Aeropuertos fantasma, símbolo de debacle económica española

CIUDAD REAL, España ( AP). Los relucientes edificios se elevan en la árida llanura central de España.

Si te acercas, notas algo extraño en el Aeropuerto Central de Ciudad Real. No hay aviones a la vista. De hecho, no hay nadie. Escuchas el paso de algunos autos a la distancia.

Se trata de uno de los " aeropuertos fantasma" de España, proyectos ambiciosos costeados por el contribuyente que ayudaron a generar un boom económico y que ahora simbolizan el despilfarro que contribuyó a la debacle.

Fue pensado como un aeropuerto auxiliar para Madrid y tiene una de las pistas más largas de Europa. Sin embargo, no hay prácticamente marcas de neumáticos en ella, que recibe un puñado de vuelos por semana. Su enorme terminal, que debía recibir 2,5 millones de pasajeros al año, es una caja de resonancia en la que cualquier sonido genera un eco.

El derrumbe de la economía española marcó la suerte del Central, pero hay quienes dicen que se trata de un proyecto condenado al fracaso de antemano pues se encuentra demasiado lejos de la capital.

España lucha ahora por superar la crisis, que generó un desempleo del 21%, derivada sobre todo del desmoronamiento de la industria de la construcción. El Central es un ejemplo de lo que sucede cuando las cosas no se hacen bien.

Sin embargo, abundan los indicios de que España no aprendió las lecciones que dejó la crisis. Hace poco se anunció la construcción de un tren de alta velocidad en Galicia, en el noroeste de España, en una región no muy poblada. Algunos economistas creen que el proyecto es una extravagancia. Pero siguen proyectándose puentes y carreteras a pesar de que no hay dinero para esas iniciativas.

" Teníamos grandes esperanzas en el Central, creíamos en él. Pensamos que iba a ser la salvación de la región", comentó el conductor de taxis de Ciudad Real Enrique Buendia. " Pero no se puede mezclar la política con los negocios".

De hecho, fue una combinación poco saludable de política y negocios lo que dio lugar a elefantes blancos como el aeropuerto de Ciudad Real, una urbe de 74,000 personas. España tiene un largo historial de proyectos dudosos costeados por el estado que alimentan las ambiciones de políticos y empresarios.

Los aeropuertos y otras iniciativas ilustran cómo los gobiernos regionales e instituciones de ahorro vinculadas con el gobierno contrajeron deudas que tomará años saldar.

Los analistas dicen que las deudas regionales es uno de los factores que más afecta las posibilidades de España de reducir su déficit, que en el 2009 representó el 11,2% del producto bruto. La Unión Europea dispuso que para el 2013 no puede superar el 3%.

El Central es un aeropuerto ajetreado comparado con el Huesca, construido hace dos años en el norte de España y cuyos 30 empleados no verán un vuelo por seis meses. Su restaurante funciona, pero sirviendo a personas de la zona atraídas por su buena comida.

También está el Castellón, construido en una zona donde abundan los aeropuertos. Costó 150 millones de euros, fue inaugurado en marzo y todavía no ha recibido un solo vuelo. Probablemente no lo haga por bastante tiempo ya que aun debe conseguir una licencia para operar.

Castellón fue construido porque supuestamente se iba a instalar un parque temático en la región, proyecto que sigue en veremos y cuyo futuro no es promisorio.

En su entrada planean instalar una estatua de 24 metros (79 pies) de Carlos Fabra, presidente provincial de Castellón que encargó el proyecto y que ha sido investigado varias veces bajo sospecha de corrupción.

" Hemos reemplazado nuestra obsesión con los ladrillos y la construcción de casas por una obsesión con carreteras, trenes de alta velocidad y ladrillos, pero es todo el mismo cuento", expresó Fernando Fernández, profesor de macroeconomía en la IE Business School de Madrid.

" Es como un adicto a las drogas que trata de desintoxicarse", manifestó. "La economía estuvo creciendo por la construcción los últimos diez años y eso crea todo tipo de malos hábitos".

León, la ciudad del presidente de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, le está dando uso comercial a un aeropuerto militar pero llegan apenas unos pocos vuelos por semana.

La ciudad de 200,000 habitantes cuenta con carreteras modernas y por allí pasará un tren bala a ser construido en Galicia.

Murcia, en el sur, cuenta hoy con un segundo aeropuerto a media hora del primero, que bastaba y sobraba. Ahora se habla de que también se construirá uno en Toledo, a una hora de Ciudad Real.

Buena parte del problema deriva del hecho de que España tiene 17 regiones semiautónomas.

" Este es un país de feudos, como en la Edad Media. Todos quieren su aeropuerto, su centro de convenciones y su tren rápido", declaró Stephen Matlin, director ejecutivo de la inversora Matlin Associates en Madrid.

" Uno o dos aeropuertos no son un problema. El problema surge cuando tienes cientos de miles de proyectos y comprometes miles de millones de dólares aquí y allá", señaló.

Los dos principales partidos políticos de España defienden los proyectos de infraestructura y se acusan mutuamente por los excesos.

Ambos aducen que cuando se elaboraron los proyectos más cuestionables, nadie avizoró la crisis que se vino.

Rafael Simancas, vocero del Partido Socialista, dice que en los últimos 20 años España se embarcó en muchos más proyectos de infraestructura que sus vecinos más ricos porque había perdido terreno durante la dictadura de Francisco Franco, que duró hasta 1978.

Algunos analistas afirman que a menos que España comience a invertir en nuevos modelos económicos, educación, investigación y desarrollo, podría producirse un desastre.

" Estamos manteniendo la vieja estructura económica del país", dijo Fernández. " En lugar de invertir en nuevas destrezas, gastamos dinero tratando de mantener a la gente ocupada para dar la impresión de que estamos reduciendo el desempleo".

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