Azúcar cubana: el agridulce sabor de la transformación

MATANZAS, Cuba (AP). Wilfrido Nuñiz trabaja duro y está ahora más contento que nunca. En tres años quintuplicó su salario haciendo lo mismo de toda su vida: desempeñándose como productor cañero, un sector histórico en la isla que pasó por épocas duras pero ha sabido adaptarse a los tiempos modernos.

Las autoridades cubanas revelaron esta semana que en el 2008 se produjeron 1,4 millones de toneladas de azúcar (contra los 1,2 millones de toneladas en la zafra precedente), cantidad que esperan mantener en esta temporada.

"Creo que antes no sabíamos hacer las cosas. Había riego, combustible, maquinaria, pero ahora estamos produciendo más", comentó a la AP Nuñiz, durante un recorrido de periodistas por el corazón cañero de la isla, la provincia de Matanzas a unos 200 kilómetros de la capital.

¿El cambio? Un programa que formó parte de la reestructuración y por el cual los hombres comenzaron a ganar un salario de acuerdo con lo que producían de caña y --sin dejar de dedicarse mayoritariamente a la gramínea-- se les autorizó a usar algunas parcelas para cultivos varios que ellos podrían también comercializar por su cuenta.

Al mismo tiempo, se buscó "humanizar" el trabajo de estas personas con planes de "reanimación" del sector: educación, incremento de los niveles de electrificación e infraestructura.

"Antes esto era sólo caña y para conseguir alimentos había que inventar", indicó el campesino al narrar que recientemente tuvieron buenas cosechas de boniato, frijoles, calabaza, yuca, coco y una sabrosa piña que ofreció a la reportera.

Nuñiz, de 50 años de edad, nació en la zona y lo ha visto --o le contaron-- todo sobre la caña de azúcar.

Por ejemplo la época en que su lote (una parcela que cuenta con 134 hectáreas y es atendida por 11 trabajadores) era una finca privada que contrataba braseros pobres para recoger caña a mano --ahora el proceso es mecanizado--. Pasando por la expropiación de la tierra y la constitución de la cooperativa (Unidad Básica de Producción Cooperativa, o UBPC) "España".

Estas cooperativas diseminadas por todo el país fueron una iniciativa de comienzos de los 90, cuando el gobierno entregó tierras estatales a campesinos en usufructo para que las administraran e hicieran producir.

El lote de Nuñiz --hay tres similares en su UBPC-- y sus 10 compañeros tiene ahora 97 hectáreas dedicadas a la caña y el resto sembrado con cultivos varios.

La reestructuración del sector comenzó en 2002 con el cierre de 95 centrales improductivas y se extendió poco a poco a todo el país y a cada área, buscando amortiguar el impacto social en el personal excedente y apostando por un incremento de los rendimientos de caña por hectárea.

"En 2006 ganábamos 278 pesos cubanos mensuales, en 2007 unos 302 pesos cubanos más ocho pesos convertibles (con cambio a divisa extranjera unos 8,64 dólares) de estímulo y en 2008 sacamos 615 pesos cubanos más 30 pesos convertibles (32 dólares)", explicó Nuñiz mientras mostraba un enorme mural atiborrado de cifras.

El salario promedio de un cubano es 414 pesos cubanos (19 dólares), aunque muchos trabajadores reciben "estímulos" o sobresueldos en pesos convertibles (CUC), una moneda también emitida por la isla pero que puede equipararse con dólares. Un CUC equivale a 1.08 dólares.

Desde esta perspectiva Nuñiz obtuvo en 2008 unos 1.300 pesos cubanos cada mes, cinco veces más que sus ingresos del 2006 y tres veces un sueldo promedio.

Según el propio Nuñiz, la mejor paga fue lo que motivó un mejor rendimiento: inicialmente el lote producía 55,5 toneladas por hectárea y en el último año generó 61,3 toneladas por hectárea.

"Estamos dando el paso al frente", agregó orgulloso, mientras con su sombrero "guajiro" se espantaba el intenso calor tropical.

