En el tenis, Nadal fue amo y señor durante el 2008

NUEVA YORK (AP). El manto de la noche estaba por arropar a Wimbledon ese 6 de julio, día en el que se disputó el partido más memorable en la historia del tenis.

Cuando la luz del día se hacía casi imperceptible, Rafael Nadal había destronado a Roger Federer como campeón de Wimbledon al cabo de un maratón de cinco sets que duró exactamente 4 horas y 48 minutos, con un par de interrupciones por lluvia de por medio.

La victoria en el césped de La Catedral no fue cualquier otra: un cambio de guardia se estaba dando en el deporte.

Primer español en coronarse en el All England Club desde Manolo Santana en 1966, Nadal pegaba el golpe que aceleró el derrocamiento de Federer como número uno del mundo, un reinado que duró 237 semanas consecutivas.

Fue un logro impensable, uno en el que el mallorquín de 22 años desafió los patrones establecidos. Es singularmente llamativo ver a un jugador, cuyo estilo se basa en potencia y golpes de efecto, capaz de hacer en forma impecable, en cuestión de semanas, la transición de la arcilla a la hierba.

Su quinto triunfo en un Slam le permitió convertirse en el primer tenista desde Bjorn Borg en 1980 en consagrarse campeón en el polvo de ladrillo del Abierto de Francia _ por cuarto año seguido _ y el césped de Wimbledon.

Nadal finalmente ascendió a la cima el 18 de agosto, un día después de adjudicarse la medalla olímpica de oro en los Juegos de Beijing.

Pero si le preguntan, ni siquiera ahora se cree que sea el primero del mundo, manteniendo intacta su reverencia y respeto hacia la figura de Federer.

"Probablemente vaya a ser número dos de nuevo en unos pocos meses. Uno nunca sabe. La presión no cambia", dijo Nadal cuando en octubre le entregaron el trofeo que lo acreditó como el primero del ranking.

Para Federer, en cambio, este fue un año de vicisitudes, aunque tampoco se queja mucho.

Se suponía que el 2008 iba a ser el año en el que suizo iba a eclipsar definitivamente el récord de 14 títulos de Grand Slam en manos de Pete Sampras y cimentar su figura como el mejor jugador de todos los tiempos.

No se dio. Debilitado por una mononucleosis al cierre de la pasada temporada, Federer culminó el año con cuatro títulos, entre ellos el del Abierto de Estados Unidos, más el oro olímpico en dobles. Igual fue una cosecha magra al medirlo con los excepcionales estándares a los que acostumbró en el pasado.

Nadal se encargó de romper la racha de 40 victorias consecutivas de Federer en Wimbledon, así como un récord de 65 en césped. En total sufrió 15 derrotas, y no sólo fue Nadal quien empezó a tomarle la medida. Andy Murray, por ejemplo, le derrotó tres veces.

Federer vino a redimirse en la parte final cuando en septiembre rescató el consuelo del título del US Open, situándose a uno más de los cuatro grandes para alcanzar el récord de 14 de Sampras, a la vista dentro de un mes en el Abierto de Australia.

La Nadal-Federer es una rivalidad que promete seguir derramando tinta.

El propio Sampras vislumbra a ambos superando su récord de Slams.

"Si uno lo piensa, Rafael tiene tantas posibilidades de ganar más de 10 torneos que nadie. Creo que Roger va a romper esta marca en los próximos dos años y creo que Rafa, si gana más Abiertos de Francia, y si gana un par de torneos de Wimbledon, podría tener por lo menos de 10 a 12 campeonatos de Grand Slam cuando termine su carrera, si no es que más", destacó Sampras.

Eso sí, ya no son los únicos en el candelero. No se puede perder la vista a Novak Djokovic, Murray, Jo-Wilfried Tsonga y Juan Martín Del Potro, entre un nutrido grupo de jugadores por debajo de los 23 años que están golpeando la puerta.

Con su triunfo en Australia, Djokovic puso fin al monopolio que ejercían Nadal y Federer en los torneos grandes, y le puso broche al conquistar la Copa Masters.

El argentino Del Potro dejó de ser promesa e irrumpió entre los 10 primeros del mundo, el mejor latinoamericano en el ranking. Lo hizo con una segunda mitad fenomenal, en la ganó cuatro títulos en cinco finales e hilvanó una racha de 23 triunfos consecutivos.

Los laureles de Nadal no fueron lo único notable para el tenis español. Los ibéricos acumularon un total de 16 títulos, culminando el año con una sorpresiva victoria como visitantes ante Argentina en la final de la Copa Davis.

Cuando Nadal tuvo que desistir ir a Argentina debido a una lesión, todo hacía presagiar que el equipo de casa lograría finalmente ganar la Ensaladera de Plata. Pero Feliciano López y Fernando Verdasco se encargaron de amargar a los argentinos.

Mientras Nadal luchó a capa y espada ascender a la cima, el circuito femenino pareció ser un carrusel por el número uno, que cambiaba de manos como si fuese una papa caliente que nadie podía retener por mucho tiempo.

El inesperado retiro de Justine Henin fue lo que provocó la inestabilidad. Citando fatiga, la belga se retiró a la prematura edad de 26 años y con siete Slams en su cuenta personal.

Maria Sharapova, campeona en Australia, heredó el primer lugar al producirse el retiro de Henin, pero lo perdió en cuestión de semanas ante la serbia Ana Ivanovic, triunfadora en el Abierto de Francia.

Ivanovic duró poco, ya que su compatriota Jelena Jankovic la desplazó en agosto e inmediatamente después Serena Williams se adueñó del mismo al imponerse en el Open estadounidense. Serena no pudo sostenerse y nuevamente Jankovic ascendió al sitial, pese a que en sus pergaminos aún no aparece la conquista de algún Slam.

Juegan con un mínimo número de turnos, pero cuando afrontan las grandes citas, las hermanas Williams siguen demostrando que están por encima. Venus lo demostró al ganarle a su hermana menor para alzarse con su quinto Wimbledon. Serena le devolvió el favor al vencerle en los cuartos de final, camino a su coronación en el Open.

Las Williams tratan de regular sus compromisos dentro de una calendario que arranca en la primera semana de enero y termina a mediados de noviembre.

El coro de voces que se quejan sobre el efecto nocivo de tantos torneos es cada vez mayor, incluyendo a las grandes estrellas ahora más activos en airear sus reclamos.

Nadal cerró con una tendinitis en la rodilla derecha, forzándole perderse la final de la Davis y la Copa Masters. El propio Federer acabó con la espalda adolorida. Igual con las mujeres. Maria Sharapova no jugó desde agosto por una molestia en el hombro.

Tanto la ATP como la WTA han tratado de hacer modificaciones, pero poco hace pensar que las cosas cambiarán a corto plazo.

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