Última carta argentina ante la deuda: Catástrofe

El gobierno argentino ha accedido finalmente a intentar negociar un plan de pagos para los 1.500 millones de dólares en deudas impagadas e intereses que debe a los fondos estadounidenses a los que tacha de "fondos buitre".

Sin embargo, antes de que ambas partes se sienten para negociar en Nueva York la semana que viene, la presidenta argentina Cristina Fernández quiere que todo el mundo sepa que aún tiene una carta que jugar.

Pese a la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de rechazar la última apelación argentina, Fernández ha lanzado la idea de que Buenos Aires puede ignorar las decisiones del tribunal y mantener los acuerdos que ya tenía con un grupo mucho mayor de acreedores. Sus ministros dicen que Fernández puede evitar declararse en suspensión de pagos en otros 24.000 millones de dólares de deudas pagándolos al margen del sistema financiero estadounidense.

La mayoría de los analistas consideran que ese plan llevaría a un escenario catastrófico que nunca funcionará, pero eso no ha detenido a Fernández.

El multimillonario neoyorquino Paul Singer, cuyo fondo de inversión NML Capital ganó el caso en Estados Unidos, tendrá que decidir si la presidenta está faroleando. Las apuestas no podrían ser más altas para la frágil economía argentina.

Estas son algunas formas en las que podrían desarrollarse los acontecimientos.

"Plan A"

— Argentina cumple con la decisión del juez estadounidense del distrito Thomas P. Griesa.

El país paga a los demandantes el 100% en efectivo, más intereses, de la deuda que quedó en cesación de pagos hace una decena de años, empezando con 907 millones de dólares para el 30 de junio. Ese día cumplen otros 907 millones de dólares, que en principio iban destinados a los tenedores del 92% de la deuda impagada.

Esta mayoría de inversores aceptó reducir los 24.000 millones de dólares originales de la deuda en un canje de bonos en el que intercambiaron la deuda impagada por nuevos bonos a un tercio del valor inicial.

Por su parte, los fondos demandantes poseían en torno al 1% de la deuda impagada original y en lugar de aceptar el canje para aliviar la presión de deuda argentina, acudieron a los tribunales. El juez afirma que no se puede pagar a los tenedores de bonos canjeados a menos que los fondos reciban una cifra equivalente.

El lado bueno de esta estrategia es que con casi 29.000 millones de dólares en reservas extranjeras y una deuda muy pequeña en proporción al tamaño de su economía, Argentina puede permitirse los pagos de este mes. Y si está dispuesta a volver a vender deuda a nivel internacional, puede cumplir los plazos futuros sin abandonar sus programas populistas.

De hecho, el analista de bonos Josh Rosner señala que las empresas de Wall Street están deseando prestar a Argentina lo que necesite para pagar lo que quede de su deuda impagada, que según Fernández asciende a 15.000 millones de dólares.

"Si el gobierno decidiera reunir capital como forma para resolver este punto muerto, normalizaría sus relaciones con los mercados internacionales de capital, reduciría el coste de su financiación en el futuro y comenzaría de inmediato a atraer la inversión extranjera necesaria para desarrollar industrias clave, incluso su sector energético y la economía en un sentido más general", afirmó Rosner, director de gestión de Graham Fisher en Nueva York.

¿El principal inconveniente para Fernández? Asumir más deuda en moneda extranjera protegida por la ley estadounidense va en contra de todo lo que defiende el gobierno argentino a nivel político.

La historia oficial de la "década ganada" de Fernández es que ella y su difunto esposo, el presidente Néstor Kirchner, restauraron la soberanía económica argentina después de que los bancos extranjeros humillaran al país pagando sus deudas internacionales, incluso a un coste enorme. Sin acceso a crédito extranjero asequible, el gobierno ha exprimido el Banco Central para pagar sus gastos operativos. Fernández tiene razón cuando dice que "no sólo es absurdo, sino imposible" gastar la mitad de las reservas que quedan en decisiones judiciales.

"Plan B"

— Argentina desafía al juez, los bancos estadounidenses no pueden procesar los pagos de sus bonos, así que ofrece canjear los bonos impagados con nuevos títulos emitidos y pagados por Buenos Aires.

El ministerio argentino de Exteriores anunció el miércoles pasado que este sigue siendo el plan de Argentina y acusó a los tribunales de EE.UU. de hacer imposible que cumpla sus obligaciones del 30 de junio en Nueva York.

Fernández controla el congreso argentino, así que podría aprobar su plan en casa, pero un canje de deuda no se organiza en una semana, lo que implica que incumplir cuotas es inevitable. Y como Argentina tiene la capacidad, pero no la voluntad, de cumplir los pagos ordenados por el juez, esto sería algo más que un "default técnico", como lo han descrito las autoridades argentinas.

Estos pagos incumplidos probablemente provocarían una sucesión de malas consecuencias y amenazarían con desmoronar otros acuerdos de deuda, incluso el reciente acuerdo de Argentina para devolver 9.700 millones de dólares al Club de París de naciones prestamistas, entre las que está Estados Unidos.

La principal ventaja de esta estrategia es que desafiar a los conocidos como "fondos buitre" es una idea muy popular entre los argentinos.

Los abogados de Argentina aconsejaron a Fernández que su mejor arma para negociar es suspender pagos primero y negociar después. Así, aunque esta línea de acción no tenga éxito, la presidenta sí podría conseguir brevemente su objetivo de demostrar al sistema financiero global quién manda en Argentina, en la recta final de su mandato —Fernández entra en los últimos 500 días de sus ocho años en el cargo_.

Y si Singer cree que la presidenta no está faroleando, podría ofrecer un acuerdo para salvar las apariencias con el que ella pueda volver del borde del abismo.

¿El principal inconveniente? Pocos de los que comprenden cómo funcionan los mercados de bonos creen que este plan tenga posibilidades de éxito.

Para que el plan funcione, en torno al 85% de los acreedores tendría que aceptar el acuerdo, dijo Matías Carugati, economista de la consultora en Buenos Aires Management & Fit y muchos fondos de inversión tienen prohibido hacer un cambio semejante. Otros desconfiarían de la ley argentina.

Consecuencias:

Argentina ya está sumida en la recesión y sufre un aumento en la pobreza y la delincuencia, reflejo de una economía que ha dejado de crecer. Sus consumidores ya están preocupados por los controles monetarios, la falta de crédito, una inflación disparada y otros efectos derivados de la renuencia del gobierno de llegar a acuerdos con sus acreedores extranjeros.

Una cesación de pagos desordenada sería dura, provocando la desaparición del crédito y destruyendo empleo, dijo Fausto Spotorno, economista de Orlando Ferreres & Asociados.

"No me preocupa tanto por mí sino por mis hijos, yo ya voy a estar muerta y Argentina todavía pagando lo que debe desde hace años", comentó Ummma Sánchez, psicóloga de 37 años. "Una locura. Nunca seremos un país normal, pero se lo debemos a los que nos gobiernan".


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