Choque cultural complica expansión china en Brasil

SAO PAULO (AP). Mientras llenaba los estantes de una tienda de comestibles chinos, Thiago dijo que no quería que lo sorprendiesen hablando durante horas laborales. Acto seguido, despotricó contra los dueños del almacén, que estaban a una distancia desde la cual no podían oírlo.

"Nunca oyeron hablar de un día de descanso", se quejó el joven de 20 años, quien habló a condición de que se usase únicamente su nombre de pila por temor a perder el trabajo. "¿Vacaciones? Jamás. Pagan bien y te pagan las horas extras, pero no entienden que hay algunas cosas que para los brasileños son más importantes que el dinero".

"Vi mucha gente que viene, ve como son las cosas con los chinos, y dejan de trabajar el mismo día", agregó.

Las tensiones culturales son uno de los peores obstáculos con que tropiezan las crecientes relaciones comerciales entre China y Brasil, dos de las economías que más rápidamente crecen en el mundo.

Las inversiones de empresas chinas en Brasil llegaron a los 17.000 millones de dólares el año pasado, 60 veces lo que se invirtió el año previo, según SOBEET, un centro de estudios económicos brasileño. Paralelamente, las empresas chinas instaladas aquí contratan cada vez más brasileños, renunciando a la costumbre de traer empleados de China.

Como resultado, hay un frecuente contacto entre dos culturas con expectativas muy distintas en torno al papel de los trabajadores, las regulaciones gubernamentales y los sindicatos.

Los brasileños tienen muchas protecciones laborales, incluidos un aguinaldo anual equivalente a un mes de paga y cupones para alimentos y transporte.

China, por su parte, es hoy la segunda economía más grande del mundo gracias en parte a que se pagan sueldos bajos y prácticamente no hay leyes que protejan a los trabajadores, de acuerdo con la organización estadounidense sin fines de lucro Global Institute for Labor & Human Rights.

El poderoso movimiento sindical independiente brasileño contrasta con el sistema centralizado chino, donde los trabajadores no negocian convenios colectivos.

"Es un modelo totalmente distinto de cómo opera una sociedad", expresó Charles Kernaghan, director del instituto. "No hay derecho a organizarse y casi no hay protecciones laborales".

Las empresas chinas están tratando de imponer ese modelo en el exterior y les está costando trabajo, al menos en Brasil.

Un sondeo efectuado ha poco entre 500 ejecutivos brasileños que trabajan para empresas de China, Estados Unidos, Canadá y Europa por la empresa reclutadora Michael Page International para el diario Folha de Sao Paulo, descubrió que 42% de los ejecutivos brasileños que trabajan para compañías chinas cambia de trabajo en un año, lo que representa una tasa de rotación que es un 68% más alta que la de las otras empresas consideradas.

Los brasileños se quejan de que los chinos no entienden su cultura y su tendencia a desarrollar relaciones personales con los compañeros de trabajo. Tampoco les gustan las estructuras centralizadas, que dejan poco espacio a los ejecutivos locales.

"La incomprensión de nuestra cultura va a frustrar el desarrollo de las empresas chinas en Brasil", pronosticó Marcelo de Lucca, director de las operaciones de Michael Page en Brasil. "Cuando llegan a Brasil o cualquier otro país, las empresas multinacionales deben adaptarse a la cultura local. Pero los chinos son una nación con antiguas tradiciones, gobernado por un Partido Comunista muy fuerte en el que se presta mucha atención a los niveles jerárquicos. Les va a tomar más tiempo".

La firma contable internacional KPMG, que ayuda a las empresas chinas a iniciar operaciones en Brasil, dice que en la actualidad hay unas 30 compañías estatales chinas con ingresos de más de 1.000 millones de dólares operando en el país, tres veces las que había hacía cinco años.

El comercio bilateral entre China y Brasil rebasó los 56.000 millones de dólares el año pasado. Hace una década era de apenas 2.300 millones de dólares. En el 2009 China desplazó a Estados Unidos como el principal socio comercial de Brasil.

