La eurozona ya no parece tan blindada

MILAN (AP). Es improbable, pero no inimaginable.

La desaparición de la eurozona ha pasado a ser una hipótesis plausible a medida que aumentan las presiones derivadas de la crisis en torno a la deuda de Grecia.

Hasta hace poco se especulaba que, en el peor de los casos, se expulsaría a países como Grecia y Portugal, que no pueden con sus deudas y cuyos problemas financieros arrastran al resto de la Unión Europea. Pero ahora se habla de la posibilidad de que los países grandes decidan salirse del bloque. ¿Se irá Alemania? ¿Saldrá corriendo Francia?

La creación de una divisa común en 1999 coronó el viejo sueño de la integración europea. Más que un instrumento económico, el euro pasó a ser el símbolo de la cooperación y armonía de los europeos y hoy cuesta imaginarse una Europa sin el euro.

Las deudas descontroladas de varios países, no obstante, amenazan con generar un caos en la UE y la pregunta ya no es si algún país le dará la espalda al euro. El gran interrogante es si el euro sobrevivirá.

"Creo que es muy, muy improbable a corto plazo", declaró Marco Annunziata, el principal economista de la empresa italiana Unicredit, basado en Londres. "pero estimo que es bastante obvio que la eurozona es no puede funcionar en su forma actual".

La tentación de salirse es evidente para los miembros pequeños, con fuertes deudas. Grecia, al borde de la bancarrota, podría recuperar su competitividad volviendo al dracma y devaluándolo, en lugar de enfrentar su actual vía crucis, que contempla una reducción de sueldos y de precios que durará años. Pero también los países grandes podrían ver con buenos ojos esta opción.

Una posibilidad es que Alemania, harta de rescatar a los demás y desilusionada con la política monetaria del Banco Central Europeo, decida seguir por su cuenta, apegada a su disciplina fiscal y a la credibilidad de su banco central, el Bundesbank.

El costo de disolver la eurozona --un bloque de 16 naciones que constituye el segundo mercado más grande del mundo-- sería alto. Los países más débiles enfrentarían una inestabilidad financiera inmediata. Los bonos del gobierno se cotizarían más alto, por lo que la compra de la deuda resultaría más costosa.

Volver a escribir los códigos de las computadores y ajustar los cajeros automáticos serían apenas algunos de los problemas, señaló Barry Eichengreen, economista de la Universidad de California de Berkeley en un artículo del 2007 que tuvo mucha repercusión.

Cuando los inversionistas perciben que un país puede irse, salen corriendo, para evitar que esos bienes en euros sean devaluados, lo que genera un colapso financiero. Y eso no se acaba allí: Los desertores pueden tener que enfrenta represalias políticas de los otros países de la UE.

Todo dependería de quiénes se van y por qué. La partida de Alemania, por ejemplo, podría despejar el camino para que otros países dispongan devaluaciones y sean más competitivos.

Si a los países que se quedan se les permite fijar políticas económicas más a su gusto, no se verían forzados a salirse también del bloque.

Al mismo tiempo, la partida de un país grande reduciría la escala del euromercado y los demás podrían verse obligados a sopesar los costos y beneficios de perder su propia divisa, abriendo las puertas a una estampida generalizada.

Hay quienes hablan de la posibilidad de que un país se margine temporalmente para permitir que la economía europea restablezca un equilibrio.

Alemania, por ejemplo, podría irse algunos años y dejar que las economías del sur devalúen sus monedas y recuperen competitividad, según esa escuela. Países necesitados como España, Grecia y Portugal podrían devaluar así sus monedas y recuperar competitividad.

Una ruptura de la eurozona, no obstante, podría no amistosa ni ordenada, de acuerdo con Daniel Gros, del Centro de Estudios de las Políticas Europeas de Bruselas. "El mercado está tan integrado que sería desastroso si uno intenta desarticular la eurozona", manifestó. "Es como tratar de deshacer unos huevos revueltos".

Alemania y Francia fueron los principales impulsores de la noción de una Europa unida, no solo por las repercusiones económicas, sino para garantizar que no se vuelven a repetir tragedias como la Segunda Guerra Mundial.

Pero ahora que las naciones están tan ligadas económicamente, muchos se preguntan hasta qué punto es necesaria una unión de este tipo para garantizar la seguridad de la región.

Las diferencias en torno a cómo rescatar a Grecia y a los demás países endeudados refleja uno de los grandes dilemas de la Unión Europea: Once años después de haber congelado sus tasas de cambio para crear una nueva divisa, no hay políticas fiscales coordinadas que aseguren el futuro del euro.

El temor de una desaparición del euro podría servir como incentivo para resolver ese problema.

"Hay que profundizar este proceso. No hay que hacerse ilusiones: Una divisa única no puede funcionar sin la solidaridad de los estados. Si no hay una armonización de los presupuestos ni una convergencia económica mínima, el euro no puede sobrevivir. Y sin el euro, Europa no tiene fuerza", destacó un editorial del diario Le Monde esta semana.

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