Abundan los abusos de los trabajadores en Catar

En un folleto de la empresa, el conglomerado estatal a cargo de los medios de transporte a ser usados por los aficionados que vendrán a Catar a la Copa Mundial del 2022 publicita las "excelentes viviendas" de sus 10.0000 empleados. No menciona, sin embargo, que algunos viven como en latas de sardinas, con camas tan cerca una de otra que sus ocupantes se pueden dar la mano.

Semejantes condiciones laborales están prohibidas por un decreto del gobierno catarí, pero siguen presentes y son prueba de que los abusos en esta nación petrolera no se limitan a la industria de la construcción, el sector más cuestionado por los detractores de Catar, que ha empleado legiones de obreros de Asia y Africa para erigir la espectacular capital Doha en medio del desierto.

Los conductores de los taxis y autobuses azules de Catar --todos parecen ser migrantes-- se alojan en un complejo amurallado del lúgubre sector industrial de Doha. Las paredes exteriores y una bandera que cuelga en la entrada principal llevan el nombre de Mowasalat, la firma de transportes del gobierno que planea colocar 7.000 taxis durante la Copa Mundial. Allí, entre lo que queda de autobuses quemados y taxis que no funcionan, los centros comerciales de lujo y las torres de la era espacial del centro de Doha parecen de otro planeta.

En uno de los pabellones de dormitorios, la Associated Press vio dos docenas de literas agrupadas de a tres en lo que algunos conductores dijeron debía ser un salón recreativo con mesas de ping pong y otros pasatiempos. Los conductores indicaron que 30 de ellos estaban alojados allí y que había otros pabellones que la AP no visitó que están igualmente atestados. En el salón que vio la AP, los hombres colgaban ropa y toallas de las cabeceras de las camas porque no había armarios. En una esquina, un hombre afeitaba a otro. Los conductores dijeron que vivían así desde hacía meses.

Los verdaderos dormitorios parecían un poco mejores: seis hombres por cuarto, también en camastros, y armarios con llave para las pertenencias personales. Pero incluso estos cuartos parecían violar el decreto ministerial del 2005 que estipuló que no se debe alojar a más de cuatro trabajadores por dormitorio ni se los debe hacer dormir en literas.

Los conductores afirmaron que vivir tan estrechos es física y moralmente agotador. Se pelean por el nivel de los acondicionadores de aire y quienes duermen luego de turnos largos son despertados por compañeros de habitación que se preparan para otra jornada por las calles atestadas de Doha. Varios dijeron que trabajan en condiciones de esclavitud y que hay un sistema de apartheid.

Mowasalat no respondió a preguntas de AP hechas por correo electrónico a su director de comunicaciones Khalid Hassan Kafoud. Pero pudo mostrarle una foto que tomó de la sala de "recreación" donde son alojados numerosos trabajadores a varios ejecutivos de la empresa cuando almorzaban tras asistir a un acto en Doha.

Eso pareció movilizarlos. A los pocos días la AP contactó a un conductor por teléfono, quien le dijo que había sido transferido a otro pabellón, en el que estaba un poco mejor, aunque seguía compartiendo el dormitorio con una quincena de personas y durmiendo en camastros.

Del otro lado de la ciudad, en otro complejo de viviendas para personal que trabaja en la Copa Mundial, la historia es muy diferente.

Trabajadores del sudeste asiático que construyen el estadio al-Wakrah duermen tres por habitación, algunas de las cuales tienen su propio baño. Cuentan con camas con todas las de la ley, no camastros, y cortinas que les dan más privacidad. El complejo cuenta con una piscina. En un comedor gratis, los trabajadores llenaban sus platos de arroz, pan y curries.

Los organizadores de la Copa Mundial permitieron una visita guiada de la AP para demostrar que tratan bien a los trabajadores. El personal que trabaja en la Copa Mundial tiene estatutos especiales, aprobados el año pasado, que estipulan que tienen "derecho a ser tratados de modo tal que se asegura en todo momento su bienestar, su salud y su seguridad".

El documento de 50 páginas detalla cómo deben manejarse los contratistas y dice que deben pagar a tiempo, ofrecer alojamiento decente y tratar bien a los empleados.

Dirigentes del comité organizador de Catar dicen que por ser quienes asignan los contratos para las obras, están en condiciones de exigir mejoras en el trato de los empleados.

"He tenido que hacer varias llamadas telefónicas a contratistas para decirles, 'lo siento, compadre, pero estuvimos en tus instalaciones. Creemos que no están tratando a su personal como queremos que sean tratados, por lo que cancelaremos el contrato", afirmó Tamim el-Abed, director de proyectos del estadio Lusail, donde se jugarán el partido inaugural y la final.

"Se apresuran para arreglar las cosas pero son arreglos cosméticos y nosotros nos damos cuenta", agregó. "A veces mejoran realmente las instalaciones".

"Hay que cambiar la cultura", sostuvo.

La instalación de al-Wakrah es la excepción, no la norma, en un país que organizará la primera Copa Mundial jamás hecha en el Medio Oriente y que ha visto empañada su imagen por los abusos que sufren los trabajadores. Son abusos bien documentados que incluyen condiciones que Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otros organismos describen como trabajo forzado. Las muertes de trabajadores también causan alarma. El asesor especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los migrantes Francois Crepau informó en abril que había escuchado "relatos según los cuales muchos de estos hombres mayormente jóvenes regresan a sus países en un ataúd".

El tema de los trabajadores de obras relacionadas con la Copa Mundial saca a la luz un problema más amplio que genera acusaciones de doble moral.

Hay quienes quieren reformas más profundas, que permitan a todos los trabajadores librarse de condiciones laborales abusivas. Los obreros que trabajan en obras de la Copa Mundial son apenas un porcentaje menor de la fuerza laboral de migrantes.

"El que se creen dos categorías (de trabajadores), que es lo que se está haciendo, no constituye un legado importante", afirmó Nicholas McGeehan, investigador de Human Rights Watch especializado en el Medio Oriente. "Está bien proteger a los trabajadores de la Copa Mundial. Pero ¿qué se hace con los trabajadores del transporte, con los conductores de taxi, con quienes trabajan en la limpieza? ¿No se merecen lo mismo?".

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