Se desmorona proyecto de Trump en México

SAN DIEGO (AP). Stephen y Linda Drake dejaron de lado sus aprensiones en torno a la idea de adquirir propiedades en México porque confiaban en Donald Trump. Esta pareja californiana hizo un depósito de 250,000 dólares con miras a la compra de un condominio en un 19no piso frente al mar en el complejo Trump Ocean Resort Baja en el 2006, cuando todavía no se habían iniciado las obras.

Tres años después, la admiración y la fe en el magnate han dado paso a irritación e incredulidad.

Los Drake y otras personas que hicieron depósitos por un total de 32,2 millones de dólares acudieron el mes pasado a un tribunal en el que se les informó que no recuperarían un centavo. El proyecto había sido abandonado y lo único que llegó a hacerse fue un agujero en el piso.

Una madre soltera de Los Angeles que perdió un depósito de 200,000 dólares afirmó que no podrá enviar a sus hijos a una universidad privada. Un empresario de la misma ciudad dijo que perdió 1,7 millones de dólares que había puesto para comprar cuatro departamentos, incluidos dos penthouses.

"No soporto ver la cara de Trump en la televisión", declaró Linda Drake, una psicóloga cuyo esposo es piloto de una aerolínea comercial y asesor financiero.

La suspensión del proyecto Trump Baja es un duro golpe para el mercado inmobiliario del sector mexicano de la frontera con Estados Unidos, que hace dos años registraba un período de auge, alimentado por estadounidenses que compraban viviendas. Por si la violencia del narcotráfico y la crisis económica mundial no fuesen suficientes, el principal promotor de la adquisición de propiedades allí desapareció, sin haber construido nada y dejando un tendal de víctimas.

Donald Trump y sus hijos promocionaron intensamente las bondades de la faja norte de la costa de Baja California, donde Trump vendió 188 unidades por 122 millones de dólares el primer día de ventas, en una fastuosa ceremonia en un hotel de San Diego en diciembre del 2006.

Ivanka Trump, hija del magnate, declaró a la AP en junio del 2007 que su familia se proponía explotar una zona poco conocida de México en lugar de invertir en sitios populares como Puerto Vallarta, Los Cabos y Cancún.

"Cuando visité este sitio, me quedé estupefacta", señaló Ivanka en esa oportunidad. "Desde el primer minuto supe que tenía que hacer algo allí".

Los Trump siguieron adelante a pesar de los problemas que surgieron en el mercado inmobiliario estadounidense. En un folleto distribuido en octubre del 2007, Ivanka le aseguró a los compradores que los proyectos no corrían peligro.

"Al mejor estilo Trump, el Trump Ocean Resort Baja será lo mejor de lo mejor, por lo que siempre habrá demanda", afirmó.

Todo lo que queda del Trump Baja es un cartel en una carretera con una gran foto de Donald Trump ofreciendo a la venta propiedades en una segunda torre. Está junto a un local que funcionaba como centro de ventas, una playa de estacionamiento pavimentada, un enorme agujero en la tierra, tuberías de desagüe y equipo de construcción.

Otras empresas completaron grandes proyectos en la zona en tiempos recientes y numerosos estadounidenses viven en la región. En la costa llena de acantilados, no obstante, abundan las obras a medio construir. Durante una reciente visita no se veía un solo trabajador.

El armazón de acero de una propiedad frente al océano se está oxidando, de un piso cuelgan los conductos de aire y frente a la obra hay una grúa en desuso.

Junto a dos torres cercanas hay un cartel de ventas. Una torre parece casi terminada, la otra sólo tiene el armazón, a mitad construir. En un lote vecino hay oficinas rodantes rodeadas y carteles ofreciendo propiedades con ascensores privados, con un costo mínimo de 300,000 dólares.

Trump Baja exigía un pago inicial del 30%, para propiedades que costaban entre 300,000 y 3 millones de dólares, según los compradores.

Los condominios de Trump salieron a la venta en momentos en que las propiedades en el sur de California se aproximaban a su pico histórico. La empresa de Trump se asoció con Irongate Capital Partners LLC, la firma que está construyendo al Trump International Hotel & Tower Waikiki en Honolulu.

Guadalupe Mendoza, de 47 años, puso 200,000 dólares en el primer día de ventas en San Diego, tras refinanciar su casa de Downey, California, y pedirle un préstamo a su hermana. Una pantalla gigante mostraba a la gente que se peleaba por las unidades y se aconsejaba a los interesados que actuasen de inmediato.

Luego de firmar los papeles correspondientes, los compradores eran llevados a un buffet con tacos de pescado y carne de lomo. Cada vez que aparecía un nuevo comprador, lo recibían con una ovación.

"Todo me tomó menos de un minuto", declaró Mendoza, quien es administradora de la Oficina de Educación del condado de Los Angeles. "Recuerdo que me dolía la cabeza y me pregunté, 'Dios mío, ¿que pasó aquí?'. Pensé que debía haber hecho más averiguaciones. Fue como un paseo en la montaña rusa".

Los compradores exigieron información al ver que las obras se retrasaban. En diciembre recibieron una carta en las que se les informaba que las negociaciones por un préstamo para la construcción con el banco alemán WestLG AG no habían prosperado. Lo único que quedaba era 556,000 dólares. Destacaba una cláusula en el contrato que estipula que el constructor tenía derecho a gastar el dinero de los depósitos.

Otra carta distribuida en enero informaba que Trump se había marginado totalmente del proyecto, el cual ya no llevaba su nombre.

El 16 de febrero circuló una carta de la empresa mexicana PB Impulsores, diciendo que el proyecto había sido abandonado "debido a la extrema distorsión de los mercados financieros". Indicó que no había dinero para devolver los depósitos.

La carta de diciembre señalaba que Trump no había invertido en el proyecto, pero los compradores afirman que su participación en la iniciativa fue lo que los llevó a poner dinero.

"Si Donald Trump estaba detrás de esto, tenía que funcionar", expresó Linda Drake. "Me avergüenza decirle a la gente que me timaron así".

En la entrevista del 2007 con AP, cuando se le preguntó qué papel desempeñaba su padre en el proyecto, Ivanka Trump respondió que era "el que manda".

"Está involucrado en todos los niveles", afirmó.

Donald e Ivanka Trump desistieron de dar entrevistas para este artículo. La Organización Trump dijo en una declaración que sus socios habían violado los acuerdos relativos al uso del nombre Trump y no habían cumplido con los plazos fijados para la obtención de financiación y el inicio de las obras.

Timothy Hughes, abogado de Irongate, declaró que el proyecto "no seguirá adelante", pero se abstuvo de responder a preguntas.

Uno de los compradores demandó a Trump y a Irongate en un tribunal superior de Los Angeles el mes pasado y se esperan más demandas.

"Confiaron en este proyecto y se sienten traicionados", expresó Bart Ring, abogado que representa a 75 compradores que todavía no han demandado.

Los propietarios y los agentes de bienes raíces de Baja estaban encantados con la publicidad y el alza en las cotizaciones que trajo el proyecto. Ahora desearían que jamás se hubiesen interesado en esa zona.

"Fue una espada de doble filo, que está cortando por el lado equivocado", comentó el agente Brian Flock. "Todos están conmocionados. Lo describo como el síndrome post-Trump".

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