Según el reporte de la Oficina Nacional de Estadística, la producción de azúcar sin refinar en 2008 alcanzó los 1,4 millones de toneladas en 180 días de zafra con un rendimiento de 41 toneladas por hectárea y las exportaciones de la industria fueron de apenas 250 millones de dólares.

Las cifras están lejanas de aquellas de los años 80, cuando no se bajaba de los 7 millones de toneladas de azúcar y esta agroindustria era el motor de la economía de Cuba.

En esa época, sin embargo, se usaban fertilizantes, métodos de riego y pesticidas suministrados a bajo costo por la Unión Soviética, combustible subsidiado y había un mercado garantizado, pues Europa del Este compraba toda su producción.

En los 90, tras el desmoronamiento de los aliados comunistas, todo eso se terminó. Los cubanos comprobaron que el mercado internacional era muy distinto, que los costos de producción eran más altos que las ganancias y hubo que adaptarse a una nueva realidad.

"En el 2002 tuvimos que hacer lo que todo el mundo y adecuarnos a los precios y a las condiciones" del mercado internacional, comentó el viceministro del Ministerio del Azúcar (Minaz), José Carlos Santos.

A su lado Liobel Pérez, director de comunicaciones del Minaz, tampoco ocultó los motivos de la reestructuración. "Teníamos una industria sobredimensionada", comentó.

Durante varios años --en medio de una crisis en la cual cayó el 30% del producto bruto de la isla y se perdió su mercado de azúcar, la Unión Soviética--, los expertos le advirtieron al entonces presidente Fidel Castro que era necesario reducir este sector ya ineficiente.

Sin embargo, el mandatario rechazó la idea, alegando que la industria era socialmente estratégica para Cuba, pues de ella dependían unos 300.000 trabajadores.

Las cosas reventaron en 2002. El bajo precio del azúcar en el mercado mundial, el costo en combustible de la molienda, el escaso rendimiento de la tierra, de los obreros y las vetustas maquinarias --algunas anteriores al triunfo de la revolución-- obligaron a tomar finalmente medidas drásticas: más de la mitad de los centrales fueron cerrados o desmontados y unas 60.000 personas quedaron excedentes.

Paralelamente, se desarrolló un programa de reanimación que iba desde los planes de ceba de animales en tierras cañeras, la reforestación, pasando por la recalificación a los trabajadores cesantes y sobre todo la autorización para que los cañeros pudieran cobrar de acuerdo a su producción.

Actualmente el Minaz tiene 1,4 millones de hectáreas, 700.000 dedicadas al cultivo de caña y otro tanto a la diversificación: cultivos varios, pecuarios y frutales; así como un programa forestal.

Paralelamente, el programa de cultivos no cañeros asociados a la caña comenzó a rendir sus frutos, no sólo por lo que le da de dinero extra a personas como Nuñiz, sino por su aporte nacional.

"Buscamos garantizar alimentos para las unidades productoras de azúcar...lógicamente no somos muy ambiciosos por ahora", explicó Jorge Isidor, el viceministro del Minaz a cargo de este proyecto de diversificación.

Este año, por ejemplo se obtendrán unas 300.000 toneladas de hortalizas y 3.000 toneladas de carne porcina.

Mientras, se desarrolló el trabajo de los técnicos y científicos para mejorar el rendimiento de la caña, incrementar las variedades y hacerlas resistentes a las plagas.

En Cuba hay unas 100 variedades de la planta, indicó Ignacio Santanta, el director del Instituto Nacional de Investigaciones de la Caña de Azúcar.

Todas resistentes a la roya, el carbón, el mosaico y la escaldadura, enfermedades que suelen ser dramáticas para la caña de azúcar y que según las autoridades cubanas fueron usadas en la década de los 60 por parte de Estados Unidos para sabotear la economía, en aquel entonces basada en esta agroindustria.

En tanto se espera para los próximos años que se superen algunas deficiencias como el riego y la entrega de insumos sobre todo fertilizantes y pesticidas.

Siete años de ajustes y recambios, un trago amargo, que los directivos, campesinos, obreros y técnicos cubanos esperan terminen con buen sabor.

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