difíciles de encontrar que otros".

"¡Yes!", se escucha de pronto. Charly ha encontrado por fin la joya que le faltaba al realizar su última transacción con una joven japonesa.

"Lo que es increíble es que ya ha completado dos álbumes y ahora comienza el tercero", se sorprende su madre.

¿Pero qué tiene que ver el fútbol con todo esto? "Con Henrique miramos casi todos los partidos del Mundial", asegura Carlos.

"Conoce a casi todos los jugadores de memoria. Pero yo hincho por Brasil y él por Alemania, el país de su madre", explica.

Llegado desde "hace horas", Isaias, un brasileño de 22 años, comienza a preocuparse seriamente.

"Acabo de comenzar el álbum y me faltan todos los grandes jugadores, como los brasileños Neymar, Hulk y Fred. Y si llegan a la final, todavía van a ser más difíciles de encontrar", se lamenta.

ebe/rs/lbc/lmm.

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