Un día rojo de euforia y tristeza en Rio de Janeiro

La euforia de los chilenos y la tristeza de los españoles vestían el miércoles de rojo, el color de las camisetas de miles de hinchas de ambas selecciones, tras un histórico partido que enterró a la campeona del mundo e impulsó a Chile a los octavos.

Cabizbajos, un grupo de hinchas españoles viajaban silenciosos en el metro desde el estadio Maracaná hacia la playa de Copacabana, rodeados de chilenos felices tras su triunfo 2-0.

"Me siento muy defraudado. No es normal esto, fuimos campeones. Al equipo le ha faltado garra. Se la hemos regalado a los chilenos", dice Carlos Romero, un madrileño de 40 años que trabaja en el sector de seguros en Rio de Janeiro.

"Chile puso muchas ganas. Y para nosotros es el fin del ciclo, se ha acabado", dice en referencia a la generación dorada española que ganó el Mundial de 2010 y las Eurocopas de 2008 y 2012.

El abogado español Javier Alberto Soto, de 44 años, cree que su selección "tuvo poco corazón y no salió a ganar".

"Estoy triste, pero voy a tomar alguna copa y festejar con los chilenos. Si encuentro un pisco chileno, me lo tomo", asegura este madrileño que reside en Miami.

Los chilenos no pueden creerlo y festejan el resultado de este partido que consideran histórico.

"Estoy anonadado, para Chile esto es inédito; fue espectacular", dice Sergio Romero, un ingeniero sanitario de 33 años que salió en coche de Iquique (norte de Chile), atravesó Bolivia para ver a su selección enfrentarse a Australia en Cuiabá (centro oeste de Brasil) y finalmente llegó Rio.

Romero estimó que un 70% de la hinchada del Maracaná era chilena. "¡Y además los brasileños hinchaban por Chile!", celebra.

Un hincha español que sólo quiere ser identificado como Raúl cruza la oscura plaza Cinelandia de Rio de Janeiro a grandes pasos, solo, huyendo de la fiesta.

"Esto era inevitable después del otro día", dice en referencia a la derrota de España 5-1 ante Holanda.

La selección "no ha hecho el relevo generacional, pero no esperaba tantos goles. A ver si ganamos por lo menos el próximo partido ante Australia, si metemos algún gol", añade este recepcionista de un hotel en el Reino Unido, de 36 años.

Chile perdió con España en los Mundiales de 1950 y 2010, pero "no diría que esto fue una revancha, o una venganza. Tiene el saborcito dulce de ganarle a un campeón", confiesa el chileno Mauricio Mesa, un agente de viajes que vino a Rio a ver el partido con su hijo y su sobrino.

Los hinchas de ambas selecciones anticipaban de alguna manera el resultado tras lo sucedido en sus primeros juegos del Mundial.

"Los españoles conquistaron a los mayas, a los aztecas, a los incas, y no pudieron con los araucanos. Como los mapuches, somos fieros en la cancha", decía antes del partido Patricio Tapia, un chileno de 45 años que trabaja en la mina de cobre de Chuquicamata, en el extremo norte de Chile.

Tapia se refería así a la Guerra de Arauco en la que los mapuches, la mayor etnia del país, y otros indígenas resistieron la conquista española por 300 años en el sur de Chile a partir del siglo XVI.

"El viaje fue larguísimo", de más de 6.000 km, contó mientras se agachaba para mostrar las piernas hinchadas.

"Salimos del desierto, cruzamos las montañas, pasamos por Salta, en el norte argentino, llegamos a la triple frontera (de Paraguay, Argentina y Brasil) y a las cataratas de Iguazú; eso fue impagable. Fue un regalo de Dios, como el que tendremos hoy en el Maracaná".

Antes del partido, algunos españoles -inclusive bailarinas de flamenco con espectaculares vestidos de volantes amarillos, rojos y negros - y sobre todo chilenos se paseaban por Copacabana en este día "invernal" de 28ºC.

Una familia tomaba agua de coco bajo una gran sombrilla de un bar terraza, mirando a los brasileños jugar futvóley en la arena frente al Atlántico sur. Son españoles, pero nadie llevaba la camiseta.

"Estamos camuflados", dijo sonriendo y algo resignada Ana Rosa Linde, una profesora de biología de Asturias que vive en Japón y está casada con un brasileño.

"Hoy es un día histórico para España, y también para mí, porque me traje a mi padre de 83 años de Asturias a Rio a ver el partido. Pase lo que pase, ya me siento campeona".

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