Medio siglo de tesón del español que creó un imperio atunero en México

El empresario pesquero Antonio Suárez, uno de los inmigrantes españoles más exitosos de México, celebra medio siglo de su llegada al país, donde levantó un emporio en torno al atún y creó una familia que lo ha arraigado al lugar, mientras acumula distinciones a ambas orillas del mar.

Suárez, que recibió en junio en Gijón (Asturias) el Premio Álvarez Margaride a la Trayectoria Empresarial, preside la compañía mexicana Grupo Marítimo Industrial (Grupomar), que abarca toda la cadena de producción atunera, desde la pesca hasta la distribución del alimento que la propia firma enlata.

Su meta de pesca anual es de 30.000 toneladas de atún de aleta amarilla, el más escaso y caro, y su flota de barcos con las bodegas llenas llega a acarrear 9.000 toneladas, afirmó el empresario hispano-mexicano a Efe.

Suárez (Oviedo, 1942) reconoce que su compañía llegó a tener "una flota muy grande, la número uno o tal vez una de las más grandes del mundo hace años".

Era la década de 1980, cuando un embargo de Estados Unidos a México le obligó a trasladar sus buques a África, donde siguió pescando con una flota heterogénea de patrones vascos y marineros senegaleses y oaxaqueños.

Oaxaca, el estado del sur de México, marcó para siempre la vida de este "correoso celta", como él se define tras haber superado un cáncer, un infarto y una operación a corazón abierto.

Llegó allí con 24 años para asistir a la boda de la hermana de la que luego sería su mujer, María Luisa, de padre asturiano y madre oaxaqueña, en octubre de 1966.

Antes, en España, había montado de la nada una empresa que importaba pieles de lujo de Alemania.

"México me encantó desde el primer día", pero vine "por amor", afirma Suárez.

Lo que sigue es una historia de superación que comenzó en la selva oaxaqueña, donde compró una compañía dedicada a la pesca de tortuga y conoció la dureza del México profundo.

"Había de todo, mucha explotación a la gente, caciquismos, poca seguridad; no había policía y entonces las pistolas andaban muy sueltas; de hecho yo traía una, guardadita", relata.

Suárez iba protegido por hombres armados con metralletas porque los potentados locales vieron con malos ojos que les diera el salario mínimo y seguridad social a sus empleados.

Con el Gobierno mexicano creó los campamentos en los que hoy en día desovan millones de tortugas cada año en el Pacífico mexicano.

Tras vender esa primera compañía, se decantó por la pesca de atún, con tan mala suerte que nada más fabricar en España sus dos primeros buques se topó con la cortapisa aduanera estadounidense.

"El consumo de México entonces no llegaba 10.000 toneladas" al año, por lo que partió hacia África (1982-1984), donde encima comenzó con mal pie.

Recuerda que le tocó "la peor temporada del fenómeno El Niño del siglo pasado", más dura incluso que la actual, en la que Grupomar ha tenido que ir a pescar cerca de Hawai por la escasez en la costa mexicana.

Con la tenacidad que lo caracteriza pudo retomar la senda del éxito, favorecido por el incremento del consumo interno en México, de 160.0000 toneladas anuales en la actualidad.

"Yo creo que en todo éxito hay algo de audacia, trabajo y algo muy importante, tesón", revela detrás de su escritorio este septuagenario de mirada penetrante y charla amena, que equipara el trabajo en el mar con el de la tierra.

"El agricultor tiene que tener una tercera parte (de su patrimonio) en el campo, otra en el estanco y otra en el banco. Eso es la pesca, es lo mismo", dice.

A los que lo llaman el "rey del atún" les enmienda la plana con el argumento de que el único rey que conoce es Felipe VI y antes Juan Carlos, a los que ha tratado personalmente.

Miembro del Patronato Princesa de Asturias, ha sido reconocido con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil y la Encomienda de Número de la Orden de Isabel la Católica, otorgadas por el Gobierno español, y la Orden del Águila Azteca, por el mexicano.

En su país de adopción no hay tienda o supermercado que no venda sus latas de conservas, ni presidente con el que no haya convivido.

Se le trata como un compatriota más, aunque por la calle no siempre es así, revela con acento castizo.

"Alguno me pregunta por la calle 'señor, ¿es la primera vez que nos visita?'. Toda la gente que me rodea sabe que soy español pero que soy mexicano de corazón", sentencia.

También lo es por nacionalidad, que adquirió cuando nació su nieto, hijo de su hija y del actual director general de Grupomar, su yerno.

"Le dije 'este es el regalo que le doy a tu hijo; si no llega a conocerme dile que sea la mitad de buen mexicano de lo que fue su abuelo que nació en Asturias'", concluye sonriente.

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