Viajes de cubano-estadounidenses, alivio para el bolsillo

LA HABANA (AP). Artesanos, trabajadores independientes, taxistas, empleados estatales... Todos ven la eliminación de muchas de las restricciones a los viajes de los cubano-estadounidenses a la isla como un alivio para su economía y para su corazón.

Juan Carlos Piedra, dueño del restaurante Don Lorenzo en La Habana Vieja, expresó que con la medida "va a crecer la afluencia de turismo y eso es bueno para la economía de todos aquí. Pero es además la oportunidad para que las familias se reúnan. Es algo sentimental, pero es importante también. Yo espero ver a mi hermano, que vive en Miami".

El Congreso estadounidense acaba de aprobar una legislación que permitirá a los cubano-estadounidenses viajar a Cuba una vez al año para visitar familiares, permanecer el tiempo que deseen y gastar hasta 179 dólares al día. La medida abarca no solo a padres, hijos y hermanos, sino también a primos directos y tíos.

Se espera que la iniciativa sea rubricada en cualquier momento por el presidente estadounidense Barack Obama.

En el 2004, su predecesor George W. Bush dispuso que los cubano-estadounidenses podían visitar la isla una vez cada tres años por una duración de 14 días. Además limitó la definición de "familiar" a padres, abuelos y hermanos, y el gasto en la isla a 50 dólares diarios.

La votación no elimina las restricciones existentes, pero retira los fondos necesarios para vigilar su cumplimiento, por lo que en la práctica representa un retorno a las normas vigentes antes de que Bush adoptase una política más severa en el 2004 y el 2005.

Enrique Martín, un artesano que vende cuadros en la plaza de la Catedral, en La Habana Vieja, dijo que "las ventas en el mercado bajaron un mundo" después de las medidas de Bush. Con la eliminación de esas restricciones, indicó, "habrá más dinero en la calle y las ventas aumentarán. Eso es positivo para todos".

Piedra, de 53 años, lleva 13 años al frente de un "paladar", como se denomina a los pequeños restaurantes privados autorizados por el gobierno.

"No me preparo en especial. La ley no nos permite incrementar el número de sillas, que es de 12 como máximo. Trabajamos con lo que tenemos", explicó Piedra.

La ley cubana estipula que los paladares no pueden tener más de 12 plazas y sólo pueden trabajar familiares directos, como esposas, hijos o hermanos. Además deben abonar un impuesto mensual fijo.

Una mayor afluencia de visitantes cubano-estadounidenses beneficiará "a todos en forma directa o indirecta", expresó Pedro Tomás Yáñez, chofer de taxi de 44 años.

Los visitantes van a las tiendas del estado y también a las que venden alimentos y artículos electrónicos importados, donde compran productos a altos precios para sus familias.

"Traen muchas cosas (de los Estados Unidos), pero aquí compran todo lo demás", expresó Yáñez.

Concha Pérez, quien alquila habitaciones en su vivienda en el municipio de Plaza de la Revolución, dijo que los cubano-estadounidenses se quedan generalmente en las casas de sus familias, pero alguno puede necesitar alojamiento en otro sitio. "Si no hay espacio para todos, me llaman a mí", indicó.

Agregó que le gustaría poder alquilar más de dos habitaciones, el máximo que permite el gobierno.

Mientras Massimo Bonanno, gerente de una agencia de automóviles en la isla, señaló que todavía no se incrementaron las ventas o los pedidos, y auguró que si "realmente la ley se aplica" pasarán unos meses antes de que se sienta el efecto.

Para Rolando Escobar, que lleva cuatro años viviendo con su padre en Miami, la nueva medida "no significa que pueda venir más porque sencillamente no tenemos dinero y las cosas con la crisis se están poniendo peor, pero al menos existe la esperanza". Escobar, de 23 años, viajó un fin de semana a la isla para visitar a su madre y a su hermana, a quienes no había visto desde que se fue a Estados Unidos.

En el Senado estadounidense el republicano Richard Lugar divulgó hace unas semanas un informe en el que señaló que el embargo comercial impuesto hace 50 años a Cuba no ha generado cambios significativos en el gobierno de La Habana.

Lugar dijo que ha llegado el momento de revaluar la política estadounidense y de negociar con ella "de una manera que fortalezca los intereses norteamericanos".

Por otra parte, el presidente Raúl Castro se mostró dispuesto a conversar con su colega estadounidense Barack Obama.

En una entrevista concedida en noviembre pasado al actor estadounidense Sean Penn, afirmó que junto a Obama "deberíamos encontrarnos en un lugar neutral" y aseguró que, de normalizarse las relaciones entre Washington y La Habana, "estamos preparados para el desafío".

Durante su campaña presidencial Obama se comprometió a levantar muchas restricciones, pero dijo que mantendría el embargo de Estados Unidos hacia la isla y lo utilizaría para promover un cambio democrático en Cuba.

"El camino a la libertad para todos los cubanos debe empezar con justicia para los prisioneros políticos de Cuba, con los derechos a la libre expresión, la libertad de prensa y la libertad de reunión, y debe llevar a elecciones que sean libres y justas", expresó Obama al trazar en mayo su política hacia América Latina.

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