G20 acuerda compromiso sobre desequilibrios económicos

PARIS (AP). Las economías dominantes del orbe se comprometieron a vigilar los factores que desequilibran la economía mundial y a los que atribuyeron la exacerbación de la crisis financiera global, dijo el sábado la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde.

Los ministros de finanzas y gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los 20 países ricos y en desarrollo lograron que China acepte una lista de cinco indicadores básicos para dar seguimiento a los desequilibrios después de que flexibilizaran el criterio de medición del superávit de cuenta corriente de ese país.

"Las negociaciones han sido francas, a veces tensas", dijo Lagarde, pero al final se logró un compromiso.

Los pagos de intereses derivados de las reservas en divisas de China _las más grandes del mundo_ serán excluidos del cálculo de la balanza de cuenta corriente de ese país, dijo un funcionario.

La balanza de cuenta corriente mide los flujos del comercio y capitales que entran y salen de un país.

Esto convierte al indicador en una combinación entre la balanza de cuenta corriente _el indicador que deseaban la mayoría de países_ y la balanza comercial, el indicador que pretendía China.

El avance se logró gracias a que Alemania y Francia cortejaron con intensidad a China, dijo un funcionario que solicitó el anonimato.

Los otros cuatro indicadores a los que se dará seguimiento son los niveles de deuda pública y privada, las reservas de divisas y las tasas cambiarias verdaderas y efectivas.

El acuerdo supone un triunfo parcial para Francia, que tiene este año la presidencia del G-20. Sin embargo, se difirió para reuniones posteriores, debido a su aspecto complicado, la concertación del nivel en el que los desequilibrios representan un peligro y como podría reducirse éste riesgo.

En una declaración que puso de relieve los próximos obstáculos, el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schaeuble, dijo que se opondría a que se fijen objetivos numéricos específicos para los indicadores. Alemania tiene un superávit de cuenta corriente incluso mayor que el de China en proporción a su producto interno bruto.

Lagarde advirtió a sus colegas que el fracaso para superar los desequilibrios peligrosos podría encaminar al mundo directamente a otra crisis, en tanto que el presidente Nicolas Sarkozy dijo que la autocomplacencia que exhibieron algunos gobiernos podría propiciar la desaparición del G-20.

El grupo coincidió de manera amplia en la necesidad de que países como China incrementen el consumo, ahorren menos y permitan el aumento de valor de sus monedas a fin de que dependan menos de las exportaciones para su crecimiento.

Sin embargo, aspectos sobre la celeridad, los mecanismos y el papel de las políticas estadounidenses suscitaron divisiones.

En las conversaciones se reconoció que ante la crisis, es insostenible el orden de crecimiento económico global como ha sido durante décadas centrado en las compras de Estados unidos al resto del mundo a costillas de un déficit comercial gigantesco mientras que países como China, Alemania y Japón acumulan superávit enormes.

Países como India, China y Brasil, que han surgido como gigantes económicos y políticos por mérito propio, han dado impulso a los intentos para una remozada extrema de la economía mundial.

Las reuniones del G-20 suponen en sí una señal de lo mucho que las cosas han cambiado desde la crisis. Simbolizan el fin de un sistema que ha estado vigente desde la década de 1940 en el que la economía mundial era regida principalmente por un reducido grupo de naciones ricas al que encabezaban Estados Unidos, países de Europa y después Japón.

El foro, establecido en 1999, reúne a países ricos, en desarrollo y potencias emergentes, así como a consumidores y productores de recursos naturales. La Unión Europea también es integrante del G-20.

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