Ben Bernanke termina mandato como "Gran Interventor" de la economía de EEUU

Ben Bernanke, concluye esta semana una gestión de ocho años como el "gran interventor" que ayudó a superar la recesión más profunda y prolongada sufrida por Estados Unidos en casi ocho décadas con decididas medidas de estímulo económico.

Bernanke, de 60 años y un atento estudioso de la Gran Depresión, dejará el 31 de enero la presidencia de la Reserva Federal (Fed) en manos de Janet Yellen, la primera mujer al frente de esta institución centenaria.

Cuando Bernanke tomó el timón de la Reserva Federal en enero de 2006, Estados Unidos vivía todavía la euforia de la burbuja especulativa del quinquenio precedente, cuya fragilidad no supo ver Alan Greenspan, a quien todavía se consideraba un genio de la política monetaria.

Desde entonces, y desde su despacho en la Avenida Constitución de cara al Mall de Washington, Greenspan tuvo que lidiar con el colapso del mercado inmobiliario, la crisis de las hipotecas de alto riesgo, el desmoronamiento de grandes instituciones financieras y el infarto del sistema bancario en septiembre de 2008.

Graduado como economista de Harvard y con un posgrado del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Bernanke pudo ver muy de cerca la gestación de la crisis desde su puesto como titular del Consejo de Asesores Económicos del presidente George W. Bush.

Algunos críticos de la Reserva Federal sostienen que, en gran medida, la Gran Depresión se debió a que esa institución -creada para regular la política monetaria estadounidense- no actuó con la premura y la energía requeridas cuando tuvo lugar el colapso de la Bolsa de Valores y el pánico bancario de 1929.

Bernanke, resuelto a que la historia no lo recuerde como repetidor de omisiones, ha dirigido en ocho años las intervenciones más cuantiosas, y algunas de las más imaginativas, para impedir una segunda Gran Depresión, y para sacar al país de la Gran Recesión que empezó en diciembre de 2007 y concluyó en julio de 2009.

A este exprofesor de Princeton se le atribuye un papel crucial en evitar una implosión de la economía global, y el no menos importante de ser "el único adulto" en la sala cuando los políticos pusieron a Estados Unidos al borde de la suspensión de pagos en 2011.

Nada de todo esto lo ha hecho muy popular entre los políticos: en 2010, cuatro años después de su designación por parte de Bush, el Senado aprobó su nombramiento para un segundo mandato, con 70 votos a favor y 30 en contra, el margen más estrecho jamás logrado por un presidente de la Fed.

En comparación, en 2000, cuando el país estaba al borde de otra inminente crisis financiera, el Senado confirmó en el puesto con 89 votos a favor y 4 en contra a Greenspan.

Los programas creativos de Bernanke han tenido dos fases.

Durante la crisis financiera entre 2007 y 2009 Bernanke rescató a unos cuantos grandes bancos y pergeñó operaciones de préstamos ingeniosas que distribuyeron dinero a los bancos, empresas pequeñas y consumidores.

Casi la totalidad de esos préstamos se han reembolsado con una ganancia para los contribuyentes, cuyo dinero estuvo en juego en esa apuesta.

También, desde diciembre de 2008, la institución conducida por Bernanke redujo a menos del 0,25 % los intereses bancarios de referencia y allí los ha mantenido a pesar de que algunos miembros de su Comité de Mercado Abierto han advertido sobre los riesgos de inflación.

En el segundo acto de su gestión, Bernanke apoyó la reactivación de la economía a través del abaratamiento del crédito con la adquisición de enormes cantidades de bonos del Tesoro y títulos hipotecarios.

El último año de la presidencia de Bernanke en la Fed ha estado dominado por el debate entre los miembros del Comité de Mercado Abierto y entre los economistas acerca de la conveniencia de aminorar los estímulos, y el ritmo y oportunidad de tal atenuación.

Al irse, Bernanke deja al sistema bancario con 1,5 billones de dólares en exceso de reservas para los cuales los bancos poco uso tienen, dada las restricciones de la demanda de préstamos, pero que, según algunos críticos, podrían alimentar una escalada inflacionaria.

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