Las empresas chinas tienen una presencia cada vez más grande no sólo en Brasil, sino en buena parte de Latinoamérica. Zhang Jianhua, director de la sucursal del Banco de China en Sao Paulo, dice que a los chinos les atrae el mineral de hierro, la soja, el petróleo y otras riquezas naturales de Brasil, y que muchas empresas están descubriendo que les resulta más rentable instalar sus operaciones cerca del sitio donde se encuentran estos recursos. También creen que la creciente clase media brasileña es un mercado prometedor.

Un ex ejecutivo de la firma china de computadoras Lenovo dijo que la mayoría de los empleados de la sucursal local se sentían frustrados con el requisito de generar resultados inmediatos en un país con muchos obstáculos burocráticos. Gestiones como conseguir una línea telefónica o alquilar un departamento pueden requerir numerosas visitas a un notario y abundante papeleo.

A los brasileños tampoco les gusta el estilo sofocante de los directivos chinos, según una ejecutiva que no quiso dar su nombre por temor a comprometer el trabajo de otros brasileños de Lenovo.

"No me refiero a la cantidad de trabajo. Después de todo, todos estamos encadenados a nuestro Blackberry, trabajando las 24 horas del día, los siete días de la semana", manifestó. "Pero querían que uno estuviese todo el tiempo en la oficina, para poder controlarte".

"Los negocios no se hacen así en Brasil. Se hacen durante una cena, un almuerzo o tomando tragos. No puedes tener al personal encerrado en una oficina todo el día y esperar que logren progresos".

La ejecutiva dijo también que los chinos generan un mal ambiente haciéndole llamados de atención a los directores de proyectos delante de todos.

"Creyeron que los trabajadores rendirían más si las órdenes venían del gran jefe, pero eso no funciona así en Brasil, es todo lo contrario", manifestó. "Pierden la motivación porque a su jefe inmediato no lo respetan. Eso sucedió muchas veces".

Lenovo no devolvió llamadas en busca de comentarios.

Los asiáticos, por su parte, ponen en entredicho la ética laboral de los brasileños.

Charles Tang, quien fundó la cámara de comercio e industria brasileña-china hace 25 años, recuerda las dificultades que encontró cuando el Banco de Boston lo envió a Brasil a mediados de la década de 1970. Una de las cosas que más le molestaba era la falta de puntualidad de los brasileños.

"Me di la cabeza contra la pared un año hasta que empecé a comprender la cultura brasileña", relató.

Tang dijo que finalmente entendió la forma de ser de los brasileños y empezó a tomarse las cosas con calma, a sabiendas de que nadie llegaría a tiempo a una reunión, pero consciente de que eso no implicaba falta de profesionalismo necesariamente. Entendió que la diferencia de estilo no afectaba los resultados.

De hecho, informes de la firma estadounidense The Conference Board indican que los trabajadores brasileños fueron un 30% más productivos que los chinos el año pasado. La productividad de los chinos, no obstante, creció a un ritmo dos veces más rápido que la de los brasileños.

En el pasado, los chinos resolvían todos estos problemas importando trabajadores, algo que las autoridades brasileñas no toleran, según Antonio Barros de Castro, ex presidente del banco de desarrollo estatal de Brasil y conocedor de la economía china.

"Saben que tienen que emplear mayormente trabajadores brasileños. El gobierno ha dejado eso bien en claro", dijo Barros.

Pese a los esfuerzos de las dos naciones por mejorar las relaciones laborales, la desconfianza seguía presente durante una reciente visita al barrio de Liberdade, en el centro de Sao Paulo.

Celio Lin, de 29 años, estaba sentado cerca de la caja del restaurante chino de su familia, quejándose de los empleados brasileños, mientras su madre vigilaba a los cocineros.

"Los brasileños piden vacaciones para no sé qué, piden días libres para no se qué... Quieren ir a la playa, relajarse", dijo Lin. "La playa es muy agradable, pero si tu mandas a un chino a una playa, va a tratar de vender algo".

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