Lewis Hamilton, en busca del récord

MELBOURNE (AFP). Después de haber ganado el Mundial de pilotos en 2008 en un épico final, el británico Lewis Hamilton (McLaren-Mercedes), un campeón cuestionado pero seguro de su capacidad, aborda la temporada 2009 con una insaciable sed de récords.

"Sigo queriendo ganar carreras, sigo queriendo terminar delante. Ganar diez Grandes Premios en 2009 sería un buen objetivo", decía no hace mucho en una de sus escasas entrevistas.

"Miren a Michael Schumacher o Ayrton Senna. Eran respetados y siguen siéndolo porque eran los mejores. Yo todavía no estoy a su nivel", admite en el número de abril de la revista masculina 'GQ'.

"Fascinado" por el tricampeón mundial brasileño, que falleció pilotando en la carrera de Imola en 1994, Hamilton confiesa que le enorgullecería igualar en número de títulos a Senna.

Pero, cuando le preguntan si puede superar el récord del 'Kaiser' Schumacher, campeón en siete ocasiones (1994, 1994 y de 2000 a 2004), su respuesta es clara. "Todavía soy joven. Si sigo en el circuito diez años más, todo es posible", señaló.

"Un día quiero que la gente diga que yo fui el mejor. Así que tengo que ganar, ganar y ganar", añade haciendo gala de su gran seguridad en sí mismo.

Siempre positivo, a veces demasiado, Hamilton tiene una autoconfianza inaudita y su supersónica trayectoria deportiva parece darle la razón.

Con cinco años se subió por primera vez a un kart y tenía apenas el doble cuando Ron Dennis lo descubrió. Aquel niño mestizo, con "una familia estupenda y un padre genial", según el jefe de la escudería McLaren-Mercedes, siempre estuvo dispuesto "a hacer los mayores sacrificios para ser campeón del mundo". Sin una "adolescencia clásica con fines de semana familiares, tardes en casa de los amigos o fiestas, todas esas cosas 'normales'", como él mismo explica, maduró muy deprisa.

Ese método acaba dando frutos. "Su primera cualidad la vimos en el karting, en las fórmulas de promoción, en GP2: no abandona nunca", dice el tetracampeón mundial Alain Prost, que le pronostica un futuro radiante.

Tenía tan sólo 22 años en 2007, cuando Ron Dennis le dio el volante de una de las 'flechas de plata'. En su primera temporada está a punto de ganar el título pero un desacostumbrado error en el último Gran Premio le condena al segundo puesto, a un punto del finlandés Kimi Räikkönen (Ferrari).

Su orgullo, que a veces le lleva a mostrarse arrogante, algo que disgusta sobremanera a los demás pilotos, le sirvió por lo menos para superar su gran decepción tras rozar el Mundial con los dedos.

Y, sin perder tiempo, en 2008 se tomó la revancha. Con 23 años, 10 meses y 26 días, ganó el título por un punto, gracias a un adelantamiento en la última curva de la temporada con el que se lo arrebató al brasileño Felipe Massa (Ferrari), que ya creía haberse proclamado campeón ante su público.

"Para ser campeón, hay que aprovechar todas las oportunidades", decía Ron Dennis. "El las aprovechó todas. Hizo un gran trabajo", señaló.

Ahora el campeón del mundo más joven de la historia de la Fórmula 1 tendrá que confirmarlo en 2009, al volante de un McLaren-Mercedes bastante decepcionante en los ensayos de pretemporada.

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