El lujoso aislamiento de Alemania en Brasil

Navegando por el manglar entre río y mar, el transbordador va hacia el pueblo de Santo André, en el noreste brasileño, para llegar a "Campo Bahia", el campo base de Alemania en el Mundial-2014, en una zona aislada y singular.

Cualquier aficionado, turista o periodista que venga de Porto Seguro, a una treintena de kilómetros, debe primero cruzar el río Joao de Tiba, donde se mezcla con el océano Atlántico en la Costa del Descubrimiento, la de Brasil por los portugueses en 1500.

El ambiente mundialista se plasma en los postes pintados alternativamente con los colores de Brasil y de Alemania y en dos pintadas en las que se hace rimar FIFA y mafia, adornadas con unas cruces gamadas mal pintadas, borradas en la tarde del lunes, así como en la presencia de varios efectivos de seguridad y decenas de periodistas.

Y llegamos a Santo André, con sus pocos centenares de habitantes, su guiño literario con la posada Víctor Hugo y "Campo Bahía".

Recién terminado, es un complejo residencial moderno de 14,7 kilómetros cuadrados que da a una playa, cerrada para la ocasión.

Contrariamente a lo que se dijo, no fue construido a petición de la Federación Alemana (DFB) sino que fue proyectado hace cinco años por un grupo de empresarios alemanes. En todo caso, fue lo dijeron una vez que se hizo público la elección definitiva de la DFB de instalarse en él, tras el sorteo de la fase de grupos en diciembre.

El responsable de la logística Georg Behlau visitó 30 hoteles en Brasil en dos años y el hecho de optar por una construcción nueva en detrimento de la amplia variedad ya existente pudo haber sembrado cierto malestar entre las autoridades brasileñas...

Hacía falta un campo base que no fuera muy grande para no perjudicar el "espíritu de equipo", y que no estuviera demasiado alejado de las tres ciudades del noreste donde jugará la Nationalmannschaft en la primera vuelta (Salvador, Fortaleza, Recife), había explicado recientemente Oliver Bierhoff, manáger del equipo alemán.

La DFB, oficialmente el primer huésped de las instalaciones, pudo expresar algunos deseos con la inclusión de un sistema de filtración de agua para hacerla potable.

Tras llegar el domingo por la mañana, la delegación ya se ha organizado: los 23 jugadores disponen de habitaciones individuales pero deben compartir cuatro pabellones, con un salón y un jefe por edificio: Lahm, Schweinsteiger, Klose y Mertesacker. "Lo importante es que los jugadores arreglen sus cosas en casa, asuman sus responsabilidades y estén reunidos", subrayó Bierhoff.

Este organización facilita también la comunicación, según el exdelantero, que cohabita con los tres entrenadores (el seleccionador Joachim Löw y sus dos ayudantes).

Todavía quedaban "pequeños problemas" con algunos puntos de luz o de agua, "pero estamos a gusto y que todo no sea perfecto hace las cosas más interesantes", dijo Oliver Bierhoff, hablando de "energía positiva".

Es cierto que dos arquetipos parecen chocar frontalmente: el rigor alemán y la tranquilidad brasileña. "Tenemos que adaptarnos a la situación del país, aceptar las condiciones y no echar pestes en cuanto algo no funciona", advirtió el secretario general de la DFB, Helmut Sandrock.

El centro de prensa está instalado en el complejo hotelero del pueblo. A unos kilómetros se encuentra el terreno de juego, con un césped excelente, donde los indígenas de la tribu local de los Pataxos desearon el lunes un feliz cumpleaños a Klose (36 años).

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