EU, efecto multiplicador de fraude de Madoff

NUEVA YORK (AP) El centro legal sin fines de lucro administrado por Steven Schwartz, que funciona desde un local antes ocupado por una mueblería en Northampton, Massachusetts, recibió una buena noticia por correo electrónico. Ese fin de semana iba a recibir un cheque por 243.000 dólares.

El dinero les caía muy bien en vista del revés de la economía que había perjudicado al grupo de Schwartz en su esfuerzo por ayudar a adolescentes con problemas mentales que habían delinquido.

Sin embargo, el jueves de esa misma semana, a unos 257 kilómetros de distancia (160 millas) en un tribunal federal de Manhattan, comparecía ante un juez Bernard L. Madoff, hasta entonces un prestigioso magnate de las finanzas, acusado de haber cometido un fraude por 50.000 millones de dólares contra veintenas de inversionistas adinerados y poderosos.

Pero para Schwartz el nombre no le significaba nada. ¿Por qué le iba a ser familiar? Si nunca había oído hablar del gerente de dinero con una mansión en la playa y un yate de 16 metros de eslora. Nunca se habían conocido. No había razón para pensar que tenían algo en común.

Resultó que sí tenían algo en común, el dinero.

Desde el arresto de Madoff, el 11 de diciembre, la historia se ha repetido en boca de sus víctimas, millonarios que quizás inocentemente, depositaron su confianza en un hombre que les prometió milagros financieros.

Pero la escala del fraude de Madoff también puede ser medida por el efecto multiplicador que se sigue ampliando, entre cuyas víctimas figuran personas y causas en los lugares más distantes, desde un grupo que ayudaba a buscar trabajo a convictos recién salidos de prisión en Rhode Island, hasta otro que suministraba alimentos frescos en vecindarios de gente pobre en sitios como Detroit y Oakland, California.

Ahora su futuro corre peligro en una dolorosa realidad de la red financiera que vincula mundos distintos.

Entre esos inversionistas figuran la familia de un amigo de Madoff, Norman F. Levy, quien se hizo millonario alquilando oficinas a empresas en los rascacielos de Manhattan.

Levy, quien falleció en el 2005 a los 93 años, fue amigo de Madoff durante 40 años. Aunque había 26 de diferencia en edad, sus familias habían formado una estrecha amistad que era a su vez reforzada por intereses compartidos, el mismo círculo social y sobre todo la confianza.

Levy y Madoff eran activos en algunas de las mismas organizaciones, tales como Yeshiva University, de Nueva York. Donaban su dinero a las mismas causas como el Teatro del Centro Lincoln, y otras como Gift of Life, que ayudaba a pacientes judíos con leucemia.

Por más de 30 años, la familia Levy también confió sus inversiones personales a Madoff. Cuando formaron la Fundación Betty y Norman F. Levy_ cuyos bienes ascendieron el año pasado a 244,4 millones de dólares_ como el medio para sus donaciones de caridad, volvieron a confiar a su amigo de siempre. Después de la muerte de su padre, Francis Levy y su hermana Jeanne Levy Church, siguieron confiándole el dinero de sus muchas fundaciones de caridad, a Madoff. No había razón que les hiciera pensar lo contrario.

"Mi padre creía en Bernie Madoff", destacó el hijo de Norman Levy, Francis _ quien no aceptó a hacer declaraciones para este artículo_ en una reciente entrevista con la cadena de televisión FOX Business News. "Algo que dijo sobre Bernie (fue): si hay una persona honorable, ése es Bernie".

En el año 2000, Jeanne formó la Fundación JEHT, cuyas siglas en inglés incluyen justicia, igualdad, dignidad humana y tolerancia, con el objetivo inicial de ayudar en la reforma de justicia penal.

La Fundación Levy dio a JEHT la suma de 29,9 millones de dólares, el año pasado. JEHT a su vez era benefactora de un grupo en Nueva Orleans, Defensores para los Derechos Humanos Ambientales, que defiende del "racismo ambiental" a la población de mayoría negra del pueblo Mossville, estado de Luisiana, donde el suelo y el agua están contaminados por 14 fábricas de las cercanías.

Robert Crane, presidente de la Fundación JEHT, trabajaba hasta tarde el jueves por la noche cuando recibió una llamada de sus benefactores Jeanne y Kenneth Levy Church.

"¿Estás sentado?", le preguntaron.

La pareja le relató cómo un financista de Nueva York Bernie Madoff, cuyo nombre le sonaba vagamente familiar a Crane, les había defraudado y había acabado con todo el dinero Levy Church. Al no quedar ningún dinero, se acababa la fundación.

En la mañana del lunes, Crane envió un mensaje electrónico a directivos de casi 150 agrupaciones en todo el país, que contaban con el financiamiento de su fundación por un monto de 25 a 30 millones de dólares anuales. Les comunicó que los cheques que esperaban no iban a llegar, y que JEHT cerrará sus operaciones a fines de enero.

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