Como jugador, la ausencia de Beckham no se sentirá

PARIS (AP). David Beckham tendrá que ver el próximo Mundial por televisión y se le echará de menos.

En cuanto a fútbol, sin embargo, la pura verdad es que su ausencia pasará inadvertida.

Por un lado da pena que la fractura del tendón de Aquiles zurdo frustrará la ilusión de Beckham, a sus 34 años, de estar en su cuarta Copa del Mundo. A una edad tan avanzada para un futbolista, la gravedad de la lesión también implica que nunca más podrá jugar con Inglaterra.

Más lento en la cancha y tras haber dejado de ser indispensable, Beckham no se perfilaba para ser el máximo goleador o estar en las figuras de Sudáfrica 2010. Tampoco tenía una garantía que el seleccionado Fabio Capello lo iba a convocar. Y de hacerlo, Beckham seguramente iba a estar relegado a la banca de suplentes como una especie de mentor para Theo Walcott o Aaron Lennon.

Beckham lo sabía, pero no le importaba. Lo único que quería era estar ahí, para su último y cuarto Mundial. No tenía nada que ver con el dinero (le sobra) o para promover su imagen como imán publicitario (la misma es inmune a lo que haga en la cancha).

Esta vez su motivación era pura. Su deseo era eclipsar el récord del ex arquero Peter Shilton de 125 partidos con la selección inglesa. Estaba convencido que sus dos décadas de experiencia ayudarían a la causa del equipo. Quería redimirse de sus tres decepcionantes mundiales anteriores: su expulsión en 1998 ante Argentina le convirtió en villano y las lesiones mermaron su potencial en 2002 y 2006.

Su dedicación en el último año fue admirable, tapándole la boca a los escépticos que insisten que al futbolista actual sólo le interesa el dinero. Para persuadir a Capello de que todavía podía ser útil en sus planes, Beckham no se daba respiro al jugar con dos equipos en extremos opuestos del planeta, el Galaxy de Los Angeles y el Milan.

Ahora, a raíz de su lesión, uno debe preguntarse si el tendón de Beckham le traicionó debido a que no le había dado suficiente tregua en los últimos 12 meses en su afán por impresionar a Capello.

Beckham solía restarle importancia cuando le mencionaban si tal vez se estaba arriesgando demasiado, inquietudes que ahora son proféticas. Pero no quería perderse el Mundial y para ello sacrificó hasta de su propio bolsillo para compensar al Galaxy y así jugar más en su préstamo con el Milan.

También se dedicó con entusiasmo a promover la candidatura de Inglaterra para conseguir la sede del Mundial de 2018. Fue el personaje que se robó la atención durante el sorteo de grupos de Sudáfrica 2010 el pasado diciembre.

Es una ironía trágica que lo hecho por Beckham en Milan logró el cometido de impresionar a Capello, pero al mismo tiempo fue su maldición al lesionarse en la parte final del partido que su club italiano le ganó 1-0 al Chievo Verona el domingo para situarse a un punto del líder Inter,

"David es un tremendo profesional y trabajó duro para estar en el Mundial, así que perdérselo será un golpe muy fuerte", dijo Capello.

Pero el italiano es demasiado diplomático para salir a decir que estaría destrozado si el lesionado hubiese sido Wayne Rooney, Steven Gerrard, John Terry, Rio Ferdinand u cualquier otro pilar de la selección.

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