Fundador de AIG critica a sucesores y al rescate federal

WASHINGTON (AP). El hombre que edificó el gigante de los seguros American International Group Inc. desde sus inicios hasta que se convirtió en un monstruo mundial, dijo que no había malversado los bienes de su compañía sino que el gobierno era el causante.

Después de semanas de indignados reclamos del público y del Congreso por el peor colapso empresarial en la historia de Estados Unidos, Maurice "Hank" Greenberg, director ejecutivo de AIG hasta marzo del 2005, afirmó que los contribuyentes se quedaron con un negocio inservible en el gigantesco rescate de la crisis financiera.

En sus primeros testimonios desde que el gobierno tomó el control de la empresa con los primeros cuatro paquetes de rescate para AIG, Greenberg dijo al comité de vigilancia y reforma de gobierno de la cámara, que su equipo de directores no tuvo "nada que ver" con el fracaso que hasta el momento le ha costado a los contribuyentes más de 182.000 millones de dólares.

Pero responsabilizó a todos en general, tanto a la empresa como al gobierno, inclusive a la gerencia subsiguiente, a los reguladores federales y a las agencias clasificadoras.

Un portavoz de AIG refutó las declaraciones de Greenberg y los legisladores cuestionaron la veracidad de su testimonio.

Desde que el gobierno tomó a su cargo la empresa ha dejado a los contribuyentes con casi un 80% de propiedad de "un bien que se devalúa gradualmente" y sin una salida estratégica, manifestó Greenberg.

El ex ejecutivo de 83 años dijo que él nunca hubiera tomado la desastrosa decisión de vender cientos de miles de millones de dólares en garantías a empresas y la deuda del consumidor.

"Cuando dejé la compañía, era una compañía saludable", destacó Greenberg, citando sus sólidas ganancias y los precios de sus acciones en ese momento. No habló sobre la responsabilidad que AIG estaba acumulando en sus libros a través de derivados y deudas de valores.

Greenberg culpó a sus sucesores por todos los problemas que se crearon en AIG, con sede en Nueva York. Indicó que abandonaron negligentemente los procedimientos de riesgo gerencial "amplios y conservadores" que él y su equipo ejecutivo habían empleado.

Greenberg se negó a aceptar la responsabilidad por el fracaso de poner en riesgo miles de millones de dólares en los derivados que la empresa vendió durante los 38 años de su administración, y señaló que la división de portafolios de los derivados más peligrosos se duplicó en tamaño, nueve meses después que partió.

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