Froome con menos botín que nunca

 La sonrisa reina en el Sky de Chris Froome, amarillo en la primera jornada de descanso del Tour de Francia, como en 2013 cuando ganó su primer Tour, como en 2015 cuando sumó el segundo.

Pero la formación británica, siempre atenta a todos los detalles, no deja escapar que su jefe de filas afronta las dos decisivas semanas finales con un colchón más fino, una renta más ajustada que en las dos veces que acabó subiendo al escalón más alto del podium de París.

En ambas ediciones, Froome estuvo secundado por el colombiano Nairo Quintana y en los dos casos el ciclista del Movistar elevó su nivel a medida que pasaban los kilómetros, pero siempre le pesaron los tiempos que había perdido en la primera semana.

En esta ocasión, la carrera ha salido con los diez primeros de la general en un minuto. Pero en la formación Sky, de puertas para adentro, lo que más preocupa es que solo hay 23 segundos con Quintana, cuarto, aunque el propio Froome repita que no es su único rival.

El laboratorio británico ha comenzado a analizar cada cifra. En 2013, cuando Quintana no era todavía jefe de filas, Froome basó su triunfo final en un ataque demoledor en Aix-3-Domaines, nada más que el Tour entró en contacto con la alta montaña en los Pirineos.

El oriundo de Kenia logró una renta de 2.02 minutos en las ocho primeras etapas, ventaja que tenía cuando llegó la primera jornada de reposo, a la que llegó ya vestido de amarillo. Acabó ganando el Tour con 4.20 sobre Quintana.

Al año siguiente se retiró antes de que llegara la montaña, tras sufrir varias caídas en una primera semana muy accidentada, pero el año pasado, repitió el esquema de su primer triunfo.

En el primer puerto de alta montaña, en la cumbre pirenaica de La Piedra de Saint-Martin, Froome soltó un latigazo prodigioso que le permitió llegar al primer reposo con una renta de 1.56 sobre el colombiano, que en las primeras jornadas había dejado algún tiempo tras verse cortado en un abanico.

Quintana esperó al rally alpino de la última semana para recortar tiempo, pero al final le separaron 1.12 del maillot amarillo final.

Froome no ha podido soltar subiendo este año a Quintana, que se ha pegado como una lapa a la rueda del británico, confiado en que a medida que pasen los kilómetros la fatiga haga más mella en las piernas del británico que en las suyas.

Solo el audaz ataque en el descenso de Peyresourde en la segunda etapa pirenaica permitió al defensor del título lograr 13 segundos en la meta de Bagnères-de-Luchon, a los que sumó los 10 de la bonificación por haber ganado la etapa.

Froome arriesgó mucho para conseguir una renta pingüe si se compara con la que tenía en las ediciones pasadas, pero a cambio asestó un golpe moral a sus rivales, afectados en un primer momento pero que con el paso de los días, han ido moderando el pesimismo.

Quintana afronta la recta final del Tour en mejores condiciones que en sus dos anteriores asaltos, mientras Froome lo hace con menos botín.

En Movistar juegan a desquiciar a Froome, en obligarle a arriesgar más de la cuenta, a que desgaste a su equipo por encima de sus posibilidades.

"No vamos a volvernos locos", asegura el colombiano, que afronta con una sonrisa las críticas a su estrategia conservadora, convencido de que el tiempo corre de su parte y que, por el momento, marcan muy de cerca al británico. 

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